Mostrando entradas con la etiqueta Letra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Letra. Mostrar todas las entradas

26 marzo 2015

Tipos de Letra Medievales III. Letra visigótica

 
 
Un ejemplo de escritura visigótica caligráfica alargada. ¿Juan de Sevilla?. BNE, circa 960

Tipos de letra visigótica (I): la velocidad de trazos

La caligrafía visigótica (o visigoda) tiene dos principales variantes tipológicas: cursivas y minúsculas. Pero esta no es la única clasificación básica que se puede aplicar al trazo de la letra ni las únicas variantes tipológicas que se utilizaron por sus escribanos. Como cualquier otra caligrafía, la visigoda se puede describir externamente por su grado de perfección y por su detalle o velocidad de trazado, por la etapa o grado de su evolución y por la precisión en mantener su alfabeto y sus abreviaturas ajustados al canon. Estas consideraciones son, por desgracia, un poco subjetivas, siendo por tanto difícil de explicar cuantitativamente. Entre los especialistas, la “subjetividad” no es tan confusa como se podría pensar.

1. Tipos de letra visigótica teniendo en cuenta la velocidad de trazos

Las variantes tipológicas de caligrafía visigótica que se pueden distinguir teniendo en cuenta la rapidez con que se trazó el texto son las más fáciles de reconocer y, por lo tanto, los tipos que se utilizan con mayor frecuencia. En general, cuando se lee sobre las variantes tipológicas sin mayor especificación, este es el criterio que está siguiendo el investigador. Hay dos tipos principales: cursiva y minúscula.
 
La cursiva visigoda es la que se dibuja, en general, con el trazo más rápido. Eso no quiere decir que se escribiera descuidadamente. Si nos fijamos en la Fig. 1, ¿nos imaginamos lo difícil que debía de ser el trazo de todas estas ligaduras entre letras y esas otras ascendentes y descendentes entre líneas? Hay diferentes niveles de “perfección” como se verá. Si un escribano estaba usando la variante cursiva, el resultado puede ser un desastre total, una caligrafía rápida y descuidada, pero también puede ser de una belleza perfecta; depende de lo bueno que fuera el escribano. Esta variante fue utilizada principalmente para escribir cartas —en los primeros siglos, la caligrafía cursiva para asuntos legales significaba un vínculo directo con la tradición bíblica del imperio romano tardío, pero también se utilizaba en códices, aunque muy pocos se han conservado. Y si pensamos en el contexto, sabemos que algunos escribanos que eran capaces de utilizar diferentes variantes decidían cuál de ellas querían usar, no sólo teniendo en cuenta el producto (carta o códice), sino también a la institución o persona que expide el documento y a quién iba dirigida.
 
 
Fig. 1 Visigoda Cursiva
La visigótica minúscula es aquella que se traza lentamente (Fig. 2). Eso no significa necesariamente que se escribiera con más cuidado que la cursiva, sino que el caligrafía tiene otras características gráficas, algunas mordeduras y aún menos ligaduras, que permiten escribir menos rápidamente. Cuando estamos usando la velocidad para clasificar el caligrafía no estamos hablando de la velocidad, el escribano decidió trabajar con pero que el escritura tolera. Usted no puede sacar ligaduras cursivas trazo a trazo, poco a poco, pero se puede escribir ligaduras minúsculas que toman todo el tiempo en el mundo sin problemas. Por supuesto, si el escribano estaba bien entrenado, su minúscula será más “cursiva”, como la utilizada por un neófito que aún no está totalmente familiarizado con los caracteres que está usando. Realmente puede sonar confuso, y de hecho lo es sólo si se tiene en cuenta la velocidad, por lo que es importante atender los otros tipos de describir la escritura caligráfica también -por la perfección, la evolución y la precisión al canon. En contraste con la variante anterior, el minúscula fue el preferido para escribir códices , como lo fue también la variante característico de algunas variantes regionales, pero eso será otro tema.
 
 
Fig. 2 Visigoda Minúscula. Catedral de Lugo, 1325B / 5

Estas dos son las principales variantes tipológicas, pero también hay algunas variantes entre ambas:

En primer lugar, está la variante semicursiva (Fig. 3) que, como su nombre indica, es una mezcla entre cursiva y minúscula. Es difícil de explicar si estamos ante un trazo rápido o lento, ya que también es difícil de ubicar en su contexto cultural. Podemos pensar que los escribanos que no estaban bien entrenados en cualquier variante, aunque eran lo suficientemente buenos en tanto escribanos que no pertenecían a un monasterio u obispado importante, con una escuela conocida, sino a un pequeño centro, tal vez un pequeño monasterio o una iglesia parroquial. La variante semicursiva es difícil de estudiar, aunque puede ser de gran utilidad en el análisis de los contactos culturales entre los distintos centros castellano-leoneses, y para estudiar el proceso de la educación misma.
 
 
Fig. 3 Visigótica Semicursiva. Catedral de Sevilla, M 348b-a circa 920
Otra variante tipológica es la llamada alargada (Fig. 4), una cursiva elaborada con mucho cuidado el aumento de los ascendentes y descendentes, que tiene un origen un poco diferente que las otras variantes tipológicas. La alargada es la interpretación visigoda medieval de la escritura caligráfica que se utilizó en y para la cancillería visigoda, y lo que parece, en su forma más pura, similar a la escritura merovingia (externamente y mirando de lejos). Es una caligrafía elegante que, perdiendo un poco su significado, se utilizó dentro de los textos escritura visigótica para resaltar algunas partes importantes como pueden ser títulos, primeras líneas con invocación verbal, nombres de reyes, etc. También hay algunas cartas, muy pocas, que fueron escritas en su totalidad con el uso de esta variante; también se encuentra en algunos códices. Si vemos esta escritura caligráfica en una carta, usted puede estar seguro el escribano tenía una mano bien entrenada, que quería llamar su atención en aquellas partes específicas de los textos, y que era consciente de que esa carta se utiliza especialmente para ese fin , aunque es probable que ya no supiera por qué esa y no otra.
 
 
Fig. 4 Letra visigótica alargada (ver también la imagen que encabeza el artículo)
 
Por último, también podemos considerar las escrituras en transición a carolina minúscula como una variante tipológica. Por lo tanto, hay cursiva hacia carolina, y minúscula hacia carolina (Fig. 5), y semicursiva hacia carolina (o carolingia). Pero no encontramos manuscritos en visigótica alargada en transición a carolina.
 
 
Fig. 5 Minúscula  visigótica en transición a carolina. BNE
Todas estas variantes tipológicas tienen diferentes alfabetos, abreviaturas, signos de abreviación, signos generales de abreviatura, su propia evolución gráfica e incluso su propio sistema de puntuación. Podemos, pues, pensar que la letra visigoda es más o menos la misma, sea letra cursiva o minúscula, pero la verdad es que ambos tipos son de trazos muy diferentes, no sólo en su ejecución, sino también en sus usos y contexto cultural. Incluso tienen dos orígenes genéticos diferentes, como veremos más tarde.
 

Tipos de letra visigótica (II): la perfección, la evolución y el canon

Hemos visto los diferentes tipos de escritura visigótica que se pueden distinguir, teniendo en cuenta el grado de perfección de la escritura, su detalle o velocidad cuando trazó, la etapa de la evolución y la exactitud en mantener su alfabeto y abreviaturas al canon. Tener en cuenta estas consideraciones es especialmente importante, ya que nos ayudan a comprender e identificar el contexto cultural en el que el escribano vivió y desarrolló su carrera profesional. Los tipos de letra visigótica que pueden individualizarse teniendo en cuenta la velocidad del trazo (también conocido como principales variantes tipológicas: cursiva y minúscula) ya se han explicado, pero ¿cuáles son los otros tipos?

2.- Tipos de letra visigótica por el grado de perfección de la escritura

Dado el nivel de conocimiento que cada escribano muestra al lector a través de su propia caligrafía, podemos hablar de cuatro tipos o grados de perfección de las grafías: caligráficas, rudimentarias, semicaligráficas y semirrudimentarias. Es difícil describir la escritura caligráfica siguiendo sólo este esquema, criterio que puede ser subjetivo, así como aquel otro que se basa en el contexto cultural en el que cada escribano puede situarse. Las dos primeras son fáciles de explicar: una escritura caligráfica (Fig. 1) es la escrita con cuidado, lentamente o no, lo que denota un escribano que estaba bien entrenado, un maestro; mientras que una escritura rudimentaria (Fig. 2) es exactamente lo contrario, una caligrafía de un escribano que aún estaba en formación y no dominaba el acto de escribir. Incluso si estaban escribiendo un esbozo, los escribanos bien entrenados producían, en general, buenos ejemplos de escritura, mientras que los de los neófitos, en sus mejores ejemplos, parecen más pobremente realizados.
 
 
Fig. 6 Un ejemplo de escritura visigótica caligráfica. ¿Juan de Sevilla? Procedencia: Scriptorium de Sevilla Situación actual: Biblioteca Nacional
 
Los dos últimos tipos —semicaligráficas y semirrudimentarias— son difíciles y, en mi punto de vista, sólo se pueden distinguir en grandes corpus y teniendo en cuenta el contexto cultural y social en el que cada testimonio se puede colocar. Por ejemplo, la escritura caligráfica de un escribano bien entrenado (Fig. 7) puede ser caligráficas en comparación con la de su colega (Fig. 8) que, aunque trabajen en un entorno rural (un pequeño monasterio o un centro parroquial), muestran una clara diferencia, aunque ambas serían semicaligráficas si las comparamos con los principales maestros calígrafos. Esta atribución a uno u otro tipo, así como el grado de perfección en relación con el contexto, ha llevado a algunos estudiosos a emplear otros nombres para describir la misma cosa: profesionales, habituales o elementales.
 
 
Fig. 7 Escritura caligráfica. Littera visigótica alargada ¿Juan de Sevilla?. BNE, circa 960
 
 
Fig. 8 Escritura rudimentaria. catedral de Lugo, Colección de Documentos Privados.

 3. Tipos de letra visigótica que predominan en la etapa de evolución de la escritura

Fig. 9 Auge: Codex Vigilanus seu Albeldensis. El Escorial, Biblioteca del Monasterio, ED2
Como cualquier otra escritura, la visigótica no era la misma cuando se empezó a utilizar que cuando terminó. Los primeros años fueron los de la selección de funciones, de tomar la forma, mientras que los últimos fueron aquellos en los que la influencia de las caligrafías coetáneas fue más intensa y más profunda (lo que afecta incluso al alfabeto). Hay, por lo tanto, tres tipos teniendo en cuenta este principio: incipientes, formadas y decadentes.
 
No se sabe con certeza cuando la variante minúscula de escritura visigótica puede ser completamente distingue de los escrituras romanas tardías como para ser llamado de esa manera, aunque se sugiere que debe haber sido lo suficientemente diferentes en torno a principios del siglo VII, si no antes. El análisis de los testimonios conservados, lo que está claro es que alcanzó su perfección desde mediados del siglo X, con escribanos como Florencio de Valeránica o Vigila de Albelda (Fig. 3), a mediados del siglo XI, cuando su decadencia comenzado. Así, en general, antes de la 10 ª siglo, el caligrafía es irregular y áspera, que no tiene su conjunto estandarizado y completo de formas de las letras y las abreviaturas, sin embargo, mientras que desde el s. X en adelante es más regular y, en definitiva, perfecto, hasta finales del 11 º siglo, cuando carolina minúscula comenzó a imponer algunas de sus características en escribanos escritura visigótica.
 
Hay que decir, aunque sea brevemente, que estas etapas no son las mismas para todas las variantes regionales de la escritura visigótica , sino sólo “válidas” para esos ejemplos realizados en el norte de la Península Ibérica -en Septimania y Cataluña la carolina minúscula ya era el principal sistema de escritura en el siglo IX, mientras que en el sur de España y Toledo los escribanos que utilizaron la caligrafía visigótica se caracterizan por ser arcaicos en el desarrollo de la escritura.
 
La variante cursiva se sugiere como ya lo suficientemente individualizada alrededor del 7 º siglo. Su fase de formación parece haber sido un poco más corto que el minúscula, ya que en la mitad de 9 º siglo, se puede decir que ya está canonizado . La decadencia de la caligrafía visigótica cursiva puede ser 11 º demasiado siglo, aunque para esta variante es necesario considerar el área (variante regional) para estar seguro.

4. Tipos de letra visigótica considerando su conformidad a un canon

Para cada una de las variantes tipológicas de la caligrafía, es decir, cursiva, semicursiva, guiones minúsculas y de transición, se ha establecido una lista de características gráficas. Con el fin de describir las formas canónicas de cada variante, se han analizado y segmentado ejemplos de fuentes de la etapa “formada” de la escritura. Comparando cada ejemplo gráfico de estas características predefinidas o canonizadas que la caligrafía debe mostrar, puede ser distingue entre dos tipos de visigoda: auténtica y mixta.
 
¿Cómo clasificaríamos la escritura de los siguientes ejemplos?
 
Fig. 10 Pentateuco. Scriptorium visigodo de Sevilla, siglo XI. Desde el s XII en la Biblioteca de la Catedral de Tours. Actualmente en la Biblioteca Nacional, París
Es un bello ejemplo (por su perfección) de caligrafía visigótica cursiva (por la velocidad de sus trazos), con alargado (primera línea). Está datada (1016) y es genuina (no hay influencias externas).
 
 
 
Fig. 11. ACLU. Colección de Documentos Privados, nº 41
 
 
Por el contrario, este manuscrito un  ejemplo de escritura visigótica cursiva rudimentaria. También está datada (1081) y es genuina.

Códigos de lectura de los libros medievales (I) Las primeras dificultades

Códices Medievales y Notas Tironias

La lectura de un libro medieval puede no parecer tan diferente de la lectura de un volumen de nuestra propia estantería: sólo hay que cogerlo, abrir la primera página y empezar a leer. Sin embargo, aparte del hecho de que realmente no se pueda sostener un libro medieval de tamaño medio en la mano —un solo volumen a menudo pesa tanto como toda una estantería de libros de hoy en día— no es tampoco el mayor problema cuando realmente empiezas a leer. El primer gran problema es que necesitas para descifrar un poco. La primera ronda de decodificación comienza cuando tus ojos se encuentran con la página.
 
 
Fig. 1. Folio del Beato de Cirueña, hoy en Silos. MS 25, fol. 24a-v, detalle (finales del siglo IX)
 
Las letras en él se conforman de manera muy diferente a lo que nuestro cerebro suele estar acostumbrado, por lo que nuestra cabeza empieza a darle vueltas, lo que tal vez, incluso, nos lleve a renunciar. Veamos lo que sucede cuando uno lee este fragmento del famoso Beato de Cirueña(Fig. 1­). ¿Sencillo? Si lo viéramos a tamaño real, con un poco de esfuerzo, lo podríamos leer bien.
 
Cuando hayamos terminado con eso, tratemos de descifrar el segundo, un autógrafo escrito en lo que se le califica apropiadamente como una “littera inintelligibilis” de Tomás de Aquino (Fig. 2).
 

 
Fig. 2 – Biblioteca Vaticana, Vat. Lat. 9850, autógrafo de Aquino, 1260-65
 
El siguiente manuscrito es muy anterior al autógrafo de Tomás de Aquino:
 

 
Fig. 3 Leiden, Biblioteca Universitaria, VLF MS 30, fol. 22v (siglo IX)
 
El paleógrafo Lowe lo definió como Carolino Prealemánico minúsculo, lo que significa que data de antes de la creación de la letra Carolina minúscula, que apareció poco antes del 800, y a cuya familia corresponden letras como las que está leyendo en este artículo. Es relativamente fácil decodificar el último con nuestros cerebros actuales. Esto se debe a que las impresoras tempranas en Italia utilizaban la tipografía Carolina como modelo para las tipografías romanas, que en última instancia se convirtieron en las actuales Romanas o Latinas. Porque, de hecho, leemos una versión de Carolina en nuestra pantalla de ordenador cada día, podemos leer y darle sentido a una página medieval del siglo IX (Fig. 3).
 
Sin embargo, —incluso si uno es capaz de leer esa “tipografía” fácil de antes de la invención de la imprenta, por ejemplo, porque es paleógrafo o historiador del libro medieval— hay un segundo problema de codificación a superar, que es mucho más complicado: las letras y palabras se abrevian frecuentemente con símbolos. De hecho, a veces el texto de una página completa o incluso un libro entero está escrito en código. Al igual que cualquier código cifrado, sólo se puede leer si conoce la clave.

Abreviaturas

La decodificación de letras abreviadas y palabras cortas y comunes no es una ciencia compleja, ni lo era para los lectores medievales. Algunas de estas abreviaturas están en realidad en uso hoy en día, como el símbolo de unión en la primera línea de la fig. 5, que comienza con‘Ignibus & ignis‘. El signo & abrevia la palabra et (y), de la que, de hecho, evolucionó.
 
 

Fig. 4 La conjunción latina et se transforma caligráficamente en la grafía & (léase “y” o “et”, a los de lengua inglesa les dejamos la horrible palabra “ampersand”
 
 
Palabras menos frecuentes también pueden estar abreviadas, pero esta práctica es difícil de encontrar si el escribano medieval tenía que juzgar que el lector del libro fuera capaz de entender las abreviaturas. De lo contrario, el texto no podría ser decodificado. Los estudiantes en el ambiente escolar de las universidades emergentes eran maestros en codificar y decodificar sus palabras (Fig. 5, parte superior: el manuscrito está anotado por un estudiante, igual que se podría ver en cualquier manual actual, si no te pilla el bibliotecario, claro).
 
 
 Fig. 5 Londres, Biblioteca Británica, Arundel, De Sophisticis, MS 383 (1250-1300)
 
Los estudiantes que llenaron esta página con notas abreviaban las palabras como si no hubiera mañana. De hecho, en el segmento superior (en tinta más clara) cada palabra se acorta con la ayuda de líneas, círculos entre palabras, bucles, puntos y otras cosas. Tiene sentido que los estudiantes hicieron esto: las palabras son sólo para uso personal, por lo que podían hacer lo que quisieran. Por otra parte, acortando el texto de esta manera ahorramos tiempo y espacio. Las palabras codificadas dejan espacio para poder usar muchas más palabras codificadas.

Notas Tironias

 
 
Fig. 7 París, Biblioteca Nacional de Francia, lat. MS 11553 (siglo IX)

 
En la Edad Media existía un lenguaje abreviado peculiar, que incluso un lector experimentado en ese momento no necesariamente era capaz de descifrar: las notas (anotaciones) Tironias. Este sistema medieval de taquigrafía (fig. 6) hizo uso de varios miles de símbolos, que abreviaban palabras enteras. El lenguaje tiene sus raíces en la Antigüedad. El poeta Plutarco nos dice que Cicerón había entrenado escribas para tomar notas a un ritmo rápido, incluyendo a su siervo Tiro —de ahí el nombre que se dan a estas anotaciones medievales. 
 
  Es raro encontrarse con un texto manuscrito copiado completamente en notas Tironias. La mayoría están todos en los Salmos, como los de la Biblioteca Nacional de París, lat. MS 190 y lat. MS 13160, ambos del siglo IX (Fig. 8). Lo que es realmente bueno de estas páginas codificadas es que la primera nota Tironia de cada capítulo aparece en el mismo estilo como una si fuera una letra adornada regular: ampliada y pintada. El resultado es una forma grande y hermosa aunque sin sentido… a menos que sepamos lo que significa.
 
 
 
Fig. 8 París, Biblioteca Nacional de Francia, lat. MS 190 Vista del margen derecho del folio escrito en Tironias (siglo XC)
 

A primera vista parece una práctica extraña escribir un libro entero en código, que sólo puede ser descifrado por los eruditos que hubieran disfrutado el mismo alto nivel de formación que el escriba. Sin embargo, tal vez se utilizaron estos libros peculiares para capacitar a personas en el sistema de notación. Los monjes se sabían los salmos de memoria, por lo que eran la herramienta perfecta para conocer la extraña lengua de Tiro. Los enunciados en latín se convertirían en un texto más fácil de memorizar, después de lo cual tal vez los símbolos podrían desecharse. Llama la atención, en este sentido, que los Salmos en el MS 190 (fig. 8­) estén precedidos por una especie de diccionario para buscar el significado de los símbolos —como cuando se quiere aprender un nuevo idioma. Varios de estos textos explicativos sobreviven, incluso en otros manuscritos de París (como lat. 7493,  lat. 8777,  lat. 8778 y lat. 8780).
 
Un texto explicativo similar se encuentra en Leiden (Fig. 9). Las primeras entradas en esta página lea liber, libelo y librarius (libro, folleto y biblioteca). El símbolo de la primera parece una línea curvada por un punto, en el segundo el punto se sustituye por una coma, mientras que la tercera muestra tanto punto y coma —una biblioteca, al fin y al cabo, se ve después de ambos libros y folletos. Luego siguen las palabras relacionadas, como pergamino (pergamena) y menos comunes, página (pitacium), y hojas (carta, cartula). Como muestra este segmento, el texto no es tanto un diccionario como una colección de listas de palabras temáticas.
 
 


 
Fig. 9 Leiden, Biblioteca Universitaria, VLO MS 84, detalle (siglo IX)


Códigos indescifrables

Aunque no todo el mundo en la época medieval sería capaz de leer las notas Tironias, seguramente muchos medievalistas podrían descifrarlas. Sin embargo, hay un famoso libro codificado que nadie podía leer, excepto su creador: el manuscrito Voynich, que está escrito en un alfabeto desconocido (Fig. 10). Existe una considerable discusión sobre muchos aspectos de este manuscrito, incluyendo su fecha precisa y el significado del texto que contiene. Este último es quizás el aspecto más llamativo del código en el que está escrito el texto: nadie ha sido capaz de descifrarlo.
 
 
Fig. 10 Yale, Biblioteca Beinecke, MS 408 (siglo XV)

 



El manuscrito tiene fascinado a los estudiosos desde hace mucho tiempo. Incluso en 2013, cuando los medios de comunicación dijeron el libro tenía un mensaje descifrable, ni siquiera era claro si tenía sentido o era una locura. Finalmente, en febrero 2014 un profesor de inglés decodificó diez palabras a través de los nombres propios de las plantas. Es muy intrigante el libro, desde un punto de vista histórico, pero mucho menos interesante que las notas Tironias. Después de todo, mientras que el manuscrito Voynich parece estar codificado de una manera muy personal, colocando el libro en una posición relativamente aislada, las notas Tironias proporcionan una mirada en profundidad en el fascinante mundo de los eruditos medievales.
 
Para escuchar sus voces, todo lo que necesita hacer es descifrar el código.

21 marzo 2015

Códigos de lectura de los libros medievales (II). La letra Carolina


   Minuskel Karolingische. Carolina, minúscula carolingia, pequeña carolina, o simplemente minúscula. La minúscula (o Carolina) era más fácil de leer y escribir. Cuando se pasó a escribir en minúscula, se mantuvo la mayúscula para encabezar algunas palabras; en alemán, todos los sustantivos, mientras que en español y otras lenguas romances, sólo los nombres propios. Su nombre se debe a su uso generalizado como grafía a partir de la extensión del sacro Imperio Romano Germánico por Carlomagno.
 
 
Carlomagno (óleo de Alberto Durero)
Carlos I el Grande, conocido como Carlomagno (Aquisgrán, 742—Aix-la-Chapelle, 814), fue el monarca francogermano que restauró el Imperio en Europa occidental. Hijo primogénito del rey de los francos, Pipino el Breve, heredó el Trono al morir su padre (768) y lo completó con los territorios orientales concedidos a su hermano Carlomán, al morir éste en el año 771.
 
Su política expansiva continuó con la conquista y anexión del reino lombardo (el norte de Italia), realizada en el 774, mediante una alianza de los francos con el Papado. Dominada Italia (aunque pervivían tendencias particularistas, especialmente fuertes en los ducados meridionales de Spoleto y Benevento), Carlomagno concentró sus energías en la conquista de Sajonia (norte de Alemania), empresa que le exigió dieciocho campañas sucesivas entre los años 772 y 804.
 
Carlomagno dominaba así el más importante reino de la Europa de su época; pero para mantenerlo tuvo que combatir continuamente: unas veces contra rebeliones o resistencias internas y otras para asegurar las fronteras contra enemigos exteriores. Entre estas últimas cabe destacar la guerra contra los ávaros en la frontera oriental, que le llevó a dominar los territorios actuales de Hungría, Croacia y parte de Serbia; y también un intento infructuoso de penetrar en España, abortado por la derrota que le infligieron en la batalla de Roncesvalles (778), pero que le sirvió al menos para crear una Marca Hispánica sometida al reino franco, que iba de Pamplona a Barcelona.
 
 

Muchas son las teorías acerca del origen de la minúscula carolingia y ninguna es definitiva. Se ha defendido un origen romano (Liber Diurnus, escrito en Roma), franco (Biblia de Mordanno, escrita en Corbie) o incluso poligenético (teoría de Schiaparelli) que defiende que este tipo de escritura no fue producto de un lugar o centro concreto, sino el resultado del vasto movimiento cultural de índole general como el que se dio en el Renacimiento carolingio de los tiempos de Carlomagno. El nuevo orden político y religioso universal, despertado en esta etapa, debía ir acompañado de una nueva escritura universal, papel que desempeñó la escritura carolingia. Esta fue en parte creada conscientemente en la corte carolingia como elemento unificador y difusor de cultura.
La letra Carolina o Carolingia se estableció como lo que hoy llamaríamos Tipografía corporativa por el emperador Carlomagno. Se propagó rápidamente no sólo en el enorme territorio del Reino Franco, que se extendía hacia el Ebro, sino también por todo el occidente cristiano.
 
La carta y otros documentos oficiales fueron primero los usos esenciales de la grafía Carolina medieval, y su adopción se inserta en el movimiento de renovación intelectual impulsado por Carlomagno, quien, aunque prácticamente analfabeto, fue un gran impulsor del estudio de la antigüedad y de la recuperación de la herencia griega y romana. La mayoría de los documentos en latín y griego, cruciales a la cultura humanista, fueron copiados en Carolina y difundidos por los conventos de Tours, Lorsch, Reichenau, Saint Gallen y otros.
 

Origen de la escritura carolina


 
 





 
Letras unciales
Libro de Kells, del año 800
 En realidad, la escritura carolina ya existía antes de que Carlomagno ascendiera al trono y antes de llegar a ser la «tipografía corporativa» en su Reino. De este tipo se deriva el primer francés pequeño caligráfico. La primera de estas escrituras nació en Luxueil y lleva el nombre de esta Fundación monástica irlandesa y alcanzó su apogeo alrededor del año 700. La carolina retomó algunas formas de Letras unciales (mayúsculas, tomando “mayúscula” en su sentido paleográfico, es decir, un tipo de letra que queda determinado por dos líneas paralelas horizontales, mientra que la minúscula requiere de cuatro) y semiunciales. Las letras redondas, de rasgos regulares, ofrecen la claridad suficiente para asegurar (incluso hoy) al lector una gran legibilidad y al escribano un movimiento fluido y fácil.
 
El proyecto de implementación de la Carolina en el Reino Franco fue dirigido por el Abad Alcuino de York en Inglaterra, más tarde maestro del scriptorium del monasterio de San Martín de Tours, en colaboración con la escuela de escritura y de la cancillería imperial de Carlomagno. Alcuino nació en York, Northumbria (Gran Bretaña), en 735 y murió el 19 de mayo 804 en Tours (Francia). Estudió en la escuela Minster de York y probablemente también en Italia. Enseñó durante unos 15 años en la escuela de la Catedral de York, donde creó una de las mejores bibliotecas de Europa luego y transformó la escuela en uno de los mayores centros de saber.
 
Alcuino, llamado en 782 a asesorar y ayudar a Carlomagno, logró en pocos años la estandarización de la escritura en todas las provincias del vasto imperio franco— el dominio europeo más grande desde el imperio romano. Fundó la escuela del Palacio de Aquisgrán, donde les enseñaron las siete artes liberales, según el sistema educativo de Casiodoro. Con el apoyo incondicional del emperador Carlomagno, Alcuino de York fue el promotor de una vasta campaña de alfabetización y escritura unificada basada en la grafía Carolina.
 

Arriba y abajo, Manuscrito francés de la segunda mitad del siglo VIII

 
Más tarde, sobre el 800 fue la grafía oficial del sacro imperio romano, un nuevo impulso de homogeneización y estandarización de la escritura en gran parte de Europa. Esta fue una decisión política: una secuencia de órdenes que se impuso deliberadamente para poner fin a la confusión causada por los diferentes territorios bastardos imperantes en el Reino Franco y estandarizar la escritura en todas las provincias, haciéndola más fácil de leer, al tiempo que favorecía el intercambio de documentos.
 
En 819, la Carolina ya había sido introducida con éxito en la mayoría de cancillerías, escuelas y comercios del Reino Franco. Con unas pocas excepciones, la Carolina se expandió rápidamente por toda Europa Central. Después romana, era la nueva escritura universal.
 
Contrariamente a lo que el nombre sugiere, la carolina minúscula incluyó letras mayúsculas en muchos textos; Además, los monjes copistas a menudo combinaban esta letra con Capitalis quadrata y Capitalis rustica o alfabetos unciales, consiguiendo armoniosos contrastes gráficos. Las quadrata las solemos encontrar en papiro y pergamino, mientras que las rustica tienen una forma similar pero más simplificada y adaptada a otros materiales de soporte.
 
En la Península Ibérica, la Carolina entró muy tarde. Es en los siglos XI-XII cuando se produce la transición de las grafías visigodas. El nuevo sistema de escritura penetró por el Camino de Santiago y la llegada de la orden francesa de Cluny en el Reino de León, al que pertenecía en ese momento Galicia. Se expandió más rápidamente por ciudades como Santiago de Compostela; el mundo rural, fuera de las corrientes innovadoras dio permanencia a los visigodos.
 
El arzobispo gallego Xelmírez tuvo gran papel tanto en acontecimientos políticos como culturales; las nuevas tendencias se manifestaban en letra Carolina, que tuvo en él un gran defensor.
 
La minúscula carolingia era clara y uniforme, con formas redondeadas, disciplinada y sobre todo, legible. Las letras capitales claras y los espacios entre palabras —normas que tomamos de esta escritura— se convirtieron en estándares en la minúscula carolingia, la cual fue resultado de una campaña para alcanzar culturalmente una unificación, una estandarización a lo largo del Imperio carolingio. La escritura carolingia generalmente tiene menos ligaduras que otras escrituras contemporáneas, aunque la conjunción et (que como explicamos en otro artículo, evolucionó a la grafía &), y las ligaduras de æ, rt, st, y ct son comunes. La letra d a menudo aparece en forma uncial, con un asta ascendente inclinándose hacia la izquierda, pero la letra g es esencialmente la misma que posee la moderna minúscula. Las astas ascendentes usualmente se hacen más densas.
 
La Carolina fue utilizada desde el siglo IX hasta el siglo XIV, con bellos ejemplos de expresión de esta letra. Cuando tuvo su apogeo, coincidió con el inicio de la letra gótica, se convirtió en obsoleta, hasta renacer renovada en el Renacimiento en que volvió a universalizarse. Hoy en día, la Carolina continúa viviendo en nuestra tipografía cotidiana, después de fusionarse con las distintas formas romanas.

Como este texto que ven en pantalla.