Mostrando entradas con la etiqueta Oriente Próximo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oriente Próximo. Mostrar todas las entradas

09 febrero 2015

El auge de la crueldad

Por Luis Goytisolo


Visualizar la barbarie en directo siempre ha gozado de gran predicamento; lo nuevo es que ahora se ofrece estés donde estés y al momento. Quemar a un rehén y las degollinas del Califato intensifican el efecto contagio

Casi podría decirse que la crueldad está ya en el principio. Es decir: como por encima de los orígenes de la humanidad, en ese tiempo anterior al que se refieren la mayor parte de las creencias religiosas: dioses que devoran a sus hijos, o que destruyen ciudades por la conducta lasciva de sus habitantes, o que castigan a toda la especie humana porque alguien se comió una manzana. De ahí que la imagen que tenemos de las antiguas civilizaciones esté indefectiblemente teñida asimismo de crueldad: sus guerras, sus conquistas, la propia vida cotidiana. Una imagen siempre vinculada, a modo de inevitable contrapartida, a la expansión y el esplendor de absolutamente todos los imperios.
Su brusca reaparición, tras varias décadas de buenismo que la daba poco menos que por extinguida, no supone de hecho una novedad ni a nivel individual ni colectivo, trátese de la ejecución de prisioneros, rehenes o como se quiera llamarles, o del típico crimen pasional fruto de los celos o el despecho. Lo que sí ha cambiado, lo único que ha cambiado, es su percepción por parte de la sociedad. Y es que desde los asesinatos cometidos por miembros del Califato o por las milicias enfrentadas del ámbito islámico hasta la reconstrucción del asesinato de una mujer a manos de alguien que por lo general tenía ya antecedentes, la televisión y demás pantallas grandes y pequeñas hoy nos informan de los hechos al momento. Esto es lo realmente nuevo: estés donde estés y al momento.
Visualizar la crueldad lo más en directo posible es algo que siempre ha gozado de gran predicamento. Si en la Antigüedad constituía un espectáculo de circo, a lo largo de los 1.000 años de Edad Media la quema de brujas y herejes y demás suplicios públicos fueron un espectáculo de lo más reconfortante por lo que tenían de acatamiento a las leyes divinas y humanas. Una práctica que se prolongó desde el Renacimiento hasta el Siglo de las Luces, cuando la posesión de un libro prohibido podía conducir a su portador directamente a la hoguera. Las principales plazas públicas de ciudades como París, Londres o Madrid se convertían entonces en atestados anfiteatros de un ritual que convocaba tanto al bajo pueblo como a nobles y miembros de la realeza.
Sólo en el curso del siglo XIX la reiterada argumentación de pensadores e ideólogos consiguió erradicar paulatinamente tales hábitos, según se imponía en las conciencias su carácter inhumano. De ahí que en el curso de la primera mitad del siglo XX, probablemente el periodo más sangriento de la historia de la humanidad, las atrocidades cometidas durante las dos guerras mundiales, no menos que durante las revoluciones de diverso signo, fueran en lo posible silenciadas. Y, alcanzada la paz, el mundo entero pareció al fin decidido a iniciar una nueva era, protagonizada por los derechos humanos tanto individuales como colectivos. Claro que entretanto, a modo de réplicas de un terremoto, siguieron produciéndose guerras y revoluciones de lo más sangrientas en lugares remotos, pero el progreso en todos los órdenes llegó a parecer una realidad incuestionable, pasando la consideración de la crueldad de castigo ejemplar a la de delito, la ejerciera quien la ejerciera, no menos repudiable el abuso de poder que el maltrato machista. Y esas guerras y revoluciones, en la medida en que lejanas para Occidente —Camboya es el mejor ejemplo— tenían más de mera noticia, de cuento de terror, que de algo susceptible de repercutir de algún modo en nuestra vida cotidiana.
La apreciación de este tipo de hechos, como tantas otras cosas, cambió a comienzos del presente siglo. Y el hito o punto de referencia indiscutible del cambio fue el atentado de las Torres Gemelas, un espectáculo de muerte y destrucción sin equivalencia histórica en la medida en que el mundo entero pudo contemplarlo desde su propia casa a los pocos momentos, cuando no mientras estaba sucediendo. El atentado y sus repercusiones, Afganistán, Irak de nuevo… No en vano, políticos como Cheney o Rumsfeld —como agobiado éste último— habían anunciado que se iban a ver obligados a realizar cosas terribles… Es decir: pagar con la misma moneda. La mejor ilustración de tal enunciado, más que Guantánamo, sería la difusión de las imágenes que se filtraron de la prisión de Abu Ghraib, cerca de Bagdad, que hubieran hecho las delicias del marqués de Sade.
Claro que, como viéndolas venir, el cine, la televisión, los juegos de consola, etcétera, llevaban ya un tiempo ofreciendo imágenes de situaciones hasta entonces poco menos que inéditas. El cine tradicional, por ejemplo, podía contener escenas de una gran dureza, pero no recuerdo una sola película de relieve de la que brotaran imágenes como de casquería. Mientras que ahora, según se van cerrando cines y los productores adaptan sus productos a los gustos del mercado, la recreación en el horror se repite hasta la saciedad a modo de variantes de unos pocos modelos temáticos: asesinos seriales, ajustes de cuentas, crímenes relacionados con policías corruptos, mafias, droga y —no faltaría más— atentados terroristas. Dicho en imágenes: cuerpos destrozados, sangre, fuego, fogonazos, llamaradas en expansión… Razón por la que palabras como final, letal, mortal, total, etcétera, acostumbren a formar parte del título. Películas y series temáticamente intercambiables: una avalancha de más de lo mismo sólo explicable por su éxito, engañosamente dignificado por alguna que otra excepción de verdadera calidad. Y todo ello en paralelo a una rápida expansión de la violencia real que, promovida por actividades criminales relacionadas con la droga y la explotación sexual, especialmente en Latinoamérica, y con enfrentamientos étnicos o religiosos en África, ha hecho peligrosos, cuando no invivibles, una serie de países que tan sólo hace unos pocos años podían ser visitados sin problemas.
Lo realmente decisivo, no obstante, ha sido el contagio, el paso de todo ello a las redes sociales y demás fórmulas de difusión que ofrece Internet. Un buen ejemplo lo tenemos, a escala menor, en las innovaciones detectables en el comportamiento de niños y adolescentes. Romper cosas, experimentar la crueldad con animales, por ejemplo, ha sido siempre algo consustancial al comportamiento del niño, a su toma de contacto con la realidad, progresivamente encauzada y diluida por la educación. Pero fenómenos como el bullying, o las con frecuencia temibles novatadas ahora tan de moda, sólo son explicables por el contagio y la imitación de conductas similares difundidas en la Red, al igual que otras prácticas en auge como la violación en grupo, la pedofilia, la llamada violencia de género, con frecuencia crímenes pasionales de amantes despechados.
Ni más ni menos que lo que está sucediendo con la imagen del terrorismo islámico desarrollado en los escenarios más diversos —de Nueva York a París, de Pakistán a Nigeria—, de efecto directamente proporcional a su detallismo. El quemar vivo a un rehén y las degollinas que organiza el Califato en los territorios bajo su control, sin ir más lejos, y que, por mucho que las cadenas televisivas eviten ofrecerlas en toda su crudeza, su difusión en las redes es determinante con el consiguiente efecto contagio o llamada. Contemplar al encapuchado que, cuchillo en mano, acaricia el cuello que se dispone a cercenar ante las cámaras, despierta la vocación de hacer lo propio en los más diversos rincones del mundo. Es decir: lograr establecer el contacto adecuado, ser puesto a prueba, recibir la preparación y los medios necesarios para hacer algo parecido en alguna parte. Y si no se era creyente, se hace creyente, y si hay que autoinmolarse, se autoinmola. Lo esencial es aparecer en las redes igualmente encapuchado, igualmente protagonista de un acto que será contemplado en el mundo entero. Un triunfo personal a la vez que anónimo, algo que quienes lo contemplen ansíen a su vez imitar. Una ejecución en la que el verdadero protagonista es el verdugo, no la víctima.
El influjo de tal éxito de público lo podemos percibir hasta en la moda, en el vestir. De unos años a esta parte, la moda masculina está experimentando un retorno a los modelos románticos: barbas puntiagudas, abrigos como levitas, pantalones estrechos, estrecha la silueta considerada en su conjunto. Pero si se ensaya otro tipo de barba —abierta en abanico bajo un cráneo pelado— el personaje en cuestión se asemejará a un ayatolá, del mismo modo que si se afila no ya la barba sino el rostro entero, el cuerpo entero como adelgazándose en enérgicos movimientos, todo él como un cuchillo, su estampa será muy similar a la de un miembro de alguna de esas milicias yihadistas. Vamos, lo que se entiende por un peligro potencial, lo que el bueno de Lombroso no hubiera dudado de calificar de “criminal nato”.
Luis Goytisolo es escritor.

31 diciembre 2014

Bienvenido Mr. Putin

...a la guerra económica

Cuando Vladimir Putin, presidente de Rusia, decidió intervenir en el conflicto ucraniano otorgando apoyo logístico y armamentístico a los rebeldes del este del país, probablemente lo hizo considerando las posibles consecuencias de su acción en el corto, medio y largo plazo, además de en clave local y regional. Llegaría a la conclusión de que, salvo intervención de Moscú, Ucrania, no sin pocas dificultades, vencería a los rebeldes prorrusos, perdiendo así la neutralidad de un país estratégico en el statu quo entre Rusia y el occidente europeo. Igualmente consideraría la debilidad política de la Unión Europea, enfrascada en pulsos internos y con una crisis económica cuya resolución es la prioridad absoluta de Bruselas, por lo que salvo enérgicas condenas y ayudas testimoniales a Kiev, su capacidad de respuesta iba a ser bastante limitada. Tampoco vería excesivo peligro en el papel de la OTAN, una organización político-militar que dada su orientación defensiva y las escasas capacidades ofensivas que presenta, poco iba a enturbiar la actuación rusa en suelo ucraniano.

Ni siquiera Estados Unidos le podía suponer un problema; enfrascado en un Oriente Medio que se desmorona por momentos, la importancia de Ucrania en la política exterior de Washington era nula. Si todo no marchaba según lo previsto, Rusia siempre podría jugar la carta de cortarle el gas a Europa, una frase que pone firme a todo el continente de inmediato. Así, el saldo entre ventajas e inconvenientes era claramente favorable a una intervención en el país vecino.

Una de las primeras maniobras, y claramente la más directa y arriesgada, fue la ocupación de la península de Crimea por tropas rusas en febrero de 2014, seguida al mes siguiente de un referéndum sobre la integración de la región a la Federación Rusa, cuyo resultado fue favorable a ello. Sin que se produjese combate alguno, Putin añadía otro episodio a la lista de éxitos de su particular realpolitik, iniciada con éxito en los años noventa en el Cáucaso. La reacción occidental a esta maniobra fue la esperada: condenas, declaraciones reprobatorias y la negativa a reconocer tal anexión —algo que tampoco reconoce la ONU y que desde el punto de vista del Derecho Internacional es un hecho ilegal—. La continuación de la política del apaciguamiento.

Con este error sobre sus espaldas, el pulso entre Rusia y sus adversarios ha pasado de una Blitzkrieg rusa a un camino muy cuesta arriba que por poco ha acabado en bancarrota para Moscú. Sin duda, el mayor interrogante actual para la potencia de los Urales es si continuar insistiendo en su política sobre Ucrania y para con la Unión Europea y arriesgarse a seguir recibiendo certeros disparos sobre su economía o dar un paso atrás y esperar que los dioses financieros sean clementes con el país.

El inicio de esta guerra —económica— tuvo más un carácter político que estrictamente económico. Los primeros movimientos se encaminaron más a tantear y advertir al adversario que a desvelar las cartas. Una escalada en el conflicto económico podía tener efectos tan perjudiciales como una guerra convencional, por lo que si se atajaba antes de llegar a cierta fase crítica, ambas partes se ahorrarían muchos disgustos.

Así, las primeras medidas de castigo provenientes de la UE y EEUU hacia Rusia se produjeron al poco tiempo de la anexión de Crimea. Algunos altos funcionarios rusos veían congeladas sus cuentas y activos en territorio comunitario y estadounidense, una medida dirigida a la élite del Kremlin que se podría considerar como justa al no castigar así a la población rusa pero enormemente ineficaz y sin coste político alguno para las altas esferas de la Federación.

Sin embargo, la medida realmente dolorosa provino del G7, que decidió a última hora excluir a Rusia de un encuentro en la ciudad de Sochi y trasladar la reunión a Bruselas. Se jugaba pues la baza de aislar internacionalmente a Rusia, algo que sí suele tener un alto coste político y económico, más aún para el gigante euroasiático, con aspiraciones de potencia global. Aun así, no era suficiente. Los beneficios para Rusia todavía eran bastante más altos que los costes por mantener el apoyo a los rebeldes prorrusos que se habían hecho fuertes en el este del país, en las regiones de Donetsk y Lugansk.

Por aquel entonces, Putin ganaba tiempo con discursos llamando al diálogo entre las partes en conflicto, y mensajes cordiales hacia el entendimiento con la UE. Tiempo era lo único que necesitaba, esperando que Ucrania colapsara o que el conflicto llegase a tal punto muerto que se aceptase la influencia rusa sobre el este del país. Sin embargo, en la zona atlántica también eran conocedores de este hecho, y al contrario que Rusia, tiempo es precisamente lo que no tenían.

A finales de abril de 2014, Estados Unidos y la UE volvieron a mover ficha para presionar a Rusia. Se ampliaron las sanciones contra altos funcionarios, y Washington impuso limitaciones a la exportación de alta tecnología a Rusia. Una vuelta de tuerca al conflicto económico, que pasaba de las sanciones personales a sanciones comerciales.

   No favoreció al entendimiento el hecho de que aunque Putin apoyase las elecciones presidenciales ucranianas del 25 de mayo y pidiese a los rebeldes que aplazasen su consulta independentista del día 11 de ese mismo mes, estos hiciesen caso omiso de Moscú. Esto ponía al presidente ruso en una delicada posición; o retirar el apoyo a las milicias prorrusas, lo que suponía destruir gran parte del éxito del modus operandi de la influencia rusa en las exrepúblicas soviéticas o reafirmarse en el apoyo a los rebeldes, lo que enconaba la tensión con el resto de Europa. Putin se encontraba encadenado a una situación que pretendía controlar, algo que no es nada agradable para una persona de su visión y estilo político.

   Mientras la guerra arreciaba en Ucrania, Bruselas y Washington volvían a apostar un poco más fuerte. A finales de julio se decidía sancionar a importantes empresas rusas, en especial bancos y corporaciones energéticas, cerrando el grifo de la financiación. Las empresas Gazprom o Rosneft se veían seriamente perjudicadas por esta decisión, puesto que la facilidad de financiación en Europa es mucho mayor que la existente en Rusia. Los costes empezaban a aumentar peligrosamente para Moscú mientras la guerra permanecía empantanada y el país se acercaba peligrosamente a la recesión. El factor tiempo empezaba a dejar de ser un aliado para convertirse en una molestia.

   Tampoco Rusia iba a quedarse de brazos cruzados mientras desde el oeste le presionaban más y más. Había aplicado sanciones contra algunos funcionarios norteamericanos, pero no había ido más allá. Sin embargo, en agosto decidió apuntar a una flaqueza económica, social y política de la Unión: la política agraria. Así, el 6 de agosto, Putin ordena suspender las importaciones de productos ganaderos, hortalizas, pescado y leche entre otros de todos aquellos países que habían impuesto sanciones contra su país. Además de la UE y Estados Unidos, esta medida se extendía a países como Australia, Canadá o Noruega, si bien la zona comunitaria fue —y es todavía— la más afectada.

Embargo Rusia alimentos

Pérdidas de miles de millones para la agricultura europea fueron las consecuencias inmediatas de la decisión rusa dada la condición del producto y la imposibilidad de encontrar mercados, ya que la agricultura europea es poco competitiva, de ahí que esté tan protegida por la Unión. Putin había esperado para devolver el golpe, pero este había sido certero y dañino. Parecía que Rusia también sabía cómo jugar a este tipo de guerra.

Tocada y casi hundida

12 enero 2012

Peligrosa escalada en un posible conflicto militar en Oriente Próximo



Otro exsubdirector del Mosad sugiere la implicación israelí en el atentado de Irán: "La guerra secreta entre Irán y otros países, como Israel, Estados Unidos y Arabia Saudí, está en marcha prácticamente desde la revolución de 1979", dice Ilan Mizrahi. El espionaje israelí calcula que a Irán no le interesa un conflicto abierto en torno a los movimientos petroleros.

Mostafa Ahmadi Roshan
Debajo, su coche tras el atentado
El Gobierno iraní acusó este miércoles a Israel y EE UU del "ataque terrorista" en el que murió uno de sus científicos nucleares. Al parecer, el pasajero de una moto adosó una bomba lapa contra el vehículo en el que viajaba Mostafa Ahmadi Roshan, quien según los medios locales trabajaba en la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz. Se trata del cuarto especialista vinculado al controvertido programa atómico de Irán asesinado en circunstancias similares. El incidente adquiere mayor gravedad a la luz de la creciente tensión entre Teherán y Washington, y da argumentos a quienes dentro del régimen islámico quieren responder a la provocación.

"Esta acción terrorista cometida por los agentes de la opresión y del régimen sionista intenta impedir que nuestros científicos sirvan a su país", declaró el vicepresidente Mohammad Reza Rahimí, en referencia a EE UU e Israel, cuyos nombres los portavoces oficiales evitan pronunciar. Rahimí también señaló que el atentado solo aumenta su determinación "para avanzar por el camino del progreso científico".

En la misma dirección, Ilan Mizrahi, exdirector del Consejo Nacional de Seguridad israelí y exsubdirector del Mosad, no se ha esforzado en negar la implicación de los servicios secretos de Israel en el asesinato del científico iraní Mustafá Ahmadi Roshan. Pero sí ha subrayado que en esa "guerra secreta" hay "bastantes participantes y nadie actúa por su cuenta". Mizrahi habló de "diversos países y de grupos de la oposición iraní", aunque sin citar de forma expresa a los Muyahidines del Pueblo, posibles ejecutores de la acción.

Ephraim Halevy
No es el primer exdirector de la agencia de espionaje israelí Mossad que ha denunciado hechos como éstos. Como comentábamos en una entrada de noviembre del pasado año (La amenaza de un ataque militar israelí contra Irán), Ephraim Halevy, advirtió del peligro que supondría ataque militar contra Irán. Según Halevy, los resultados de una confrontación podrían ser devastadores para Oriente Próximo: "The State of "El Estado de Israel no debe ser destruido. Un ataque a Irán podría afectar no sólo Israel, sino toda la región durante 100 años". Halevy agregó que, "aunque debe impedirse que Irán pueda convertirse en una potencia nuclear, está lejos todavía de representar una amenaza real para la existencia de Israel". "La creciente radicalización de los ultraortodoxos (haredíes) representan un riesgo mayor que Ahmadinejad," y añadió que "su radicalismo ha ensombrecido nuestras vidas". Estos comentarios los realizó después de que se informara de que el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el Ministro de defensa Ehud Barak habían intentado convencer al gabinete para atacar militarmente Irán por su programa nuclear.


Ilan Mizrahi, exsubdirector del Mossad
Ahora, quien le sustituyó como director del Consejo Nacional de Seguridad, Ilan Mizrahi, se ha reunido con un grupo de periodistas en un hotel de Jerusalén y definido la "guerra secreta" como "algo intermedio entre la guerra y la diplomacia, algo que puede desembocar en guerra abierta pero mantiene abiertas vías de contacto más o menos encubiertas". "La guerra secreta entre Irán y otros países, como Israel, Estados Unidos y Arabia Saudí, está en marcha prácticamente desde la revolución de 1979", explica, "aunque algunos de sus episodios permanezcan ocultos".

Además del reciente asesinato de Mostafa Ahmadi Roshan, no esclarecido, al menos otros cinco científicos y militares vinculados al programa nuclear iraní han muerto en los últimos meses. Israel ya destruyó un reactor nuclear en Irak en 1981, y unas supuestas instalaciones nucleares sirias en 2007. Pero Irán es un enemigo de mayor entidad. El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, suele lanzar tremendas amenazas contra Israel; por otra parte, Irán ha demostrado históricamente no ser un país propenso a iniciar guerras. Israel, por su parte, mantiene su posición como fuerza militar hegemónica en Oriente Próximo. Y sabe que en cualquier acción contra Irán dispondría del respaldo encubierto de la mayoría de los gobiernos árabes sunníes, muy recelosos ante las ambiciones nucleares de Irán, persa y chií. Distintas filtraciones revelaron que la monarquía saudí lleva tiempo reclamando la destrucción de los reactores iraníes.

La caída a principios de diciembre de un avión sin tripulación (drone) sobre el territorio de Irán causó preocupación en Washington porque podía suponer la confirmación de que Estados Unidos estaba implicado en algún tipo de actividad militar en ese país. Era el último episodio de una serie de misteriosos sucesos, casi todos orientados contra el programa nuclear, que hacen pensar en la existencia de una operación encubierta para abortar lo que se considera una creciente amenaza de que Irán construya una bomba atómica. El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, se negó a hacer cualquier comentario sobre este caso, aduciendo que la Administración no facilita información sobre el trabajo de los servicios secretos. Pero otras fuentes oficiales que han hablado con medios de comunicación norteamericanos de forma anónima han reconocido que el drone, operado por la CIA y aparentemente destinado a fotografiar lugares estratégicos, cayó en suelo iraní debido a un fallo técnico.
Avión no tripulado 'drone'
capturado por Irán
Varios sucesos llamativos se han producido en las últimas semanas. El mes pasado, una explosión en una instalación de la Guardia Revolucionaria iraní, la fuerza que tiene el control del programa nuclear, causó la muerte de 16 personas, entre ellas el general Hassan Moqaddam, a quien se considera uno de los principales impulsores de la nuclearización de Irán. La semana pasada, otra explosión ocurrió en una planta de conversión de uranio en Isfahán, aunque las autoridades no han informado sobre las consecuencias de ese suceso. La naturaleza de estas explosiones y, sobre todo, el hecho de que en una de ellas muriera el general Moqaddam, ha hecho pensar que se trata de actos de sabotaje y no de accidentes fortuitos. En julio pasado, fue asesinado a tiros en Teherán el físico nuclear Darioush Rezaie, y en diciembre del año pasado murió en un coche bomba el científico Majid Shahriari. El mismo día de este último atentado, otro experto en física nuclear, Fereydoon Abbasi, habría resultado herido en un ataque de idénticas características.

Pese a que Irán acusó directamente de estos atentados y los del año pasado al servicio secreto israelí, Mosad, y a EE UU, las autoridades iraníes han sido por lo general prudentes a la hora de señalar responsabilidades por otras acciones, probablemente porque eso le obligaría a ejecutar acciones de represalia. En todo caso, tanto Israel como EE UU cuentan con que esas represalias pueden producirse en cualquier momento. La denuncia por parte del Gobierno norteamericano, el pasado octubre, de una presunta conspiración, urdida y financiada por Irán para asesinar al embajador de Arabia Saudí en Washington, podría haber sido un aviso a Teherán de que EE UU está alerta ante posibles amenazas de ese tipo.


Sin embargo, según el diario israelí Haaretz, las sospechas iraníes de una provocación de Israel reforzaron la percepción de que el asesinato ha sido parte de una campaña organizada y clandestina para hacer retroceder las ambiciones nucleares de Irán, que Estados Unidos y sus aliados sospechan que están encaminadas a producir armas, mientras que Irán sigue afirmando que su programa es exclusivamente para fines pacíficos. También en una columna del periódico iraní Kayhan firmada por su redactor jefe Hossein Shariatmadari se pregunta por qué Irán no tomará represalias. "Los asesinatos de funcionarios y militares israelíes son fácilmente posibles". El ataque —en el que murieron instantáneamente el científico y su conductor el miércoles— fue como mínimo el cuarto dirigido contra un miembro de confianza de la inteligencia nuclear de Irán en dos años.

El ministro israelí de Interior, Eli Yishay,
 del partido ultraortodoxo Shas
Los detalles de la implicación israelí y estadounidense en estos sucesos han ido conociéndose gracias a quienes, en el Ejército y en el Gobierno, piensan que un ataque contra Irán resultaría cuando menos temerario. Al margen de consideraciones políticas o estratégicas, los militares indican que un bombardeo podría tener resultados insatisfactorios, dado que las instalaciones nucleares iraníes son subterráneas y están muy protegidas. Según Haaretz, tanto el jefe del Ejército, general Benny Gantz, como los jefes de los tres servicios de inteligencia figuran entre quienes rechazan el bombardeo preventivo y unilateral, y reclaman el apoyo de los aliados estadounidenses y británicos. El ministro del Interior, Eli Yishai, del partido religioso ultraortodoxo Shas, también se opone al ataque. En una reunión de su partido, Yishai comentó que la posibilidad del bombardeo le mantenía "despierto por las noches" debido a la gravedad de las posibles represalias por parte de Irán, de sus aliados sirios, de la milicia chií libanesa Hezbolá y del grupo armado palestino Hamas desde Gaza. Otro de los ocho ministros que conforman el núcleo gubernamental que adopta las decisiones importantes, el centrista Dan Meridor, considera que Irán representa "un riesgo para todo el mundo" y que corresponde a Estados Unidos, no a Israel, asumir el liderazgo en cualquier acción política o militar.

El juego que se desarrolla en Oriente Próximo es complejo. Como elemento fundamental aparece la disputa por la supremacía regional, con Irán en un lado (junto a Siria, al menos de momento, el Irak chií y la milicia libanesa Hizbolá) y el eje Israel-Arabia Saudí-monarquías petroleras, respaldado por Estados Unidos, en otro. "A veces se olvida a Turquía, que aspira a la hegemonía porque tiene recursos para ello y que, en mi opinión, sigue un rumbo que conduce a la confrontación con Irán", indica Ilan Mizrahi.

Dos nuevos portaaviones estadounidenses llegan al mar Arábigo
La clave del juego en estos momentos es la aspiración iraní de poseer armas nucleares, con el fin de equilibrar unas fuerzas por el momento muy favorables a sus rivales. Las cada vez más severas sanciones impuestas a Irán para que renuncie a su programa nuclear han ampliado el juego al ámbito del petróleo: Teherán afirma que si siguen estrangulándose sus exportaciones de crudo, cerrará el estrecho de Ormuz y cortará el paso al petróleo de los saudíes y del resto de monarquías del Golfo, lo que dispararía los precios y ejercería un impacto inmediato sobre Occidente.

Mapa del Golfo Pérsico
A la derecha, el Estrecho de Ormuz

Ahora mismo, toda la atención se centra en Ormuz. En los últimos días han llegado a Israel unos 8.000 pilotos y técnicos aéreos del Ejército estadounidense para participar en lo que, en principio, deberían ser las mayores maniobras militares conjuntas realizadas entre Israel y Estados Unidos. Un número indeterminado de pilotos israelíes se ha desplazado a su vez a bases estadounidenses en Alemania. Pero Desafío Austero, como se ha llamado a la operación, "ha dejado ya de consistir en unas maniobras militares para convertirse en un despliegue", según el general Frank Gorenk. El despliegue podría servir tanto para mantener abierto Ormuz como para lanzar un ataque directo contra Irán.

Arabia Saudí no participa en Desafío Austero, pero ha recibido aviones de combate estadounidenses F-15 por valor de casi 30.000 millones de euros. Otros países próximos a Washington, como Emiratos Árabes Unidos, serán dotados también de aviones adicionales y de bombas de gran potencia, capaces de dañar las instalaciones nucleares subterráneas iraníes si se eligiera esa opción.

El Ejército de Estados Unidos afirmó ayer miércoles que un nuevo portaaviones había llegado al mar Arábigo y que otro está camino de la región, pero ha negado que estos movimientos tengan relación con las crecientes tensiones con Irán y ha tildado estas acciones de rutinarias. Estos desplazamientos se producen en un momento en que las tensiones están disparándose entre ambos países y poco después de que Irán haya amenazado con cerrar el estrecho de Ormuz en caso de que las sanciones de Washington y la Unión Europea afecten negativamente a sus exportaciones de petróleo.

El Ejército estadounidense ya ha afirmado que no permitirá el bloqueo del estrecho. Pese a todo, el Pentágono ha desmentido que exista una relación directa entre estos cruces de declaraciones y la ubicación de nuevos portaaviones en el mar Arábigo. "No quiero que nadie se lleve la impresión de que estamos enviando allí dos buques porque estamos preocupados por lo que ha pasado hoy en Irán. No es el caso", ha dicho el portavoz del Pentágono, John Kirby. Kirby ha hecho referencia así al atentado con bomba que este miércoles ha acabado con la vida de un científico nuclear en Teherán, del que la República Islámica ha acusado a Israel.

El portaviones 'USS Carl Vinson'

Fuentes del Ejército estadounidense han dicho que el USS Carl Vinson llegó el lunes al mar Arábigo para reemplazar el USS John C. Stennis, al que Irán advirtió de que no volviera al golfo Pérsico tras salir de él en diciembre. El Stennis debía regresar al puerto estadounidense de San Diego, pero el Pentágono no ha especificado la fecha en la que esto ocurrirá. Otro grupo de barcos, liderados por el portaaviones USS Abraham Lincoln, finalizó su visita a Tailandia el martes y está ahora en el océano Índico de camino a la región. Así, se incorporará al Vinson en el área de operaciones del Comando Central (CENTCOM).

"No es inusual tener dos portaaviones en el teatro del CENTCOM al mismo tiempo", ha señalado una fuente militar. Otra fuente ha recalcado que esta situación se ha dado al menos dos veces en los últimos 18 meses. "Operamos de manera rutinaria con nuestros barcos —todos nuestros barcos, todos nuestros tipos de barcos— dentro del golfo Pérsico, y esto va a continuar siendo así", ha apostillado Kirby.

El presidente de Israel, Benjamin Netanyahu
El espionaje israelí calcula que a Irán no le interesa un conflicto abierto en torno a los movimientos petroleros, porque podría desembocar en ataques contra su territorio y la correlación de fuerzas le perjudica. A los iraníes les conviene más jugar a las escaramuzas, dificultar el paso de los petroleros saudíes sin impedirlo completamente y elevar la tensión de forma controlada: las primas de las compañías de seguros sobre los fletes de petróleo y el temor en los mercados bastarían para elevar rápidamente el precio del crudo.

En el juego participa también China, la nueva gran potencia. China ha comunicado a las autoridades de Teherán que reducirá sus compras de petróleo iraní, lo que en Israel se interpreta como un doble guiño: a Estados Unidos, que intenta convencer a Pekín de que se una a las sanciones, y a Irán, para que se mueva con cautela y no emprenda acciones de consecuencias irreversibles.

Ahmadineyad: Irán no ha hecho nada que justifique la enemistad de Occidente

En su actual viaje a La Habana, el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, ha considerado que su país no ha hecho nada que justifique la enemistad de Occidente, durante una conferencia que ha ofrecido en la Universidad de La Habana, en el marco de su gira por la región. "¿Hemos agredido a alguien?, ¿Hemos querido más de lo que nos corresponde? Nunca, jamás. Solamente hemos pedido justicia", ha dicho Ahmadineyad durante su discurso, tras el cual no ha permitido preguntas.

Mahmud Ahmadineyad, Presidente de Irán

En este sentido, ha considerado que Irán está siendo castigado por los países occidentales, aunque no ha aludido al atentado con bomba que este miércoles ha acabado con la vida del científico nuclear en Teherán Mustafá Ahmadi Roshan, uno de los responsables de la planta nuclear de Natanz, la mayor del país, del que la República Islámica ha acusado a Israel. El presidente se limitó a celebrar que el sistema occidental se encuentre "en un callejón sin salida". "Gracias a Dios estamos presenciando la decadencia del capitalismo en términos económicos, políticos y culturales".

El presidente de Irán tampoco se ha referido en Cuba a las acusaciones de la comunidad internacional sobre el programa nuclear de su país. En su lugar se ha centrado en reclamar un nuevo orden mundial basado en la justicia que respete a todos los seres humanos, en el que cooperen Cuba y Venezuela. "Tenemos que estar despiertos, alertas. Si nosotros no planeamos el nuevo orden futuro del mundo serán los herederos de los dueños de esclavos y los capitalistas los que van a controlar e imponernos el nuevo sistema".


07 noviembre 2011

La amenaza de un ataque militar israelí contra Irán


ANTECEDENTES CERCANOS


Israel ha sufrido muchos reveses en los últimos tiempos: el fracaso de la guerra contra Gaza en 2008-2009, la “primavera árabe” y la caída de aliados históricos, y ahora el reconocimiento en la UNESCO de Palestina. Sin mencionar los problemas internos que hemos visto en los últimos meses con el movimiento de los “indignados” israelíes. Demasiados cambios en poco tiempo. Lo que los dirigentes israelíes intentan con esta nueva maniobra es distraer la atención de sus ciudadanos con respecto a los problemas internos, que son muchos, y la de la comunidad internacional con respecto al conflicto con Palestina. Aunque Israel tenga la capacidad de atacar a Irán, no parece posible que vaya hacerlo ni a corto ni a medio plazo. El problema es si cuenta con el apoyo político necesario, dentro y fuera, para aguantar las consecuencias. Tengo serias dudas. No creo que Estados Unidos esté dispuesto en este momento a apoyarle en un tal ataque. La situación es ya bastante tensa en la zona como para abrir un nuevo foco de inestabilidad que podría desembocar en una guerra regional.

El Presidente de Israel
Benjamin Netanyahu

El presidente de Israel, Shimon Peres, afirmó hace tres días de que es partidario de un ataque contra instalaciones nucleares de Irán, insuflando más tensión por la posibilidad de que una acción militar se ejecute sin consultar previamente a Estados Unidos. El régimen israelí, en una demostración de fuerza militar, probó el miércoles, un potente misil nuclear, el cual se considera como una amenaza. Además Netanyahu dijo el lunes pasado en un discurso parlamentario que “un Irán nuclear representa una amenaza grave para el Medio Oriente y el mundo entero y, por supuesto, representa una amenaza directa y fuerte para nosotros”. El jefe del Ejército iraní, Hassan Firuzabadí, corroboró, en declaraciones hechas a la agencia oficial Isna, que cualquier ataque contra su país comportaría represalias. “Las autoridades de Estados Unidos deben saber que un ataque del régimen sionista contra Irán implicaría graves daños para los propios Estados Unidos, además de para el régimen sionista”.

La primera gran señal de que el primer ministro israelí había madurado su decisión apareció el pasado viernes en la portada de Yediot Ahronot, el periódico más leído del país. Bajo el titular “Presión atómica”, el periodista Nahum Barnea, de notable prestigio, revelaba que Netanyahu y su ministro de Defensa, Ehud Barak, hacían lo posible para convencer al resto del Gobierno y a la cúpula militar de que la destrucción de las instalaciones nucleares iraníes era para Israel “una cuestión de supervivencia”. La señal no era tanto el despliegue en portada y el tono de suma gravedad adoptado por Yediot Ahronot, sino el hecho de que alguien en una posición muy alta hubiera filtrado, con la aparente intención de neutralizarlo, un debate que se mantenía en absoluto secreto. En el mismo artículo, se indicaba que otra señal han sido las maniobras que su ejército acaba de concluir en Cerdeña (Italia) en las que Israel ha simulado un bombardeo de largo alcance, muy parecido al que sería necesario para atacar las instalaciones nucleares iraníes en el noreste del país. En dichas maniobras, Israel ha probado un nuevo misil balístico con un alcance de 6.000 kilómetros y gran capacidad atómica.
 

El diario Haaretz anunció también el día 3 que el ministro de Asuntos Exteriores, Avigdor Lieberman, se había sumado a los partidarios del ataque. Una fuente vinculada a la diplomacia israelí confirmó por su parte a este periódico que “el debate existe y es serio”. Otra fuente, vinculada al Ejército, comentó que Netanyahu esgrimía como argumento el riesgo de “un nuevo Holocausto” y usaba “tonos apocalípticos” para vencer resistencias.

PressTV, televisión internacional iraní y diario digital, se hizo eco inmediatamente en un artículo titulado Israelattack on Iran military suicide, firmado por Ismail Salami, que comienza: «Existe una fuerte especulación sobre el hecho de que Israel podría estar preparándose para atacar las instalaciones nucleares iraníes, una amenaza que el régimen sionista ha repetido con frecuencia y una idea que, si se traduce en medidas, traerá consecuencias apocalípticas por parte del Estado sionista. Según se informa, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha buscado recientemente el apoyo de su gabinete para realizar un ataque militar contra las instalaciones nucleares de la República Islámica de Irán. En un trabajo conjunto con el Ministro de defensa Ehud Barak, Netanyahu ha logrado, para tan imprudente acto, forzar el apoyo de los escépticos que ya se oponían a lanzar un ataque contra Irán. Entre los (miembros del Gobierno) que consiguió convencer se encuentra Ministro de Relaciones Exteriores israelí, Avigdor Lieberman…»

Los detalles han ido conociéndose gracias a quienes, en el Ejército y en el Gobierno, piensan que un ataque contra Irán resultaría cuando menos temerario. Al margen de consideraciones políticas o estratégicas, los militares indican que un bombardeo podría tener resultados insatisfactorios, dado que las instalaciones nucleares iraníes son subterráneas y están muy protegidas. Según Haaretz, tanto el jefe del Ejército, general Benny Gantz, como los jefes de los tres servicios de inteligencia figuran entre quienes rechazan el bombardeo preventivo y unilateral, y reclaman el apoyo de los aliados estadounidenses y británicos. El ministro del Interior, Eli Yishai, del partido religioso ultraortodoxo Shas, también se opone al ataque. En una reunión de su partido celebrada el lunes, Yishai comentó que la posibilidad del bombardeo le mantenía “despierto por las noches” debido a la gravedad de las posibles represalias por parte de Irán, de sus aliados sirios, de la milicia chií libanesa Hezbolá y del grupo armado palestino Hamas desde Gaza. Otro de los ocho ministros que conforman el núcleo gubernamental que adopta las decisiones importantes, el centrista Dan Meridor, considera que Irán representa “un riesgo para todo el mundo” y que corresponde a Estados Unidos, no a Israel, asumir el liderazgo en cualquier acción política o militar.

El exjefe del Mossad Ephraim Halevy
Este viernes, 4 de noviembre, en unas declaraciones realizadas al diario israelí YnetNews durante una reunión en la Escuela de Infantería de Marina, el exdirector de la agencia de espionaje israelí Mossad, Ephraim Halevy advirtió del peligro que supondría ataque militar contra Irán. Según Halevy, los resultados de una confrontación podrían ser devastadores para Oriente Próximo: "The State of “El Estado de Israel no debe ser destruido. Un ataque a Irán podría afectar no sólo Israel, sino toda la región durante 100 años”. Halevy agregó que, “aunque debe impedirse que Irán pueda convertirse en una potencia nuclear, está lejos todavía de representar una amenaza real para la existencia de Israel”. “La creciente radicalización de los ultraortodoxos (haredíes) representan un riesgo mayor que Ahmadinejad,” y añadió que “su radicalismo ha ensombrecido nuestras vidas”. Estos comentarios los realizó después de que se informara de que el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el Ministro de defensa Ehud Barak habían intentado convencer al gabinete para atacar militarmente Irán por su programa nuclear.

Israel ya destruyó un reactor nuclear en Irak en 1981, y unas supuestas instalaciones nucleares sirias en 2007. Pero Irán es un enemigo de mayor entidad. El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, suele lanzar tremendas amenazas contra Israel; por otra parte, Irán ha demostrado históricamente no ser un país propenso a iniciar guerras. Israel, por su parte, mantiene su posición como fuerza militar hegemónica en Oriente Próximo. Y sabe que en cualquier acción contra Irán dispondría del respaldo encubierto de la mayoría de los gobiernos árabes sunníes, muy recelosos ante las ambiciones nucleares de Irán, persa y chií. Las filtraciones de Wikileaks revelaron que la monarquía saudí lleva tiempo reclamando la destrucción de los reactores iraníes.

Pero la opción militar contra Irán es prácticamente inverosímil, puesto que el régimen de Israel es consciente de la capacidad militar y la autosuficiencia de Irán, la mayor en la región junto a Israel (cuyo arsenal nuclear, no declarado, se estima en unas 200 cabezas) y una de los mejores del mundo en términos de la industria de misiles. El éxito, en la producción de más de 50 tipos de misiles de corto, mediano y largo alcance es el testimonio de esta afirmación, misiles como Qader (“poderoso”), de alto poder destructivo con un rango de más de 200 kilómetros, que evade cualquier sistema avanzado de radar, y el impecable misil balístico de Shahab III (meteoro), diseñado para atacar objetivos dentro de un rango de hasta 2.000 kilómetros. El Líder Supremo de la República Islámica, el Ayatolá Seyed Ali Jamenei, ha afirmado que el objetivo principal de la producción de armas en Irán es la defensa del país contra los enemigos, mientras que la razón principal para la producción de armas en Occidente es el aumento de la riqueza de los carteles de las armas.

El Líder Supremo de la República Islámica
de Irán, Ayatolá Seyed Ali Jamenei
Un factor a tener en cuenta es que dicho ataque fortalecería la posición de Ahmadinejad en su país. El régimen iraní es sin duda inaceptable (represivo, opaco y con una legitimidad decreciente), pero hasta el momento no ha cometido un casus belli que justifique una respuesta militar. También, aunque la industria bélica iraní no pueda compararse con la que representan la israelí y la estadounidense unidas, Afganistán e Irak han dejado claro que la superioridad de las armas no garantiza el éxito. No es necesario repetir el apoyo que prestarían el Hezbolá libanés, el Hamás palestino o las milicias chiíes de Irak. Si el objetivo es el programa nuclear secreto, a la dificultad para alcanzar sus sedes subterráneas y dispersas, se suma que no puede bombardearse el conocimiento. Nadie sabe cómo reaccionarían los iraníes. Por más que estén hartos de la falta de libertades, encontrarse bajo las bombas o con un país destruido cambia la percepción. “No queremos vernos como Irak”, se oía decir en Teherán en una época en que se pensaba que EE UU no se iba a parar en Bagdad.

Por su parte, Teherán advirtió a Estados Unidos y a Israel de las “consecuencias apocalípticas” que para ellos tendría un eventual ataque y aseguró que las fuerzas iraníes están preparadas para causarles grandes daños. En declaraciones que hace dos días publicaron diversos medios locales, el jefe de la Junta de Estado Mayor, general Hasan Firuzabadi, descartó, de todos modos, un posible ataque estadounidense o israelí contra Irán, y recalcó que “Estados Unidos y el régimen sionista saben que, si lo hacen, sufrirán unas pérdidas enormes”. Las Fuerzas Armadas iraníes están “listas para castigar a cualquiera que haga un movimiento en falso”, subrayó Firuzabadi, en respuesta a las informaciones difundidas por medios internacionales sobre que tanto Israel como Estados Unidos estarían estudiando un posible ataque conjunto. En la misma línea, el subjefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Irán para la Logística y Investigación Industrial, general Mohammad Hejazi, dijo a la agencia local Fars que “las fuerzas iraníes son más potentes que en el pasado y los extranjeros son conscientes de que cualquier aventura o acción ilegal recibiría una respuesta aplastante”. “La República Islámica puede defenderse bien a sí misma y sus intereses nacionales, por lo que las amenazas de la arrogancia mundial (Estados Unidos) no son creíbles ni tienen valor para nosotros”, agregó Jejazi, en referencia a los supuestos planes bélicos.

EL ORIGEN DE LA TENSIÓN ACTUAL

Jay Carney, portavoz de la Casa Blanca
El inicio de todo este maremágnum de amenazas y réplicas está en la denuncia El pasado 12 de octubre de un complot respaldado por Irán para asesinar al embajador de Arabia Saudí en Washington y cometer otros actos terroristas.

El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, aseguró entonces que su país continúa en su empeño por aislar a Irán y que lo hará “concentrado en los instrumentos de carácter económico”. Sin embargo, Estados Unidos no ha sido capaz hasta el momento de construir una sólida coalición internacional para tomar represalias contra el régimen islámico. El mismo Carney aseguró el miércoles que su país continúa en su empeño por aislar a Irán y que lo hará “concentrado en los instrumentos de carácter económico”.

La inminente retirada militar de Irak hace más urgente para la Administración norteamericana actuar contra Irán para impedir que ese país intente llenar el vacío que Estados Unidos deja y gane peso como potencia regional. Debilitado económicamente y dividido políticamente, Irán es hoy, a juicio de Estados Unidos, un peligro algo inferior a lo que era un par de años atrás. Eso no significa que la Administración norteamericana baje la guardia con Teherán o no sea solidaria con la preocupación de Israel respecto a un eventual Irán nuclearizado. Irán sigue siendo un problema central de la política exterior de EE UU y, probablemente, lo será aún más en la medida en que Washington se vaya liberando de sus responsabilidades en Irak, Afganistán y en la lucha contra Al Qaeda. Irán permanece como el enemigo exterior más visible que le queda a Estados Unidos, al margen de los grupos terroristas islámicos, y será pues objetivo prioritario de cualquier estrategia de seguridad en el futuro. No obstante, una confrontación militar directa con Irán no parece algo que esté, de momento, en los planes de un presidente, como Barack Obama, que trata de construir una política exterior más multilateral y con menor ingrediente militar que la que se siguió en años anteriores. Además, Obama acudirá pronto a las urnas precisamente para tratar de refrendar ese giro.

LA VÍA DIPLOMÁTICA

La diplomcia podría hacerse paso frente a la militar. Argumentos de todo tipo no faltan. Por ejemplo, El Comité de DDHH de la ONU presentó el martes las observaciones de su informe sobre Irán, que denuncia el aumento de las ejecuciones, incluidas las de menores, el uso generalizado de la tortura, la discriminación de mujeres y minorías sexuales y la represión de otras creencias religiosas. En este terreno también se encuentran problemas. Los argumentos esgrimidos hasta ahora por Washington no han sido suficientes como para ganar aliados de cara a la aprobación de nuevas sanciones comerciales en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El Reino Unido se ha sumado a las sanciones unilaterales que en su día tomó EE UU contra ciudadanos iraníes presuntamente implicados en el complot contra el embajador saudí, pero otros países europeos han reaccionado con más frialdad, y Rusia y China, con fuertes intereses económicos en Irán, se han resistido a castigar al Gobierno de Teherán.
Consejo de Seguridad
de Naciones Unidas

El Gobierno estadounidense nunca ha descartado oficialmente la adopción de represalias militares contra Irán, aunque esta es una posibilidad que actualmente se ve muy remota por razones estratégicas, económicas y políticas. Así pues, Washington se ve por el momento incapaz de responder enérgicamente a la eventual amenaza que puede representar Irán, a menos que esa amenaza se hiciera más visible en las próximas semanas si la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) presentara un informe en el que dé verosimilitud a las sospechas de que el régimen islámico podría estar orientando su programa nuclear hacia propósitos militares. El riesgo de que Irán llegue a poseer armas atómicas representa, obviamente, una preocupación de primer orden para Estados Unidos, y también para Europa y Rusia. Una llamada de atención en ese sentido de parte de la AIEA podría significar un cambio considerable de la actitud actual de la comunidad internacional con Irán.

En este tema hay otros factores que EE UU tiene en cuenta y que ayudan a mitigar el sentimiento de alarma. Uno de ellos es la lentitud del desarrollo científico en Irán. Incluso aunque el Gobierno haya optado por la creación de un arsenal nuclear, varios expertos han considerado que no estaría en condiciones creíbles de cumplir ese objetivo antes de dos o tres años. Según ese cálculo, Irán ha perdido acceso al material y los técnicos de otros países que podrían ayudarle a progresar en su programa nacional y, al mismo tiempo, las sanciones que se le han impuesto en los últimos años le han limitado enormemente la capacidad para compensar esa pérdida con productos domésticos. Por otra parte, el régimen iraní ha dado muestras en los últimos meses de una división interna que reduce su capacidad para actuar de forma decisiva en todos los terrenos. Aunque el programa nuclear es responsabilidad de la autoridad religiosa, que tiene la última palabra en los asuntos más trascendentes, las fricciones recientes con el presidente Mahmud Ahmadineyad han debilitado su respaldo popular para actuar con la agresividad que se requiere para construir una bomba atómica.

POSIBLES CONSECUENCIAS DE UN ATAQUE IMPROBABLE

En la hipótesis de que, a pesar de todas las premisas anteriores, Israel (con el apoyo de Estados Unidos o sin él) iniciara el ataque anunciado por su Gobierno, las consecuencias regionales de ese hipotético ataque militar serian terribles. Se entraría en una dinámica infernal en Oriente Próximo, frente a la que difícilmente existirían cortafuegos para evitar su contagio al resto del mundo. Por eso es preciso seguir apoyando los esfuerzos de las Naciones Unidas a fin de que Irán admita el control de su programa nuclear sin ningún tipo de cortapisas y hacer un llamamiento a Israel para que no ponga en marcha ninguna acción unilateral. En ambos terrenos es imprescindible la implicación de los Estados Unidos y de la Unión Europea, que, por cierto, ha jugado un papel activo, de hormiguita si se quiere, pero efectivo en todo caso, en lo referido al capítulo nuclear iraní. Estamos ante una buena oportunidad, asimismo, para que la Administración Obama se diferencie de lo que fueron las catastróficas decisiones de George W. Bush en la zona, empezando por la Guerra de Irak, que, además de inmotivada, fue ilegal e inmoral.

Las consecuencias de un posible ataque son difíciles de prever, pero sí se pueden señalar algunos actores de la región que tomarían, sin duda, un papel activo. La milicia chií de Hezbolá, en primer lugar, contra la que Israel ya se empleó a fondo en el verano de 2006 y que hoy, no obstante, podría adoptar una postura más modesta por su peso específico en el actual Ejecutivo libanés. Los islamistas de Hamás, al mando todavía de la franja de Gaza y que retienen en la actualidad, mal que bien, el lanzamiento de cohetes hacia su vecino del este. Y Siria, peso pesado en la región, más preocupado del levantamiento interno, pero aliado de Teherán. En otro orden de cosas, como en crisis pasadas en la zona, el precio del combustible —Irán es país miembro de la OPEP— se vería afectado y, por lo tanto, el rebote en los mercados, más sensibles que nunca, tendría un efecto devastador. Además, la ofensiva militar israelí entraría en la carrera electoral del aliado estadounidense y, así, salpicaría seguro a la campaña de Barack Obama.

En el plano global, los precios de gas y petróleo se dispararían. Pero en la región pueden torcerse las cosas otra vez. Aparte de los precedentes mencionados, la guerra de Israel contra Hezbollah en el verano de 2006, podría reproducirse. Ahora bien, el problema es el cumplimiento del Derecho Internacional. En sus últimos informes la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) se muestra muy preocupada no tanto por lo que inspecciona, como por las instalaciones y actividades que los iraníes no le dejan visitar. Tampoco es éste el mejor momento para Obama para pensar en abrir otro frente bélico cuando está tentando liquidar los de Irak y Afganistán. Sólo un informe de la OIEA muy explícito sobre el poder atómico real de Irán podría hacer pensar en un ataque a un país con tantos intereses económicos en el mundo, cosa que no parece tan evidente. Si es cierto que Irán está siguiendo la misma vía del engaño que ya utilizaron anteriores mensajes propagandísticos, el reto será encontrar medidas internacionales más fuertes que le hagan desistir. Las sanciones del Consejo de Seguridad funcionan, pero necesitamos algo más. Lo ideal sería continuar persuadiendo a China y Rusia para elevar otro escalón más la presión internacional. La fuerza debería ser el último recurso y en todo caso debería ser ejercida de forma colectiva.