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08 junio 2015

Los más antiguos fragmentos y códices iluminados de Beato de Liébana

Fue muy grande el impacto producido en los monasterios hispánicos por los Comentarios al Apocalipsisdel Beato de Liébana, difundiéndose de tal modo esta obra que llegó a convertirse en uno de los libros básicos de la espiritualidad de aquellos siglos. Los primeros ejemplares ilustrados que conservamos datan del siglo X y proceden de los escritorios monásticos del reino de León —que entonces comprendía Asturias, Galicia, León y parte de la futura Castilla— y de la monarquía de Pamplona. Esta última integraba además del territorio pamplonés, las tierras de Nájera y el Condado de Aragón. No obstante, los autores tienden hoy a situar en torno a los últimos decenios del siglo IX el más antiguo fragmento ilustrado de Beato que ha llegado hasta nosotros. Se trata del códice de Cirueña custodiado actualmente en la Biblioteca del monasterio de Silos (fragmento 4), consistente en parte de un mismo folio con su correspondiente ilustración. Según el profesor M. C. Díaz y Díaz el manuscrito podría haber salido de algún escritorio navarro o altoaragonés.

Beato de Tábara

Beato de Tábara
El Beato de Tábara (Zamora) es un códice hispano fechado en el s. X, un de los pocos que se consideran de características mozárabes. Es parcialmente una copia del Beato de Liébana, iluminado en principio con alrededor de 110 miniaturas de las que tan sólo ocho han llegado al s. XXI. Está escrito en letra visigótica, a dos columnas, y con anotaciones en árabe al margen, y se conservan 166 folios del original, procedente de un monasterio sin identificar. Después se añadieron dos folios del monasterio de Tábara, y de ahí recibió el nombre.
El Beato de Tábara, es conocido por esta iluminación que, curiosamente, no pertenece al códice original, sino que forma parte de un añadido posterior de dos folios recortados de otro códice desconocido. En la iluminación se representa elscriptorium en la Torre del Monasterio de San Salvador de Tábara, en la provincia de Zamora, donde pueden apreciarse los calígrafos y miniaturistas, el orden y disposición de los libros en la torre y otras estancias.
El manuscrito ha llegado a nosotros muy mutilado, la mayoría de las miniaturas han sido cortadas y solamente quedan nueve. Entre ellas destaca por su originalidad temática ajena al Comentario la que representa la Torre del monasterio con el scriptorium anejo, formado por dos dependencias. En la primera trabajan sentados frente a frente Senior y Emeterio, presbítero, según los identifican las inscripciones que corren por encima de ellos. La de este último añade además fatigatus, el mismo calificativo que se aplica a sí mismo en el colofón. En la estancia de al lado otro personaje, sentado en un taburete, corta el pergamino sirviéndose de unas grandes tijeras.
La obra pertenece a un tal Monniu presbiter scripsit y otro copista desconocido. Los dos folios añadidos, de menor importancia, son sin embargo los que le dieron el nombre y a conocer. En ellos trabajó Magio o Magius, maestro del Monasterio de San Salvador de Tábara, provincia de Zamora, aunque fue terminado por su discípuloEmeterio en el 970 con la ayuda de Senior y la monja Eude —o Ende (tal como aparece en el colofón del Beato de Gerona, de nuevo asociado al sacerdote Emeterio)—. Estos folios debieron ser parte de otro códice, del que no se tiene más información. Del monasterio, tras los distintos procesos desamortizadores del siglo XIX, terminó en manos del titular del Archivo de León que terminó por entregarlo a la Escuela de Diplomacia. De allí, pasó alArchivo Histórico Nacional en Madrid, donde permanece.

Códice fragmentario de Cirueña

A pesar del carácter primitivo e incluso tosco con que los autores lo han calificado, el fragmento ofrece el interés de mostrarnos la ilustración más antigua que conocemos de los Beatos, en la cual se pueden observar ya los principios que rigen en la ilustración de los Comentarios. La miniatura ilustra el pasaje del Ap. VI, 9-11. La imagen se ha dividido en dos registros. Arriba se representa a gran escala el altar y debajo de éste en el mismo eje el busto de Cristo con su nimbo crucífero. Conforme a la visión joánica, bajo el altar figuran las almas de los mártires representados por medio de palomas, de acuerdo con un viejo simbolismo de tradición pagana muy utilizado por el primer arte cristiano.
Estos mismos mártires han sido figurados también en su forma corporal con sus cabezas y cuerpos decapitados, ya que el texto indudablemente impone a la imaginación (y por tanto a la figuración) su presencia física, puesto que “clamabant voce magna dicentes” (VI, 10) y “datae sunt illis singulae stolae albae” (VI, 11). A cada lado del altar cuelga una corona votiva. En el registro inferior se representa este mismo altar desde otra perspectiva y sobre él otra corona. Los mártires han sido representados esta vez por medio de las palomas y las cabezas decapitadas.

Beato de San Miguel de Escalada

Beato de San Miguel de Escalada
Aunque conservemos algún fragmento de Beato que testimonia su difusión en el reino de León al menos desde principios del siglo X (San Pedro de Dueñas-León, Archivo de Monasterio, frag. 1), uno de los más antiguos códices ilustrados que han llegado hasta nosotros es el que elaboró Maio a mediados de siglo en el monasterio de San Miguel de Escalada. Se trata del más célebre de los manuscritos que contienen el Comentario al Apocalipsis y se custodia actualmente en la Pierpont Morgan Library de Nueva York (MS. 644). El nombre del autor aparece por dos veces citado, una en el extenso colofón y otra al final del texto del Comentario. A él se le ha atribuido la importante renovación que sufre en esta época la tradición pictórica de los Comentarios, de la cual la ilustración de este códice ofrece el más antiguo testimonio (rama IIa).
Las principales novedades han afectado al número de las miniaturas y a su disposición. En cuanto a lo primero se amplía el ciclo de ilustraciones introduciéndose los retratos de los Evangelistas y las tablas genealógicas inexistentes en los manuscritos de la rama I y se añade además el Comentario ilustrado al Libro de Daniel. En cuanto a la disposición de las miniaturas, éstas ahora se enmarcan y sus fondos se pintan en franjas de color al estilo de las que nos proporcionan algunos manuscritos bíblicos de la escuela carolingia de Tours. Además, algunas miniaturas ocupan doble página, lo cual es excepcional en la primera versión ilustrada.
De gran interés para el sentido de estas ilustraciones es el colofón en el que Maio nos da a conocer su propósito al pintarlas: “(…) Verba mirifica storiarumque depinxi per seriem ut scientibus terreant iudicii futuri adventui (…)”. En él se indica igualmente la fecha del manuscrito que ha dado lugar a diversas interpretaciones, siendo hoy la más comúnmente aceptada la del año 962.
Desde el punto de vista estilístico el Beato representa la fase de madurez alcanzada por la miniatura hispánica a partir de los años 40 del siglo, que se caracteriza por una concepción de la figura menos abstracta y decorativista que la de las décadas precedentes. A ello se suman las influencias foráneas, principalmente carolingias e islámicas. A la escuela de Tours remiten, por ejemplo, las dos iniciales más profusamente miniadas de nuestro Beato.
Elementos islámicos los encontramos en varias miniaturas, si bien pueden servirnos de ejemplo los músicos sentados a la turca (una pierna flexionada en recto, la otra tendida en el suelo) y sus laúdes con el cuello doblado de la visión del Cordero (fol. 87), muy parecidos a los que figuran en muchos marfiles hispano-musulmanes. Otro ejemplo elocuente nos lo brindan las dovelas alternadas en blanco y rojo del arco de herradura en la ilustración del festín de Baltasar del ciclo de Daniel (fol. 255v).
Los especialistas han venido identificando unánimemente a nuestro miniaturista con Magio, quien aparece mencionado en el colofón de otro Comentario al Apocalipsis como autor del mismo. Este último fue emprendido por el miniaturista en el año 968 en el monasterio de San Salvador de Tabara (Zamora), pero desafortunadamente su muerte acaecida el 29 de noviembre de ese mismo año le impidió terminarlo, tarea que los monjes confiaron casi dos años después a Emeterio, discípulo de aquél, ayudado por Senior. El códice se conserva actualmente en elArchivo Histórico Nacional de Madrid (MS. 1097B).
El manuscrito ha llegado a nosotros muy mutilado, la mayoría de las miniaturas han sido cortadas y solamente quedan nueve. Entre ellas destaca por su originalidad temática ajena al Comentario la que representa la Torre del monasterio con el scriptorium anejo, formado por dos dependencias. En la primera trabajan sentados frente a frente Senior y Emeterio, presbítero, según los identifican las inscripciones que corren por encima de ellos. La de este último añade además fatigatus, el mismo calificativo que se aplica a sí mismo en el colofón. En la estancia de al lado otro personaje, sentado en un taburete, corta el pergamino sirviéndose de unas grandes tijeras.
Desde el punto de vista de la tradición pictórica este Beato, que sigue un modelo diferente del de Morgan, representa una fase más reciente de la II versión ilustrada (IIb). Algunos autores le han atribuido un papel fundamental en el último rebrote del Comentario sirviendo de modelo más o menos directo a otras cuatro copias por lo menos que se llevaron a cabo en la región castellana entre fines del siglo XII y primera mitad del siglo XIII.

Beato de Gerona

Los dos testigos Beato de Gerona
A la misma tradición pictórica que el Beato de Tabara pertenece el célebre Beato de Gerona (Catedral, MS. 7), elaborado probablemente en otro monasterio leonés, aún desconocido, por el mismo autor de aquél, el presbítero Emeterio y el escriba Senior además de la monja Eude o Ende, que corrió a cargo con gran parte de su ilustración. El manuscrito está datado en el año 975. Es sin duda el más rico de todos los códices de Beato, pues además de la ilustración del texto apocalíptico y del Comentario de Daniel, de los cuatro Evangelistas y las tablas genealógicas, incluye entre los folios preliminares la Cruz de Oviedo, la Maiestas Domini, un ciclo de la vida de Jesús, el pájaro y la serpiente, la representación de los autores, y el alfa y la omega.
Ya hemos dicho también que es el único códice de Beato (y su copia el Beato de Turín) que incorpora una representación del cielo y otra del Bautismo de Cristo, esta última inserta en el texto apocalíptico. Dada la escasez de ilustraciones del Nuevo Testamento en las biblias hispánicas contemporáneas, resulta aún más atractivo este interesante ciclo iconográfico dedicado a la vida de Cristo. Sus fuentes literarias rebasan las estrictamente bíblicas, inspirándose en apócrifos poco frecuentes y otros textos. Nordström ha llamado la atención sobre las miniaturas que representan la infancia de Cristo, que considera inspiradas en obras de Flavio Josefo, al menos en todo lo concerniente a la historia de Herodes y su castigo (fol. 15v).
Una de las imágenes más bellas es la de la Crucifixión que ocupa el folio entero (fol. 16v). La mayoría de sus elementos iconográficos como el cáliz —de claro simbolismo eucarístico y eclesiológico—, la disposición de los dos ladrones, el sol y la luna, han sido tomados del mundo carolingio, pero otros, como la tumba de Adán, el ángel y el diablo encima del buen y mal ladrón —que no reaparece en nuestro arte hispánico hasta el siglo XII (claustro románico de la catedral de Pamplona)—, testimonian la presencia en la región leonesa durante el siglo X de repertorios visuales y literarios de diversa procedencia.
La influencia islámica se manifiesta también en otros temas y composiciones como en la primera visión de la mujer sobre la bestia frente a un bello árbol (fol. 63), que remite, según el profesor Yarza, a modelos sasánidas retomados por el arte musulmán. En cuanto al estilo, los autores lo han considerado como el más prerrománico de todos los Beatos del siglo X, lo cual se hace manifiesto en la mayor esbeltez de los personajes y en el plegado de la vestimenta con estilizaciones y ritmos propios de aquél. Es posible que el códice estuviera ya en Gerona a fines del siglo XI.
Si estos dos códices, los Beatos de Tabara y Gerona, representan la última fase en el desarrollo de la tradición pictórica de los Comentarios (IIb), también por estos años se siguen copiando en los monasterios de la monarquía leonesa códices que siguen la tradición ilustrativa de la familia IIa a la que pertenece, como hemos visto, el Beato de Maio. Una gran afinidad con éste tiene el Beato que en el año 970 se copiaba en el monasterio de Valcavado por el escriba Obeco que fue también su iluminador (Valladolid, Biblioteca de la Universidad, cod. 433). El nombre del abad que lo encargó figura en la inscripción del laberinto situado en los primeros folios del códice.
Estos laberintos cuyo uso remonta al mundo clásico, son elementos que gozan de una larga tradición en la Península y que se encuentran en numerosos manuscritos fechados en los siglos X y XI. El del Beato de Valcavado adopta la forma de rombo, lo mismo que el de Maio, y está enmarcado con orla de lacería y una preciosa composición de dos pavos reales entre ramos de olivo y otras pequeñas aves entre tallos con flores. La inscripción reza “Sempronius abba librum”. Encontramos en este Beato los mismos elementos característicos de la renovación pictórica que sufre el Comentario en el siglo X y que hemos visto en el Beato de Maio. Un ejemplo elocuente nos lo brinda la ilustración del Cordero sobre el monte Sión (fol. 145v), que nos ofrece los mismos motivos islámicos, los músicos sentados a la turca y los laúdes con el cuello doblado que observamos en la Adoración del Cordero del Beato de Maio.
Con éste coincide también la representación de los cuatro seres vivientes sobre discos con decoración a modo de hélices, fruto según el profesor Williams de esta misma reforma pictórica e inexistentes en cambio en los manuscritos de la primera tradición ilustrativa del Comentario. Esta nueva fórmula es peculiarmente hispánica y su uso está atestiguado en la Península desde comienzos de siglo, en los relicarios hechos para Alfonso III el Magno. A la misma tradición pictórica que los Beatos de Morgan y Valcavado pertenece también el Beato de la Seo de Urgel (Archivo de la Catedral, 26), de fines del siglo X. Su origen nos es todavía desconocido si bien las opiniones de los autores se dividen entre los historiadores del arte que lo consideran leonés en virtud de su programa iconográfico, muy parecido al de los Beatos mencionados (Williams), y los codicólogos que lo atribuyen a una zona más oriental, en la región navarra o riojana (Díaz y Díaz). El manuscrito, al parecer, se encontraba ya en su emplazamiento actual a mediados del siglo XII. Desde el punto de vista estilístico es el más esquemático de todos los Beatos del siglo X.

Beatos riojanos: San Martín de la Cogolla y San Martín de Albelda

Beato San Millan de la Cogolla
Otro gran foco difusor de Beatos fue La Rioja, zona que cuenta en esta época con un gran número de monasterios, restaurados unos y otros fundados bajo los auspicios de los reyes de Pamplona. Dos de ellos despuntan por su pujanza cultural y artística: el deSan Martín de Albelda y el de San Millán de la Cogolla, cada uno con su escritorio propio. Aunque ambos produjeron un gran número de manuscritos, es muy poco lo que ha llegado a nosotros de Albelda, en contraste con el monasterio de San Millán, del que conservamos todavía numerosos códices. De las ocho o nueve copias ilustradas del Comentario de Beato que conservamos del siglo X, tres se relacionan con San Millán de la Cogolla: Los Beatos de la Biblioteca Nacional de Madrid (ms. vitr. 14-1), el de la Biblioteca del Real Monasterio de El Escorial (&. 11.5) y el de la Academia de la Historia (cod. 33).
Si tenemos en cuenta que estos tres manuscritos representan la rama más antigua de la tradición pictórica de los Beatos se comprenderá la importancia de estos códices para el conocimiento de las características de la primera versión ilustrada del Comentario. Dentro de ésta, el Beato de la Biblioteca Nacional de Madrid representa una fase más reciente mientras que los Beatos de El Escorial y Academia de la Historia reflejan la fase ilustrativa más antigua.

a) Beato de la Biblioteca Nacional de Madrid

También conocido como Beato de Facundo (por ser el copista que lo firma) o Beato de Fernando I y doña Sancha (vitrina 14-2 de la Biblioteca Nacional de Madrid), es un manuscrito iluminado de mediados del siglo XI. Su segunda denominación se debe al nombre del donante, Fernando I de León y Castilla. también se le denomina como Beato de San Isidoro de León por ser la Basílica de San Isidoro de León el lugar donde se encontraba originalmente. Se conserva en la Biblioteca Nacional de España (Madrid) con la referencia Vit. 14-2.
De los tres códices que ahora nos ocupan, el que mayores controversias ha planteado es el Beato de la Biblioteca Nacional de Madrid. El origen emilianense que le han atribuido los paleógrafos y codicólogos fue ya puesto en duda por M. Mentré, que lo consideró copia probablemente castellana adjudicadle al escritorio de Valeránica. Más tarde el manuscrito fue estudiado exhaustivamente por P. Klein, quien lo adjudicó a la zona sudoriental del viejo reino, en zona fronteriza con Castilla y con los reinos árabes del sur, fechándolo a mediados del siglo X (h. 930-950). En cualquier caso, sea cual fuere su origen, el manuscrito ha llegado al monasterio riojano quizá en el mismo siglo X o poco después, incorporándose como tantos otros códices a la biblioteca del cenobio.
Beato Facundus Juicio Final
[Haré una sola observación personal: nos encontramos ante el Beato por excelencia, es decir, el que mejor representa sintéticamente el modo de escritura e iluminación. Es, quizá, el que mayor influencia tuvo. No fue en vano que Umberto Eco eligiera una copia de este Beato como el primer códice salvado en su novela El nombre de la rosa, una vez que no se pudo salvar el supuesto Libro II de la Poética de Aristóteles e insistiera al director de la versión cinematográfica que fuera el único plano y frase a la que no renunciaría.]
Las miniaturas de este Beato siguen las características de la primera versión pictórica, como por ejemplo puede observarse en el Mensaje a la Iglesia de Esmirna (fol. 23), ilustrado, como en casi todos los manuscritos de la rama I, por San Juan y el ángel de la Iglesia respectiva situados dentro y no fuera (como en la rama IIab) de la Iglesia.
A ésta se alude de modo esquemático mediante un marco rectangular ensanchado arriba y abajo por una triple arcada. Ilustraciones parecidas encontramos en el mensaje a la Iglesia de Esmirna de los Beatos de El Escorial y Academia de la Historia. Sin embargo, algunas veces las miniaturas de este Beato reflejan una fase más tardía de la primera redacción pictórica. Así, como ha observado P. Klein, en la ilustración de El templo abierto con el arca del Testamento y la Bestia que sube del abismo la miniatura del Beato de la Biblioteca Nacional de Madrid (fol. 108v) al haber colocado la bestia debajo del templo juntos, aunque ambos todavía sin enmarcar, refleja una fase posterior a la de la ilustración correspondiente del Beato de El Escorial, en el que ambos, templo y bestia, están separados, cada uno incluso en una página distinta.
Beato de Liébana códice de Fernando I y Dña. Sancha
Una imagen muy bella y original es la de la “mulier amicta sole” que ilustra al Apoc. XII, 1-18. Este fue uno de los pasajes escriturísticos que casi todos los Beatos ilustran con una miniatura que ocupa los dos folios. Nuestro Beato sólo conserva la imagen de la izquierda. La mujer orante con el Niño en su seno responde en líneas generales al prototipo bizantino de Virgen Blachernitissa-platytera, y hace alusión al relato apocalíptico según el cual esta mujer “llevaba un hijo en su seno” (Apoc. XII, 1). Encima una mujer con alas, a la que hace referencia el Apoc. XII, 1-4, lleva al Niño en sus brazos y probablemente lo presente a Dios. Es en esta última escena —la del rapto del Niño— donde quedan más claras las diferencias iconográficas patentes entre la primera y segunda versión ilustrada, pues mientras en los manuscritos de la primera el Niño es presentado a Dios por una mujer (con o sin alas), en los códices de la segunda el Niño es conducido ante Él por un ángel. Pensamos que alguna razón de carácter exegético quizá ajena al Comentario, que por el momento sólo intuimos, podría explicarnos esta sustitución de un personaje por otro.

b) Beato de El Escorial (procedente de San Millán de la Cogolla)

Al filo del año mil han situado los autores los otros dos Beatos vinculados en esta época a San Millán. El Beato de El Escorial fue adscrito al taller riojano por  Gonzalo Menéndez Pidal en base a su parecido estilístico con otros códices realizados en el escritorio monacal en la segunda mitad del siglo X. Su origen emilianense ha sido reafirmado recientemente también por el profesor Díaz y Díaz al estimar su proximidad al Códice Conciliar Emilianense del año 994. Ya hemos aludido a algunas miniaturas de este Beato —la iglesia de Esmirna, el templo abierto y la Bestia que surge del abismo—, que reflejan la fase más antigua de la primera versión ilustrada del Comentario. Característica de ésta es que la mayoría de las miniaturas está intercalada en las columnas del texto, en lugar de ocupar un folio o dos folios enteros.
Sólo hay dos excepciones en este ejemplar: las imágenes de Adán y Eva y la visión del Juicio en forma de siega y vendimia. Ilustra la primera el prólogo al libro II ocupando el lugar que en los demás Beatos se representa el mapamundi, en el cual el Oriente aparece figurado en la parte superior, situándose en él el Paraíso con la imagen de Adán y Eva, el árbol y la serpiente. Aquí se ha representado exclusivamente todo este conjunto del Edén a gran escala ocupando la página entera y se ha omitido el mapa. En la visión del juicio se hace patente la identificación del Hijo del Hombre con Cristo como es característico de la primera versión ilustrada, a diferencia de los manuscritos que representan la segunda versión, en la que se le identifica como ángel.
Beato San Millán folio 921d
Es evidente que en la ilustración de esta segunda versión hubo también una renovación iconográfica de las imágenes de la primera, por influencia —en este caso— del Comentario que equipara al Hijo del Hombre con el ángel vendimiador interpretándolos a los dos como Cristo. Se hace también ostensible de modo más claro en la primera versión pictórica el carácter de Juicio en forma de siega y vendimia. A este efecto coadyuva de modo primordial la colocación del Hijo del Hombre sentado sobre la nube arriba, ocupando el centro de la composición, como puede observarse en el Beato que nos ocupa.

c) Beato de la Academia de la Historia

Beato RAHFinalmente, otro Beato relacionado con San Millán de la Cogolla es el manuscrito que se conserva en la Academia de la Historia, ejemplar notable y testimonio de la dualidad de estilos operantes en el arte hispano a lo largo del siglo XI. La ilustración de este códice ha sido realizada en dos momentos diferentes. Una primera mano llevó a cabo a fines del siglo X o muy a principios del siglo XI las miniaturas comprendidas entre los folios 1 a 92, que se caracterizan por su canon corto, sus formas planas, a modo de siluetas, e interés en su actividad y expresividad. También el modo de concebir la indumentaria y muy especialmente el plegado, plano y lineal, con su tendencia a arrollamientos y sus estilizaciones tan elementales revelan las características de la ilustración salpicadas entre los folios 135v y 213v, intercaladas ya a fines del siglo XI o comienzos del siglo XII.
El programa iconográfico de este Beato se inicia con la Cruz de Oviedo, tema frecuente en los códices de la época, y que incorpora aquí las imágenes del Cordero y del tetramorfos, dispuesto el primero en la intersección de los brazos de la cruz y los símbolos de los Evangelistas en los extremos, anticipando un tipo de decoración frecuente en los reversos de las cruces románicas de los siglos XI y XII. La mayoría de las miniaturas ilustra el texto apocalíptico y como en los manuscritos de la primera versión pictórica se halla intercalada en las columnas de escritura, excepto dos que ocupan el folio entero: el cargo a San Juan para que escriba el Apocalipsis (Apoc. 10b-20) y la Visión del Cordero y los cuatro vivientes (Apoc. IV, 6b-V, 14).
En esta última el miniaturista ha utilizado un símbolo de antigua tradición cosmológica, el círculo, para representar el cielo, pero que aquí adquiere un significado simbólico-religioso por extensión, ya que debido a la perfección de sus cualidades, su simplicidad, su inmutabilidad y al no tener principio ni fin, llega a significar el lugar donde Dios habita —el trono de Dios—, e incluso su misma divinidad. El Cordero con sus siete cuernos y siete ojos se sitúa en medio rodeado por los cuatro vivientes con alas, cuyo movimiento giratorio contribuye a dar una fuerte sensación dinámica a la imagen. Alrededor del trono se sitúan los 24 ancianos distribuidos en cuatro grupos, dos de cinco abajo y dos de siete arriba, todos imberbes.

04 abril 2015

Códigos de lectura de los libros medievales (I) Las primeras dificultades

Códices Medievales y Notas Tironias

La lectura de un libro medieval puede no parecer tan diferente de la lectura de un volumen de nuestra propia estantería: sólo hay que cogerlo, abrir la primera página y empezar a leer. Sin embargo, aparte del hecho de que realmente no se pueda sostener un libro medieval de tamaño medio en la mano —un solo volumen a menudo pesa tanto como toda una estantería de libros de hoy en día— no es tampoco el mayor problema cuando realmente empiezas a leer. El primer gran problema es que necesitas para descifrar un poco. La primera ronda de decodificación comienza cuando tus ojos se encuentran con la página.

 

Fig. 1. Folio del Beato de Cirueña, hoy en Silos. MS 25, fol. 24a-v, detalle (finales del siglo IX)

  Las letras en él se conforman de manera muy diferente a lo que nuestro cerebro suele estar acostumbrado, por lo que nuestra cabeza empieza a darle vueltas, lo que tal vez, incluso, nos lleve a renunciar. Veamos lo que sucede cuando uno lee este fragmento del famoso Beato de Cirueña(Fig. 1­). ¿Sencillo? Si lo viéramos a tamaño real, con un poco de esfuerzo, lo podríamos leer bien.
 
Cuando hayamos terminado con eso, tratemos de descifrar el segundo, un autógrafo escrito en lo que se le califica apropiadamente como una “littera inintelligibilis” de Tomás de Aquino (Fig. 2).
 

 

Fig. 2 – Biblioteca Vaticana, Vat. Lat. 9850, autógrafo de Tomás de Aquino, 1260-65

 
El siguiente manuscrito es muy anterior al autógrafo de Tomás de Aquino:
 



Fig. 3 Leiden, Biblioteca Universitaria, VLF MS 30, fol. 22v (siglo IX)

El paleógrafo Lowe lo definió como Carolino Prealemánico minúsculo, lo que significa que data de antes de la creación de la letra Carolina minúscula, que apareció poco antes del 800, y a cuya familia corresponden letras como las que está leyendo en este artículo. Es relativamente fácil decodificar el último con nuestros cerebros actuales. Esto se debe a que las impresoras tempranas en Italia utilizaban la tipografía Carolina como modelo para las tipografías romanas, que en última instancia se convirtieron en las actuales Romanas o Latinas. Porque, de hecho, leemos una versión de Carolina en nuestra pantalla de ordenador cada día, podemos leer y darle sentido a una página medieval del siglo IX (Fig. 3).
 
Sin embargo, —incluso si uno es capaz de leer esa “tipografía” fácil de antes de la invención de la imprenta, por ejemplo, porque es paleógrafo o historiador del libro medieval— hay un segundo problema de codificación a superar, que es mucho más complicado: las letras y palabras se abrevian frecuentemente con símbolos. De hecho, a veces el texto de una página completa o incluso un libro entero está escrito en código. Al igual que cualquier código cifrado, sólo se puede leer si conoce la clave.

Abreviaturas

La decodificación de letras abreviadas y palabras cortas y comunes no es una ciencia compleja, ni lo era para los lectores medievales. Algunas de estas abreviaturas están en realidad en uso hoy en día, como el símbolo de unión en la primera línea de la fig. 5, que comienza con‘Ignibus & ignis‘. El signo & abrevia la palabra et (y), de la que, de hecho, evolucionó.
 

 

Fig. 4 La conjunción latina et se transforma caligráficamente en la grafía & (léase “y” o “et”, a los de lengua inglesa les dejamos la horrible palabra “ampersand”

Palabras menos frecuentes también pueden estar abreviadas, pero esta práctica es difícil de encontrar si el escribano medieval tenía que juzgar que el lector del libro fuera capaz de entender las abreviaturas. De lo contrario, el texto no podría ser decodificado. Los estudiantes en el ambiente escolar de las universidades emergentes eran maestros en codificar y decodificar sus palabras (Fig. 5, parte superior: el manuscrito está anotado por un estudiante, igual que se podría ver en cualquier manual actual, si no te pilla el bibliotecario, claro).


Fig. 5 Londres, Biblioteca Británica, Arundel, De Sophisticis, MS 383 (1250-1300)

Los estudiantes que llenaron esta página con notas abreviaban las palabras como si no hubiera mañana. De hecho, en el segmento superior (en tinta más clara) cada palabra se acorta con la ayuda de líneas, círculos entre palabras, bucles, puntos y otras cosas. Tiene sentido que los estudiantes hicieron esto: las palabras son sólo para uso personal, por lo que podían hacer lo que quisieran. Por otra parte, acortando el texto de esta manera ahorramos tiempo y espacio. Las palabras codificadas dejan espacio para poder usar muchas más palabras codificadas.

Notas Tironias



Fig. 6 Detalle de alfabeto con letras ‘Tironias’

En la Edad Media existía un lenguaje abreviado peculiar, que incluso un lector experimentado en ese momento no necesariamente era capaz de descifrar: las notas (anotaciones) Tironias. Este sistema medieval de taquigrafía (fig. 6) hizo uso de varios miles de símbolos, que abreviaban palabras enteras. El lenguaje tiene sus raíces en la Antigüedad. El poeta Plutarco nos dice que Cicerón había entrenado escribas para tomar notas a un ritmo rápido, incluyendo a su siervo Tiro —de ahí el nombre que se dan a estas anotaciones medievales.
 


Fig. 7 París, Biblioteca Nacional de Francia, lat. MS 11553 (siglo IX)

 
En la época medieval las notas Tironias fueron utilizadas por los estudiosos mejor formados. Durante el siglo IX, auge de los símbolos de “codificación”, los estudiosos las utilizaban para agregar comentarios a un texto o para hacer la crítica, al igual que los estudiantes en el libro de texto universitario, como hemos visto en la Fig. 4 ­­, y por la misma razón: para ahorrar espacio y para aumentar la velocidad. A veces este tipo de adiciones marginales son sustanciales, como las que se encuentran en una Biblia del siglo IX de París (Fig. 7, margen derecha y entre líneas).
 
Es raro encontrarse con un texto manuscrito copiado completamente en notas Tironias. La mayoría están todos en los Salmos, como los de la Biblioteca Nacional de París, lat. MS 190 y lat. MS 13160, ambos del siglo IX (Fig. 8). Lo que es realmente bueno de estas páginas codificadas es que la primera nota Tironia de cada capítulo aparece en el mismo estilo como una si fuera una letra adornada regular: ampliada y pintada. El resultado es una forma grande y hermosa aunque sin sentido… a menos que sepamos lo que significa.


Fig. 8 París, Biblioteca Nacional de Francia, lat. MS 190 Vista del margen derecho del folio escrito en Tironias (siglo XC)

A primera vista parece una práctica extraña escribir un libro entero en código, que sólo puede ser descifrado por los eruditos que hubieran disfrutado el mismo alto nivel de formación que el escriba. Sin embargo, tal vez se utilizaron estos libros peculiares para capacitar a personas en el sistema de notación. Los monjes se sabían los salmos de memoria, por lo que eran la herramienta perfecta para conocer la extraña lengua de Tiro. Los enunciados en latín se convertirían en un texto más fácil de memorizar, después de lo cual tal vez los símbolos podrían desecharse. Llama la atención, en este sentido, que los Salmos en el MS 190 (fig. 8­) estén precedidos por una especie de diccionario para buscar el significado de los símbolos —como cuando se quiere aprender un nuevo idioma. Varios de estos textos explicativos sobreviven, incluso en otros manuscritos de París (como lat. 7493,  lat. 8777,  lat. 8778 y lat. 8780).
 
Un texto explicativo similar se encuentra en Leiden (Fig. 9). Las primeras entradas en esta página lea liber, libelo y librarius (libro, folleto y biblioteca). El símbolo de la primera parece una línea curvada por un punto, en el segundo el punto se sustituye por una coma, mientras que la tercera muestra tanto punto y coma —una biblioteca, al fin y al cabo, se ve después de ambos libros y folletos. Luego siguen las palabras relacionadas, como pergamino (pergamena) y menos comunes, página (pitacium), y hojas (carta, cartula). Como muestra este segmento, el texto no es tanto un diccionario como una colección de listas de palabras temáticas.

Fig. 9 Leiden, Biblioteca Universitaria, VLO MS 84, detalle (siglo IX)

Códigos indescifrables

Aunque no todo el mundo en la época medieval sería capaz de leer las notas Tironias, seguramente muchos medievalistas podrían descifrarlas. Sin embargo, hay un famoso libro codificado que nadie podía leer, excepto su creador: el manuscrito Voynich, que está escrito en un alfabeto desconocido (Fig. 10). Existe una considerable discusión sobre muchos aspectos de este manuscrito, incluyendo su fecha precisa y el significado del texto que contiene. Este último es quizás el aspecto más llamativo del código en el que está escrito el texto: nadie ha sido capaz de descifrarlo.
 




Fig. 10 Yale, Biblioteca Beinecke, MS 408 (siglo XV)

El manuscrito tiene fascinado a los estudiosos desde hace mucho tiempo. Incluso en 2013, cuando los medios de comunicación dijeron el libro tenía un mensaje descifrable, ni siquiera era claro si tenía sentido o era una locura. Finalmente, en febrero 2014 un profesor de inglés decodificó diez palabras a través de los nombres propios de las plantas. Es muy intrigante el libro, desde un punto de vista histórico, pero mucho menos interesante que las notas Tironias. Después de todo, mientras que el manuscrito Voynich parece estar codificado de una manera muy personal, colocando el libro en una posición relativamente aislada, las notas Tironias proporcionan una mirada en profundidad en el fascinante mundo de los eruditos medievales.
 
Para escuchar sus voces, todo lo que se necesita hacer es descifrar el código.

26 marzo 2015

Tipos de Letra Medievales III. Letra visigótica

 
 
Un ejemplo de escritura visigótica caligráfica alargada. ¿Juan de Sevilla?. BNE, circa 960

Tipos de letra visigótica (I): la velocidad de trazos

La caligrafía visigótica (o visigoda) tiene dos principales variantes tipológicas: cursivas y minúsculas. Pero esta no es la única clasificación básica que se puede aplicar al trazo de la letra ni las únicas variantes tipológicas que se utilizaron por sus escribanos. Como cualquier otra caligrafía, la visigoda se puede describir externamente por su grado de perfección y por su detalle o velocidad de trazado, por la etapa o grado de su evolución y por la precisión en mantener su alfabeto y sus abreviaturas ajustados al canon. Estas consideraciones son, por desgracia, un poco subjetivas, siendo por tanto difícil de explicar cuantitativamente. Entre los especialistas, la “subjetividad” no es tan confusa como se podría pensar.

1. Tipos de letra visigótica teniendo en cuenta la velocidad de trazos

Las variantes tipológicas de caligrafía visigótica que se pueden distinguir teniendo en cuenta la rapidez con que se trazó el texto son las más fáciles de reconocer y, por lo tanto, los tipos que se utilizan con mayor frecuencia. En general, cuando se lee sobre las variantes tipológicas sin mayor especificación, este es el criterio que está siguiendo el investigador. Hay dos tipos principales: cursiva y minúscula.
 
La cursiva visigoda es la que se dibuja, en general, con el trazo más rápido. Eso no quiere decir que se escribiera descuidadamente. Si nos fijamos en la Fig. 1, ¿nos imaginamos lo difícil que debía de ser el trazo de todas estas ligaduras entre letras y esas otras ascendentes y descendentes entre líneas? Hay diferentes niveles de “perfección” como se verá. Si un escribano estaba usando la variante cursiva, el resultado puede ser un desastre total, una caligrafía rápida y descuidada, pero también puede ser de una belleza perfecta; depende de lo bueno que fuera el escribano. Esta variante fue utilizada principalmente para escribir cartas —en los primeros siglos, la caligrafía cursiva para asuntos legales significaba un vínculo directo con la tradición bíblica del imperio romano tardío, pero también se utilizaba en códices, aunque muy pocos se han conservado. Y si pensamos en el contexto, sabemos que algunos escribanos que eran capaces de utilizar diferentes variantes decidían cuál de ellas querían usar, no sólo teniendo en cuenta el producto (carta o códice), sino también a la institución o persona que expide el documento y a quién iba dirigida.
 
 
Fig. 1 Visigoda Cursiva
La visigótica minúscula es aquella que se traza lentamente (Fig. 2). Eso no significa necesariamente que se escribiera con más cuidado que la cursiva, sino que el caligrafía tiene otras características gráficas, algunas mordeduras y aún menos ligaduras, que permiten escribir menos rápidamente. Cuando estamos usando la velocidad para clasificar el caligrafía no estamos hablando de la velocidad, el escribano decidió trabajar con pero que el escritura tolera. Usted no puede sacar ligaduras cursivas trazo a trazo, poco a poco, pero se puede escribir ligaduras minúsculas que toman todo el tiempo en el mundo sin problemas. Por supuesto, si el escribano estaba bien entrenado, su minúscula será más “cursiva”, como la utilizada por un neófito que aún no está totalmente familiarizado con los caracteres que está usando. Realmente puede sonar confuso, y de hecho lo es sólo si se tiene en cuenta la velocidad, por lo que es importante atender los otros tipos de describir la escritura caligráfica también -por la perfección, la evolución y la precisión al canon. En contraste con la variante anterior, el minúscula fue el preferido para escribir códices , como lo fue también la variante característico de algunas variantes regionales, pero eso será otro tema.
 
 
Fig. 2 Visigoda Minúscula. Catedral de Lugo, 1325B / 5

Estas dos son las principales variantes tipológicas, pero también hay algunas variantes entre ambas:

En primer lugar, está la variante semicursiva (Fig. 3) que, como su nombre indica, es una mezcla entre cursiva y minúscula. Es difícil de explicar si estamos ante un trazo rápido o lento, ya que también es difícil de ubicar en su contexto cultural. Podemos pensar que los escribanos que no estaban bien entrenados en cualquier variante, aunque eran lo suficientemente buenos en tanto escribanos que no pertenecían a un monasterio u obispado importante, con una escuela conocida, sino a un pequeño centro, tal vez un pequeño monasterio o una iglesia parroquial. La variante semicursiva es difícil de estudiar, aunque puede ser de gran utilidad en el análisis de los contactos culturales entre los distintos centros castellano-leoneses, y para estudiar el proceso de la educación misma.
 
 
Fig. 3 Visigótica Semicursiva. Catedral de Sevilla, M 348b-a circa 920
Otra variante tipológica es la llamada alargada (Fig. 4), una cursiva elaborada con mucho cuidado el aumento de los ascendentes y descendentes, que tiene un origen un poco diferente que las otras variantes tipológicas. La alargada es la interpretación visigoda medieval de la escritura caligráfica que se utilizó en y para la cancillería visigoda, y lo que parece, en su forma más pura, similar a la escritura merovingia (externamente y mirando de lejos). Es una caligrafía elegante que, perdiendo un poco su significado, se utilizó dentro de los textos escritura visigótica para resaltar algunas partes importantes como pueden ser títulos, primeras líneas con invocación verbal, nombres de reyes, etc. También hay algunas cartas, muy pocas, que fueron escritas en su totalidad con el uso de esta variante; también se encuentra en algunos códices. Si vemos esta escritura caligráfica en una carta, usted puede estar seguro el escribano tenía una mano bien entrenada, que quería llamar su atención en aquellas partes específicas de los textos, y que era consciente de que esa carta se utiliza especialmente para ese fin , aunque es probable que ya no supiera por qué esa y no otra.
 
 
Fig. 4 Letra visigótica alargada (ver también la imagen que encabeza el artículo)
 
Por último, también podemos considerar las escrituras en transición a carolina minúscula como una variante tipológica. Por lo tanto, hay cursiva hacia carolina, y minúscula hacia carolina (Fig. 5), y semicursiva hacia carolina (o carolingia). Pero no encontramos manuscritos en visigótica alargada en transición a carolina.
 
 
Fig. 5 Minúscula  visigótica en transición a carolina. BNE
Todas estas variantes tipológicas tienen diferentes alfabetos, abreviaturas, signos de abreviación, signos generales de abreviatura, su propia evolución gráfica e incluso su propio sistema de puntuación. Podemos, pues, pensar que la letra visigoda es más o menos la misma, sea letra cursiva o minúscula, pero la verdad es que ambos tipos son de trazos muy diferentes, no sólo en su ejecución, sino también en sus usos y contexto cultural. Incluso tienen dos orígenes genéticos diferentes, como veremos más tarde.
 

Tipos de letra visigótica (II): la perfección, la evolución y el canon

Hemos visto los diferentes tipos de escritura visigótica que se pueden distinguir, teniendo en cuenta el grado de perfección de la escritura, su detalle o velocidad cuando trazó, la etapa de la evolución y la exactitud en mantener su alfabeto y abreviaturas al canon. Tener en cuenta estas consideraciones es especialmente importante, ya que nos ayudan a comprender e identificar el contexto cultural en el que el escribano vivió y desarrolló su carrera profesional. Los tipos de letra visigótica que pueden individualizarse teniendo en cuenta la velocidad del trazo (también conocido como principales variantes tipológicas: cursiva y minúscula) ya se han explicado, pero ¿cuáles son los otros tipos?

2.- Tipos de letra visigótica por el grado de perfección de la escritura

Dado el nivel de conocimiento que cada escribano muestra al lector a través de su propia caligrafía, podemos hablar de cuatro tipos o grados de perfección de las grafías: caligráficas, rudimentarias, semicaligráficas y semirrudimentarias. Es difícil describir la escritura caligráfica siguiendo sólo este esquema, criterio que puede ser subjetivo, así como aquel otro que se basa en el contexto cultural en el que cada escribano puede situarse. Las dos primeras son fáciles de explicar: una escritura caligráfica (Fig. 1) es la escrita con cuidado, lentamente o no, lo que denota un escribano que estaba bien entrenado, un maestro; mientras que una escritura rudimentaria (Fig. 2) es exactamente lo contrario, una caligrafía de un escribano que aún estaba en formación y no dominaba el acto de escribir. Incluso si estaban escribiendo un esbozo, los escribanos bien entrenados producían, en general, buenos ejemplos de escritura, mientras que los de los neófitos, en sus mejores ejemplos, parecen más pobremente realizados.
 
 
Fig. 6 Un ejemplo de escritura visigótica caligráfica. ¿Juan de Sevilla? Procedencia: Scriptorium de Sevilla Situación actual: Biblioteca Nacional
 
Los dos últimos tipos —semicaligráficas y semirrudimentarias— son difíciles y, en mi punto de vista, sólo se pueden distinguir en grandes corpus y teniendo en cuenta el contexto cultural y social en el que cada testimonio se puede colocar. Por ejemplo, la escritura caligráfica de un escribano bien entrenado (Fig. 7) puede ser caligráficas en comparación con la de su colega (Fig. 8) que, aunque trabajen en un entorno rural (un pequeño monasterio o un centro parroquial), muestran una clara diferencia, aunque ambas serían semicaligráficas si las comparamos con los principales maestros calígrafos. Esta atribución a uno u otro tipo, así como el grado de perfección en relación con el contexto, ha llevado a algunos estudiosos a emplear otros nombres para describir la misma cosa: profesionales, habituales o elementales.
 
 
Fig. 7 Escritura caligráfica. Littera visigótica alargada ¿Juan de Sevilla?. BNE, circa 960
 
 
Fig. 8 Escritura rudimentaria. catedral de Lugo, Colección de Documentos Privados.

 3. Tipos de letra visigótica que predominan en la etapa de evolución de la escritura

Fig. 9 Auge: Codex Vigilanus seu Albeldensis. El Escorial, Biblioteca del Monasterio, ED2
Como cualquier otra escritura, la visigótica no era la misma cuando se empezó a utilizar que cuando terminó. Los primeros años fueron los de la selección de funciones, de tomar la forma, mientras que los últimos fueron aquellos en los que la influencia de las caligrafías coetáneas fue más intensa y más profunda (lo que afecta incluso al alfabeto). Hay, por lo tanto, tres tipos teniendo en cuenta este principio: incipientes, formadas y decadentes.
 
No se sabe con certeza cuando la variante minúscula de escritura visigótica puede ser completamente distingue de los escrituras romanas tardías como para ser llamado de esa manera, aunque se sugiere que debe haber sido lo suficientemente diferentes en torno a principios del siglo VII, si no antes. El análisis de los testimonios conservados, lo que está claro es que alcanzó su perfección desde mediados del siglo X, con escribanos como Florencio de Valeránica o Vigila de Albelda (Fig. 3), a mediados del siglo XI, cuando su decadencia comenzado. Así, en general, antes de la 10 ª siglo, el caligrafía es irregular y áspera, que no tiene su conjunto estandarizado y completo de formas de las letras y las abreviaturas, sin embargo, mientras que desde el s. X en adelante es más regular y, en definitiva, perfecto, hasta finales del 11 º siglo, cuando carolina minúscula comenzó a imponer algunas de sus características en escribanos escritura visigótica.
 
Hay que decir, aunque sea brevemente, que estas etapas no son las mismas para todas las variantes regionales de la escritura visigótica , sino sólo “válidas” para esos ejemplos realizados en el norte de la Península Ibérica -en Septimania y Cataluña la carolina minúscula ya era el principal sistema de escritura en el siglo IX, mientras que en el sur de España y Toledo los escribanos que utilizaron la caligrafía visigótica se caracterizan por ser arcaicos en el desarrollo de la escritura.
 
La variante cursiva se sugiere como ya lo suficientemente individualizada alrededor del 7 º siglo. Su fase de formación parece haber sido un poco más corto que el minúscula, ya que en la mitad de 9 º siglo, se puede decir que ya está canonizado . La decadencia de la caligrafía visigótica cursiva puede ser 11 º demasiado siglo, aunque para esta variante es necesario considerar el área (variante regional) para estar seguro.

4. Tipos de letra visigótica considerando su conformidad a un canon

Para cada una de las variantes tipológicas de la caligrafía, es decir, cursiva, semicursiva, guiones minúsculas y de transición, se ha establecido una lista de características gráficas. Con el fin de describir las formas canónicas de cada variante, se han analizado y segmentado ejemplos de fuentes de la etapa “formada” de la escritura. Comparando cada ejemplo gráfico de estas características predefinidas o canonizadas que la caligrafía debe mostrar, puede ser distingue entre dos tipos de visigoda: auténtica y mixta.
 
¿Cómo clasificaríamos la escritura de los siguientes ejemplos?
 
Fig. 10 Pentateuco. Scriptorium visigodo de Sevilla, siglo XI. Desde el s XII en la Biblioteca de la Catedral de Tours. Actualmente en la Biblioteca Nacional, París
Es un bello ejemplo (por su perfección) de caligrafía visigótica cursiva (por la velocidad de sus trazos), con alargado (primera línea). Está datada (1016) y es genuina (no hay influencias externas).
 
 
 
Fig. 11. ACLU. Colección de Documentos Privados, nº 41
 
 
Por el contrario, este manuscrito un  ejemplo de escritura visigótica cursiva rudimentaria. También está datada (1081) y es genuina.

Códigos de lectura de los libros medievales (I) Las primeras dificultades

Códices Medievales y Notas Tironias

La lectura de un libro medieval puede no parecer tan diferente de la lectura de un volumen de nuestra propia estantería: sólo hay que cogerlo, abrir la primera página y empezar a leer. Sin embargo, aparte del hecho de que realmente no se pueda sostener un libro medieval de tamaño medio en la mano —un solo volumen a menudo pesa tanto como toda una estantería de libros de hoy en día— no es tampoco el mayor problema cuando realmente empiezas a leer. El primer gran problema es que necesitas para descifrar un poco. La primera ronda de decodificación comienza cuando tus ojos se encuentran con la página.
 
 
Fig. 1. Folio del Beato de Cirueña, hoy en Silos. MS 25, fol. 24a-v, detalle (finales del siglo IX)
 
Las letras en él se conforman de manera muy diferente a lo que nuestro cerebro suele estar acostumbrado, por lo que nuestra cabeza empieza a darle vueltas, lo que tal vez, incluso, nos lleve a renunciar. Veamos lo que sucede cuando uno lee este fragmento del famoso Beato de Cirueña(Fig. 1­). ¿Sencillo? Si lo viéramos a tamaño real, con un poco de esfuerzo, lo podríamos leer bien.
 
Cuando hayamos terminado con eso, tratemos de descifrar el segundo, un autógrafo escrito en lo que se le califica apropiadamente como una “littera inintelligibilis” de Tomás de Aquino (Fig. 2).
 

 
Fig. 2 – Biblioteca Vaticana, Vat. Lat. 9850, autógrafo de Aquino, 1260-65
 
El siguiente manuscrito es muy anterior al autógrafo de Tomás de Aquino:
 

 
Fig. 3 Leiden, Biblioteca Universitaria, VLF MS 30, fol. 22v (siglo IX)
 
El paleógrafo Lowe lo definió como Carolino Prealemánico minúsculo, lo que significa que data de antes de la creación de la letra Carolina minúscula, que apareció poco antes del 800, y a cuya familia corresponden letras como las que está leyendo en este artículo. Es relativamente fácil decodificar el último con nuestros cerebros actuales. Esto se debe a que las impresoras tempranas en Italia utilizaban la tipografía Carolina como modelo para las tipografías romanas, que en última instancia se convirtieron en las actuales Romanas o Latinas. Porque, de hecho, leemos una versión de Carolina en nuestra pantalla de ordenador cada día, podemos leer y darle sentido a una página medieval del siglo IX (Fig. 3).
 
Sin embargo, —incluso si uno es capaz de leer esa “tipografía” fácil de antes de la invención de la imprenta, por ejemplo, porque es paleógrafo o historiador del libro medieval— hay un segundo problema de codificación a superar, que es mucho más complicado: las letras y palabras se abrevian frecuentemente con símbolos. De hecho, a veces el texto de una página completa o incluso un libro entero está escrito en código. Al igual que cualquier código cifrado, sólo se puede leer si conoce la clave.

Abreviaturas

La decodificación de letras abreviadas y palabras cortas y comunes no es una ciencia compleja, ni lo era para los lectores medievales. Algunas de estas abreviaturas están en realidad en uso hoy en día, como el símbolo de unión en la primera línea de la fig. 5, que comienza con‘Ignibus & ignis‘. El signo & abrevia la palabra et (y), de la que, de hecho, evolucionó.
 
 

Fig. 4 La conjunción latina et se transforma caligráficamente en la grafía & (léase “y” o “et”, a los de lengua inglesa les dejamos la horrible palabra “ampersand”
 
 
Palabras menos frecuentes también pueden estar abreviadas, pero esta práctica es difícil de encontrar si el escribano medieval tenía que juzgar que el lector del libro fuera capaz de entender las abreviaturas. De lo contrario, el texto no podría ser decodificado. Los estudiantes en el ambiente escolar de las universidades emergentes eran maestros en codificar y decodificar sus palabras (Fig. 5, parte superior: el manuscrito está anotado por un estudiante, igual que se podría ver en cualquier manual actual, si no te pilla el bibliotecario, claro).
 
 
 Fig. 5 Londres, Biblioteca Británica, Arundel, De Sophisticis, MS 383 (1250-1300)
 
Los estudiantes que llenaron esta página con notas abreviaban las palabras como si no hubiera mañana. De hecho, en el segmento superior (en tinta más clara) cada palabra se acorta con la ayuda de líneas, círculos entre palabras, bucles, puntos y otras cosas. Tiene sentido que los estudiantes hicieron esto: las palabras son sólo para uso personal, por lo que podían hacer lo que quisieran. Por otra parte, acortando el texto de esta manera ahorramos tiempo y espacio. Las palabras codificadas dejan espacio para poder usar muchas más palabras codificadas.

Notas Tironias

 
 
Fig. 7 París, Biblioteca Nacional de Francia, lat. MS 11553 (siglo IX)

 
En la Edad Media existía un lenguaje abreviado peculiar, que incluso un lector experimentado en ese momento no necesariamente era capaz de descifrar: las notas (anotaciones) Tironias. Este sistema medieval de taquigrafía (fig. 6) hizo uso de varios miles de símbolos, que abreviaban palabras enteras. El lenguaje tiene sus raíces en la Antigüedad. El poeta Plutarco nos dice que Cicerón había entrenado escribas para tomar notas a un ritmo rápido, incluyendo a su siervo Tiro —de ahí el nombre que se dan a estas anotaciones medievales. 
 
  Es raro encontrarse con un texto manuscrito copiado completamente en notas Tironias. La mayoría están todos en los Salmos, como los de la Biblioteca Nacional de París, lat. MS 190 y lat. MS 13160, ambos del siglo IX (Fig. 8). Lo que es realmente bueno de estas páginas codificadas es que la primera nota Tironia de cada capítulo aparece en el mismo estilo como una si fuera una letra adornada regular: ampliada y pintada. El resultado es una forma grande y hermosa aunque sin sentido… a menos que sepamos lo que significa.
 
 
 
Fig. 8 París, Biblioteca Nacional de Francia, lat. MS 190 Vista del margen derecho del folio escrito en Tironias (siglo XC)
 

A primera vista parece una práctica extraña escribir un libro entero en código, que sólo puede ser descifrado por los eruditos que hubieran disfrutado el mismo alto nivel de formación que el escriba. Sin embargo, tal vez se utilizaron estos libros peculiares para capacitar a personas en el sistema de notación. Los monjes se sabían los salmos de memoria, por lo que eran la herramienta perfecta para conocer la extraña lengua de Tiro. Los enunciados en latín se convertirían en un texto más fácil de memorizar, después de lo cual tal vez los símbolos podrían desecharse. Llama la atención, en este sentido, que los Salmos en el MS 190 (fig. 8­) estén precedidos por una especie de diccionario para buscar el significado de los símbolos —como cuando se quiere aprender un nuevo idioma. Varios de estos textos explicativos sobreviven, incluso en otros manuscritos de París (como lat. 7493,  lat. 8777,  lat. 8778 y lat. 8780).
 
Un texto explicativo similar se encuentra en Leiden (Fig. 9). Las primeras entradas en esta página lea liber, libelo y librarius (libro, folleto y biblioteca). El símbolo de la primera parece una línea curvada por un punto, en el segundo el punto se sustituye por una coma, mientras que la tercera muestra tanto punto y coma —una biblioteca, al fin y al cabo, se ve después de ambos libros y folletos. Luego siguen las palabras relacionadas, como pergamino (pergamena) y menos comunes, página (pitacium), y hojas (carta, cartula). Como muestra este segmento, el texto no es tanto un diccionario como una colección de listas de palabras temáticas.
 
 


 
Fig. 9 Leiden, Biblioteca Universitaria, VLO MS 84, detalle (siglo IX)


Códigos indescifrables

Aunque no todo el mundo en la época medieval sería capaz de leer las notas Tironias, seguramente muchos medievalistas podrían descifrarlas. Sin embargo, hay un famoso libro codificado que nadie podía leer, excepto su creador: el manuscrito Voynich, que está escrito en un alfabeto desconocido (Fig. 10). Existe una considerable discusión sobre muchos aspectos de este manuscrito, incluyendo su fecha precisa y el significado del texto que contiene. Este último es quizás el aspecto más llamativo del código en el que está escrito el texto: nadie ha sido capaz de descifrarlo.
 
 
Fig. 10 Yale, Biblioteca Beinecke, MS 408 (siglo XV)

 



El manuscrito tiene fascinado a los estudiosos desde hace mucho tiempo. Incluso en 2013, cuando los medios de comunicación dijeron el libro tenía un mensaje descifrable, ni siquiera era claro si tenía sentido o era una locura. Finalmente, en febrero 2014 un profesor de inglés decodificó diez palabras a través de los nombres propios de las plantas. Es muy intrigante el libro, desde un punto de vista histórico, pero mucho menos interesante que las notas Tironias. Después de todo, mientras que el manuscrito Voynich parece estar codificado de una manera muy personal, colocando el libro en una posición relativamente aislada, las notas Tironias proporcionan una mirada en profundidad en el fascinante mundo de los eruditos medievales.
 
Para escuchar sus voces, todo lo que necesita hacer es descifrar el código.