viernes, 30 de enero de 2009

Bahía de Algeciras (poema)

BAHÍA DE ALGECIRAS
Mirador del Estrecho
A Eduardo de la Hoz


Roque de Gibraltar, Hacho de Ceuta,
que Hércules separó para unir mares,
el hombre dividió para trazar fronteras,
el hambre distanció para sembrar
de muerte sus arenas.

Verdes campos sobre la tierra seca
que Guadiaro riega
y fecunda.
Bosques de pinos, alcornocales
que detienen el avance de la arena
del desierto del sur.
Claro día, el levante quieto
delimita el perfil africano:
allá Ceuta, Montes del Rif, Tánger;
al fondo, el alto Atlas,
la otra divisoria de miseria.

—Mira, me dice Eduardo, es la distancia
más corta entre dos Mundos:
el Primero y el Tercero, despilfarro y pobreza,
en todo el planeta—.
Lo dice en voz baja, una cantinela
tantas veces repetida…
pero en sus labios aún resuena
un deje de melancólica tristeza.

Bahía de Algeciras, Punta Paloma, Mirador del Estrecho…
tierras de aluvión a disputa
de los hombres: íberos tartesios;
pueblos de la mar: fenicios, griegos, cartagineses:
su comercio y los mitos;
Roma imperial: la amada lengua, la recta columna, el pensamiento;
visigodos del Norte; árabes, benimerines,
almohades finos, almorávides fieros;
mozárabes, muladíes, judíos,
nazaríes de Granada, que hasta aquí vinieron…
las luchas de los reinos.
Tierras al albur de las cartas de cien pueblos.
Aún rescoldos quedan…
¿Qué importan
una línea en el mapa,
el resto de un imperio, una enseña?

Las olas traen ahora
otros restos.
Gentes que ansían
descubrir, otra vez, un mundo nuevo
en el viejo mundo
donde antes reinaron sus abuelos.
Sólo buscan el pan,
el pan bendito
que les niega la infamia de su suelo.
Algunos van sólo al mar:
en el mar quedan,
sin que quede memoria de su sueño.

Desde el balcón de una terraza veo:
los niños juegan
en la playa.
Es la arena que el mar arroja,
desbasta, pule, iguala, entierra
como la muerte,
y el mar con sus olas
fecunda la alegría
de un temprano estío.

Bajo estas tierras, la sangre
aún alimenta la leyenda
de unos pueblos que hicieron
sus fuertes y murallas piedra a piedra,
unos sobre otros,
capas superpuestas,
vidas sobre vidas,
afrenta contra afrenta.

Hoy, Mirador del Estrecho,
España en paz, pero ¿despierta?


José Antonio Serrano Segura, verano de 2008