lunes, 7 de noviembre de 2011

La amenaza de un ataque militar israelí contra Irán


ANTECEDENTES CERCANOS


Israel ha sufrido muchos reveses en los últimos tiempos: el fracaso de la guerra contra Gaza en 2008-2009, la “primavera árabe” y la caída de aliados históricos, y ahora el reconocimiento en la UNESCO de Palestina. Sin mencionar los problemas internos que hemos visto en los últimos meses con el movimiento de los “indignados” israelíes. Demasiados cambios en poco tiempo. Lo que los dirigentes israelíes intentan con esta nueva maniobra es distraer la atención de sus ciudadanos con respecto a los problemas internos, que son muchos, y la de la comunidad internacional con respecto al conflicto con Palestina. Aunque Israel tenga la capacidad de atacar a Irán, no parece posible que vaya hacerlo ni a corto ni a medio plazo. El problema es si cuenta con el apoyo político necesario, dentro y fuera, para aguantar las consecuencias. Tengo serias dudas. No creo que Estados Unidos esté dispuesto en este momento a apoyarle en un tal ataque. La situación es ya bastante tensa en la zona como para abrir un nuevo foco de inestabilidad que podría desembocar en una guerra regional.

El Presidente de Israel
Benjamin Netanyahu

El presidente de Israel, Shimon Peres, afirmó hace tres días de que es partidario de un ataque contra instalaciones nucleares de Irán, insuflando más tensión por la posibilidad de que una acción militar se ejecute sin consultar previamente a Estados Unidos. El régimen israelí, en una demostración de fuerza militar, probó el miércoles, un potente misil nuclear, el cual se considera como una amenaza. Además Netanyahu dijo el lunes pasado en un discurso parlamentario que “un Irán nuclear representa una amenaza grave para el Medio Oriente y el mundo entero y, por supuesto, representa una amenaza directa y fuerte para nosotros”. El jefe del Ejército iraní, Hassan Firuzabadí, corroboró, en declaraciones hechas a la agencia oficial Isna, que cualquier ataque contra su país comportaría represalias. “Las autoridades de Estados Unidos deben saber que un ataque del régimen sionista contra Irán implicaría graves daños para los propios Estados Unidos, además de para el régimen sionista”.

La primera gran señal de que el primer ministro israelí había madurado su decisión apareció el pasado viernes en la portada de Yediot Ahronot, el periódico más leído del país. Bajo el titular “Presión atómica”, el periodista Nahum Barnea, de notable prestigio, revelaba que Netanyahu y su ministro de Defensa, Ehud Barak, hacían lo posible para convencer al resto del Gobierno y a la cúpula militar de que la destrucción de las instalaciones nucleares iraníes era para Israel “una cuestión de supervivencia”. La señal no era tanto el despliegue en portada y el tono de suma gravedad adoptado por Yediot Ahronot, sino el hecho de que alguien en una posición muy alta hubiera filtrado, con la aparente intención de neutralizarlo, un debate que se mantenía en absoluto secreto. En el mismo artículo, se indicaba que otra señal han sido las maniobras que su ejército acaba de concluir en Cerdeña (Italia) en las que Israel ha simulado un bombardeo de largo alcance, muy parecido al que sería necesario para atacar las instalaciones nucleares iraníes en el noreste del país. En dichas maniobras, Israel ha probado un nuevo misil balístico con un alcance de 6.000 kilómetros y gran capacidad atómica.
 

El diario Haaretz anunció también el día 3 que el ministro de Asuntos Exteriores, Avigdor Lieberman, se había sumado a los partidarios del ataque. Una fuente vinculada a la diplomacia israelí confirmó por su parte a este periódico que “el debate existe y es serio”. Otra fuente, vinculada al Ejército, comentó que Netanyahu esgrimía como argumento el riesgo de “un nuevo Holocausto” y usaba “tonos apocalípticos” para vencer resistencias.

PressTV, televisión internacional iraní y diario digital, se hizo eco inmediatamente en un artículo titulado Israelattack on Iran military suicide, firmado por Ismail Salami, que comienza: «Existe una fuerte especulación sobre el hecho de que Israel podría estar preparándose para atacar las instalaciones nucleares iraníes, una amenaza que el régimen sionista ha repetido con frecuencia y una idea que, si se traduce en medidas, traerá consecuencias apocalípticas por parte del Estado sionista. Según se informa, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha buscado recientemente el apoyo de su gabinete para realizar un ataque militar contra las instalaciones nucleares de la República Islámica de Irán. En un trabajo conjunto con el Ministro de defensa Ehud Barak, Netanyahu ha logrado, para tan imprudente acto, forzar el apoyo de los escépticos que ya se oponían a lanzar un ataque contra Irán. Entre los (miembros del Gobierno) que consiguió convencer se encuentra Ministro de Relaciones Exteriores israelí, Avigdor Lieberman…»

Los detalles han ido conociéndose gracias a quienes, en el Ejército y en el Gobierno, piensan que un ataque contra Irán resultaría cuando menos temerario. Al margen de consideraciones políticas o estratégicas, los militares indican que un bombardeo podría tener resultados insatisfactorios, dado que las instalaciones nucleares iraníes son subterráneas y están muy protegidas. Según Haaretz, tanto el jefe del Ejército, general Benny Gantz, como los jefes de los tres servicios de inteligencia figuran entre quienes rechazan el bombardeo preventivo y unilateral, y reclaman el apoyo de los aliados estadounidenses y británicos. El ministro del Interior, Eli Yishai, del partido religioso ultraortodoxo Shas, también se opone al ataque. En una reunión de su partido celebrada el lunes, Yishai comentó que la posibilidad del bombardeo le mantenía “despierto por las noches” debido a la gravedad de las posibles represalias por parte de Irán, de sus aliados sirios, de la milicia chií libanesa Hezbolá y del grupo armado palestino Hamas desde Gaza. Otro de los ocho ministros que conforman el núcleo gubernamental que adopta las decisiones importantes, el centrista Dan Meridor, considera que Irán representa “un riesgo para todo el mundo” y que corresponde a Estados Unidos, no a Israel, asumir el liderazgo en cualquier acción política o militar.

El exjefe del Mossad Ephraim Halevy
Este viernes, 4 de noviembre, en unas declaraciones realizadas al diario israelí YnetNews durante una reunión en la Escuela de Infantería de Marina, el exdirector de la agencia de espionaje israelí Mossad, Ephraim Halevy advirtió del peligro que supondría ataque militar contra Irán. Según Halevy, los resultados de una confrontación podrían ser devastadores para Oriente Próximo: "The State of “El Estado de Israel no debe ser destruido. Un ataque a Irán podría afectar no sólo Israel, sino toda la región durante 100 años”. Halevy agregó que, “aunque debe impedirse que Irán pueda convertirse en una potencia nuclear, está lejos todavía de representar una amenaza real para la existencia de Israel”. “La creciente radicalización de los ultraortodoxos (haredíes) representan un riesgo mayor que Ahmadinejad,” y añadió que “su radicalismo ha ensombrecido nuestras vidas”. Estos comentarios los realizó después de que se informara de que el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el Ministro de defensa Ehud Barak habían intentado convencer al gabinete para atacar militarmente Irán por su programa nuclear.

Israel ya destruyó un reactor nuclear en Irak en 1981, y unas supuestas instalaciones nucleares sirias en 2007. Pero Irán es un enemigo de mayor entidad. El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, suele lanzar tremendas amenazas contra Israel; por otra parte, Irán ha demostrado históricamente no ser un país propenso a iniciar guerras. Israel, por su parte, mantiene su posición como fuerza militar hegemónica en Oriente Próximo. Y sabe que en cualquier acción contra Irán dispondría del respaldo encubierto de la mayoría de los gobiernos árabes sunníes, muy recelosos ante las ambiciones nucleares de Irán, persa y chií. Las filtraciones de Wikileaks revelaron que la monarquía saudí lleva tiempo reclamando la destrucción de los reactores iraníes.

Pero la opción militar contra Irán es prácticamente inverosímil, puesto que el régimen de Israel es consciente de la capacidad militar y la autosuficiencia de Irán, la mayor en la región junto a Israel (cuyo arsenal nuclear, no declarado, se estima en unas 200 cabezas) y una de los mejores del mundo en términos de la industria de misiles. El éxito, en la producción de más de 50 tipos de misiles de corto, mediano y largo alcance es el testimonio de esta afirmación, misiles como Qader (“poderoso”), de alto poder destructivo con un rango de más de 200 kilómetros, que evade cualquier sistema avanzado de radar, y el impecable misil balístico de Shahab III (meteoro), diseñado para atacar objetivos dentro de un rango de hasta 2.000 kilómetros. El Líder Supremo de la República Islámica, el Ayatolá Seyed Ali Jamenei, ha afirmado que el objetivo principal de la producción de armas en Irán es la defensa del país contra los enemigos, mientras que la razón principal para la producción de armas en Occidente es el aumento de la riqueza de los carteles de las armas.

El Líder Supremo de la República Islámica
de Irán, Ayatolá Seyed Ali Jamenei
Un factor a tener en cuenta es que dicho ataque fortalecería la posición de Ahmadinejad en su país. El régimen iraní es sin duda inaceptable (represivo, opaco y con una legitimidad decreciente), pero hasta el momento no ha cometido un casus belli que justifique una respuesta militar. También, aunque la industria bélica iraní no pueda compararse con la que representan la israelí y la estadounidense unidas, Afganistán e Irak han dejado claro que la superioridad de las armas no garantiza el éxito. No es necesario repetir el apoyo que prestarían el Hezbolá libanés, el Hamás palestino o las milicias chiíes de Irak. Si el objetivo es el programa nuclear secreto, a la dificultad para alcanzar sus sedes subterráneas y dispersas, se suma que no puede bombardearse el conocimiento. Nadie sabe cómo reaccionarían los iraníes. Por más que estén hartos de la falta de libertades, encontrarse bajo las bombas o con un país destruido cambia la percepción. “No queremos vernos como Irak”, se oía decir en Teherán en una época en que se pensaba que EE UU no se iba a parar en Bagdad.

Por su parte, Teherán advirtió a Estados Unidos y a Israel de las “consecuencias apocalípticas” que para ellos tendría un eventual ataque y aseguró que las fuerzas iraníes están preparadas para causarles grandes daños. En declaraciones que hace dos días publicaron diversos medios locales, el jefe de la Junta de Estado Mayor, general Hasan Firuzabadi, descartó, de todos modos, un posible ataque estadounidense o israelí contra Irán, y recalcó que “Estados Unidos y el régimen sionista saben que, si lo hacen, sufrirán unas pérdidas enormes”. Las Fuerzas Armadas iraníes están “listas para castigar a cualquiera que haga un movimiento en falso”, subrayó Firuzabadi, en respuesta a las informaciones difundidas por medios internacionales sobre que tanto Israel como Estados Unidos estarían estudiando un posible ataque conjunto. En la misma línea, el subjefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Irán para la Logística y Investigación Industrial, general Mohammad Hejazi, dijo a la agencia local Fars que “las fuerzas iraníes son más potentes que en el pasado y los extranjeros son conscientes de que cualquier aventura o acción ilegal recibiría una respuesta aplastante”. “La República Islámica puede defenderse bien a sí misma y sus intereses nacionales, por lo que las amenazas de la arrogancia mundial (Estados Unidos) no son creíbles ni tienen valor para nosotros”, agregó Jejazi, en referencia a los supuestos planes bélicos.

EL ORIGEN DE LA TENSIÓN ACTUAL

Jay Carney, portavoz de la Casa Blanca
El inicio de todo este maremágnum de amenazas y réplicas está en la denuncia El pasado 12 de octubre de un complot respaldado por Irán para asesinar al embajador de Arabia Saudí en Washington y cometer otros actos terroristas.

El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, aseguró entonces que su país continúa en su empeño por aislar a Irán y que lo hará “concentrado en los instrumentos de carácter económico”. Sin embargo, Estados Unidos no ha sido capaz hasta el momento de construir una sólida coalición internacional para tomar represalias contra el régimen islámico. El mismo Carney aseguró el miércoles que su país continúa en su empeño por aislar a Irán y que lo hará “concentrado en los instrumentos de carácter económico”.

La inminente retirada militar de Irak hace más urgente para la Administración norteamericana actuar contra Irán para impedir que ese país intente llenar el vacío que Estados Unidos deja y gane peso como potencia regional. Debilitado económicamente y dividido políticamente, Irán es hoy, a juicio de Estados Unidos, un peligro algo inferior a lo que era un par de años atrás. Eso no significa que la Administración norteamericana baje la guardia con Teherán o no sea solidaria con la preocupación de Israel respecto a un eventual Irán nuclearizado. Irán sigue siendo un problema central de la política exterior de EE UU y, probablemente, lo será aún más en la medida en que Washington se vaya liberando de sus responsabilidades en Irak, Afganistán y en la lucha contra Al Qaeda. Irán permanece como el enemigo exterior más visible que le queda a Estados Unidos, al margen de los grupos terroristas islámicos, y será pues objetivo prioritario de cualquier estrategia de seguridad en el futuro. No obstante, una confrontación militar directa con Irán no parece algo que esté, de momento, en los planes de un presidente, como Barack Obama, que trata de construir una política exterior más multilateral y con menor ingrediente militar que la que se siguió en años anteriores. Además, Obama acudirá pronto a las urnas precisamente para tratar de refrendar ese giro.

LA VÍA DIPLOMÁTICA

La diplomcia podría hacerse paso frente a la militar. Argumentos de todo tipo no faltan. Por ejemplo, El Comité de DDHH de la ONU presentó el martes las observaciones de su informe sobre Irán, que denuncia el aumento de las ejecuciones, incluidas las de menores, el uso generalizado de la tortura, la discriminación de mujeres y minorías sexuales y la represión de otras creencias religiosas. En este terreno también se encuentran problemas. Los argumentos esgrimidos hasta ahora por Washington no han sido suficientes como para ganar aliados de cara a la aprobación de nuevas sanciones comerciales en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El Reino Unido se ha sumado a las sanciones unilaterales que en su día tomó EE UU contra ciudadanos iraníes presuntamente implicados en el complot contra el embajador saudí, pero otros países europeos han reaccionado con más frialdad, y Rusia y China, con fuertes intereses económicos en Irán, se han resistido a castigar al Gobierno de Teherán.
Consejo de Seguridad
de Naciones Unidas

El Gobierno estadounidense nunca ha descartado oficialmente la adopción de represalias militares contra Irán, aunque esta es una posibilidad que actualmente se ve muy remota por razones estratégicas, económicas y políticas. Así pues, Washington se ve por el momento incapaz de responder enérgicamente a la eventual amenaza que puede representar Irán, a menos que esa amenaza se hiciera más visible en las próximas semanas si la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) presentara un informe en el que dé verosimilitud a las sospechas de que el régimen islámico podría estar orientando su programa nuclear hacia propósitos militares. El riesgo de que Irán llegue a poseer armas atómicas representa, obviamente, una preocupación de primer orden para Estados Unidos, y también para Europa y Rusia. Una llamada de atención en ese sentido de parte de la AIEA podría significar un cambio considerable de la actitud actual de la comunidad internacional con Irán.

En este tema hay otros factores que EE UU tiene en cuenta y que ayudan a mitigar el sentimiento de alarma. Uno de ellos es la lentitud del desarrollo científico en Irán. Incluso aunque el Gobierno haya optado por la creación de un arsenal nuclear, varios expertos han considerado que no estaría en condiciones creíbles de cumplir ese objetivo antes de dos o tres años. Según ese cálculo, Irán ha perdido acceso al material y los técnicos de otros países que podrían ayudarle a progresar en su programa nacional y, al mismo tiempo, las sanciones que se le han impuesto en los últimos años le han limitado enormemente la capacidad para compensar esa pérdida con productos domésticos. Por otra parte, el régimen iraní ha dado muestras en los últimos meses de una división interna que reduce su capacidad para actuar de forma decisiva en todos los terrenos. Aunque el programa nuclear es responsabilidad de la autoridad religiosa, que tiene la última palabra en los asuntos más trascendentes, las fricciones recientes con el presidente Mahmud Ahmadineyad han debilitado su respaldo popular para actuar con la agresividad que se requiere para construir una bomba atómica.

POSIBLES CONSECUENCIAS DE UN ATAQUE IMPROBABLE

En la hipótesis de que, a pesar de todas las premisas anteriores, Israel (con el apoyo de Estados Unidos o sin él) iniciara el ataque anunciado por su Gobierno, las consecuencias regionales de ese hipotético ataque militar serian terribles. Se entraría en una dinámica infernal en Oriente Próximo, frente a la que difícilmente existirían cortafuegos para evitar su contagio al resto del mundo. Por eso es preciso seguir apoyando los esfuerzos de las Naciones Unidas a fin de que Irán admita el control de su programa nuclear sin ningún tipo de cortapisas y hacer un llamamiento a Israel para que no ponga en marcha ninguna acción unilateral. En ambos terrenos es imprescindible la implicación de los Estados Unidos y de la Unión Europea, que, por cierto, ha jugado un papel activo, de hormiguita si se quiere, pero efectivo en todo caso, en lo referido al capítulo nuclear iraní. Estamos ante una buena oportunidad, asimismo, para que la Administración Obama se diferencie de lo que fueron las catastróficas decisiones de George W. Bush en la zona, empezando por la Guerra de Irak, que, además de inmotivada, fue ilegal e inmoral.

Las consecuencias de un posible ataque son difíciles de prever, pero sí se pueden señalar algunos actores de la región que tomarían, sin duda, un papel activo. La milicia chií de Hezbolá, en primer lugar, contra la que Israel ya se empleó a fondo en el verano de 2006 y que hoy, no obstante, podría adoptar una postura más modesta por su peso específico en el actual Ejecutivo libanés. Los islamistas de Hamás, al mando todavía de la franja de Gaza y que retienen en la actualidad, mal que bien, el lanzamiento de cohetes hacia su vecino del este. Y Siria, peso pesado en la región, más preocupado del levantamiento interno, pero aliado de Teherán. En otro orden de cosas, como en crisis pasadas en la zona, el precio del combustible —Irán es país miembro de la OPEP— se vería afectado y, por lo tanto, el rebote en los mercados, más sensibles que nunca, tendría un efecto devastador. Además, la ofensiva militar israelí entraría en la carrera electoral del aliado estadounidense y, así, salpicaría seguro a la campaña de Barack Obama.

En el plano global, los precios de gas y petróleo se dispararían. Pero en la región pueden torcerse las cosas otra vez. Aparte de los precedentes mencionados, la guerra de Israel contra Hezbollah en el verano de 2006, podría reproducirse. Ahora bien, el problema es el cumplimiento del Derecho Internacional. En sus últimos informes la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) se muestra muy preocupada no tanto por lo que inspecciona, como por las instalaciones y actividades que los iraníes no le dejan visitar. Tampoco es éste el mejor momento para Obama para pensar en abrir otro frente bélico cuando está tentando liquidar los de Irak y Afganistán. Sólo un informe de la OIEA muy explícito sobre el poder atómico real de Irán podría hacer pensar en un ataque a un país con tantos intereses económicos en el mundo, cosa que no parece tan evidente. Si es cierto que Irán está siguiendo la misma vía del engaño que ya utilizaron anteriores mensajes propagandísticos, el reto será encontrar medidas internacionales más fuertes que le hagan desistir. Las sanciones del Consejo de Seguridad funcionan, pero necesitamos algo más. Lo ideal sería continuar persuadiendo a China y Rusia para elevar otro escalón más la presión internacional. La fuerza debería ser el último recurso y en todo caso debería ser ejercida de forma colectiva.