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12 febrero 2015

Alonso Quijano El héroe olvidado de la tragedia quijotesca

Cuando se habla de la inmortal obra de Miguel de Cervantes, pensamos siempre en la estrafalaria figura de un hidalgo manchego capaz de realizar las acciones más inverosímiles y sorprendentes. Sin embargo, el lector no puede olvidar que el relato de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha ofrece dos biografías distintas, aunque éstas se hallen vividas o interpretadas por una misma persona. Hay que hablar de dos personajes de mentalidad y formas de vida muy distintas. En primero lugar, tenemos al hidalgo bueno y culto Alonso Quijano y en segundo lugar al caballero andante, buscador de aventuras, don Quijote de la Mancha. De don Quijote sabemos mucho, pero...
 


 


Don Quijote. Discurso de la Edad Dorada

 
¿Qué sabemos de Alonso Quijano? No es fácil contestar a la pregunta. Para poder dar una respuesta satisfactoria tenemos que organizar laboriosamente todo el material disponible. Cuando el lector realiza este trabajo, éste descubre con sorpresa un hecho incuestionable. Casi toda la información que poseemos del hidalgo manchego la tenemos en las dos primeras páginas del libro. Aparte de esto, encontramos datos sueltos que se van intercalando a lo largo de toda la obra como breves cuñas explicativas de la existencia de Alonso Quijano. Así sabemos que de joven tuvo problemas físicos muy serios, que era una persona que sentía una fuerte atracción por el mundo de la farándula, que tenía por lo menos una hermana, etc., y pocos datos más. Pero, ¿qué puede deducir el lector de todo esto? Algo muy importante. Si el narrador omnisciente es capaz de ofrecernos detalles tan particulares de la vida del hidalgo, igualmente podría informarnos sobre aspectos mucho más importantes y centrales de su existencia. Los datos que no nos ofrece, —el pasado familiar, los años de niñez y mocedad, etc.—, deben ser considerados como una ocultación informativa consciente y voluntaria. Parece que al autor sólo le interesa la vida y la acción de don Quijote, marginando, si no despreciando, olímpicamente la existencia de Alonso Quijano. Volveremos sobre este punto más adelante, cuando tengamos las razones suficientes para poder explicar este hecho tan sorprendente.
 
¿Qué significa este desfase informativo si hay, como se ha dicho, una voluntad clara tanto en la comunicación como en la ocultación? En primer lugar, la vida de Alonso Quijano debe interpretarse como una existencia sin la suficiente garra o interés para ser objeto de escritura. Por eso, en unas cuantas líneas se despachan cincuenta años de existencia. Inversamente, la corta vida de don Quijote, ya se reduzca ésta a unos dos meses, como quieren algunos críticos, o se amplíe a un año, como proponen otros estudiosos, acapara toda la atención del narrador y, por tanto, abarca todo el espacio del relato. Por estas simples consideraciones cabe afirmar que Alonso Quijano como experiencia vital no interesa. La novela se centra y valora la vida y la acción de don Quijote de la Mancha. Alonso Quijano se subordina a don Quijote de la Mancha. En el relato interesa el caballero andante y no el hidalgo de gotera. Sin embargo, es imposible querer entender la personalidad de don Quijote si previamente no se analiza la psicología y la acción de Alonso Quijano. Para llegar a don Quijote hay que pasar por los espacios existenciales del hidalgo manchego.
 
Asumamos este criterio e intentemos analizar la vida y la obra de Alonso Quijano para llegar a entender las claves emocionales de don Quijote de la Mancha. ¿Es posible realizar esta empresa con los datos que nos ofrece el texto? Como se ha dicho con anterioridad, éstos no sobrepasan unas cuantas líneas. Poco material para un intento tan ambicioso. Asumimos el riesgo conscientes de que en ocasiones es tan importante lo que se silencia como lo que se afirma. Por eso, entre asertos y ocultaciones intentemos dar respuesta al plan proyectado.
Como se afirmaba al principio de este trabajo, la historia de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha es la superposición de dos vidas distintas encarnadas por una misma persona, se llame ésta Alonso Quijano o don Quijote de la Mancha. Dicha historia abarca los cincuenta años de existencia de nuestro protagonista. Sin embargo, el noventa por ciento del tiempo narrado corresponde al hidalgo Alonso Quijano y no llega a un diez por cierto el tiempo de vida que corresponde al caballero don Quijote. Sorpresivamente, esos cincuenta años de existencia de Alonso Quijano se reducen en la obra propiamente a un par de páginas y los meses de vida protagonizados por don Quijote acaparan casi el cien por cien de la extensión de la novela. Sorpresivamente se encuentra el lector que la existencia del hidalgo queda ninguneada a pesar de novelarse medio siglo de su vida mientras los pocos meses de actividad caballeresca de don Quijote merecen cientos de páginas de escritura, propiamente toda la novela.
 

 
Después de todas estas consideraciones, se impone nuevamente la pregunta inicial. ¿Qué sabemos de Alonso Quijano? Según los datos que nos ofrece el narrador o narradores del primer relato o primer Quijote, Alonso Quijano era un hidalgo medio de un pueblo perdido de La Mancha. Tenía más o menos cincuenta años. Era, a su vez, una persona querida y admirada por todos sus coterráneos por su bondad y por su sabiduría. Por lo que sabemos, sus medios económicos sólo le permitían llevar una vida digna, aunque sujeta a ciertas estrecheces económicas. Las escasas rentas que podía sacar de su pequeña hacienda sólo le daban para comer con suficiencia pero sin excesos y para vestir con dignidad pero sin lujos. Como hidalgo de la España del S. XVI o principios del S. XVII no trabajaba, simplemente porque el trabajo significaba la descalificación del prestigio y del rango que implicaba el título de hidalguía. Por otro lado, poco trabajo le podía ocasionar una hacienda tan reducida y parca como era la de nuestro hidalgo. Con el ama, la sobrina y “un mozo de campo y plaza” podía cubrir perfectamente las necesidades de la tierra y de la casa.
 
¿Cómo podía ser la vida de este hidalgo con esa pequeña propiedad y en un pueblo perdido de La Mancha? ¿Cómo podía llenar las horas del día y los días del mes? Para responder a esta pregunta seguimos al pie de la letra las pistas que nos ofrece el propio relato. La administración de la hacienda tenía que ser una tarea sencilla en el tiempo. Poco tenía que dirigir y cuidar donde casi no había qué administrar. En casa no hacía labor ninguna, porque para ello estaban las otras personas de la casa. ¿La caza podía funcionar como paliativo de este estado de inactividad? Es verdad que en ciertas épocas, no muy lejanas, dedicaba horas del día a la caza con su “galgo corredor”. Pero sus condiciones físicas y psicológicas no eran las apropiadas para grandes y continuados ejercicios corporales. De joven experimentó ciertas molestias renales, lo que le impediría toda acción física, incluida la caza. Por otra parte, su edad, “frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años”, no era la más idónea para llevar a cabo actividades cinegéticas. De todo esto se deduce que no era una persona ni con aptitudes ni con demasiada inclinación hacia la actividad física. Por otra parte, la administración de su hacienda le debía exigir muy poco tiempo de su dedicación diaria. Podía dedicar parte del día a la plática con sus amigos el cura y el barbero, ya que a lo largo de la obra se nos presenta como un perfecto y consumado dialogador. ¿Cuántas horas del día podía dedicar al trato con sus amigos? Pensemos que unas horas como mucho. Otros ratos los tenía que dedicar a la lectura, ya que en los momentos lúcidos se nos presenta como hombre de profundos y muy amplios conocimientos. Es decir, según lo que se puede deducir de lo que nos comunica el propio relato, los únicos pasatiempos reales que tenía el hidalgo eran la lectura y la plática con sus amigos.
 
Alonso Quijano en la vida real y diaria no tenía nada que hacer; y si algo hacía, eso era bien poco: lecturas, pláticas y una corta actividad administrativa. La característica vital de Alonso Quijano en esas circunstancias que presentaba su vida a los cincuenta años era una casi total inactividad que le tenía que llevar a una monotonía brutal. La vida de Alonso Quijano en esa aldea perdida de La Mancha debía ser de una uniformidad completa y de un aburrimiento insufrible.

 
Si ésta era la vida del presente existencial de Alonso Quijano, ¿qué nos ofrecía su pasado? Una vida a los cincuenta años con una experiencia rica en vivencias y en recuerdos del pasado podría funcionar como razón compensatoria a una existencia tranquila y sosegada en época de madurez. Para probar y profundizar en esta idea es necesario estudiar el pasado del hidalgo para poder comprender mejor su presente en esa edad de clara decadencia física. El texto nos revela que Alonso Quijano era una persona sin acción y sin aventuras ni el presente ni en el pasado.
 
La impresión que puede sacar el lector de los parcos pero interesantes apuntes que ofrece el relato es que nuestro hidalgo nunca había salido de su comarca. Cuando el caballero se lanza al mundo de aventuras, después de un día de camino sobre los débiles lomos de Rocinante, Don Quijote miraba “a todas partes por ver si descubriría algún castillo o alguna majada de pastores donde recogerse y adonde pudiese remediar su mucha necesidad” (I-II).

 ¿Qué significa esta frase? Sencillamente, Don Quijote desconocía el lugar. La acción previa a la salida y la propia salida revelan un conocimiento exacto del lugar. No hay dudas en su acción. Don Quijote muestra una total seguridad. Sin embargo, cuando, después de caminar unas cuantas millas, otea el horizonte para comprobar si en el camino existen majadas o castillos demuestra que ese lugar le resultaba desconocido. Alonso Quijano nunca pudo estar en esos parajes, porque de otra forma el lugar le resultaría conocido. ¿A qué distancia se podía encontrar de su lugar? Haciendo un cálculo aproximado, se puede afirmar que como máximo a unos treinta kilómetros. No parece lógico pensar en una distancia superior. ¿Qué distancia mayor podría recorrer en un día el famélico y viejo Rocinante? Por otro lado, la carretera que toma el hidalgo manchego es equiparable a una de nuestras autopistas o carreteras nacionales actuales. ¿Sería y es con pocos cambios la nacional que va de La Mancha a Andalucía a través de Sierra Morena? El desconocimiento completo que ofrece Don Quijote en una carretera tan importante y en una distancia tan reducida nos revela un hecho palpable: el héroe cervantino no había salido nunca de su lugar o de su comarca. Sólo había podido llegar al Toboso, “un lugar cerca del suyo”, donde tuvo lugar ese supuesto encuentro con la mujer de sus sueños y de sus delirios. Si ha permanecido en casa a lo largo de sus cincuenta años de existencia, con excepcionales salidas a lugares cercanos de su hacienda, cabe deducir que la inexistencia de acción y de experiencias en el caso de nuestro hidalgo era total. La quietud emocional y el sosiego vital eran las características de su vida.
 
¿Qué podemos deducir de la vida sentimental de Alonso Quijano? Una existencia sin grandes aventuras de acción pero rica en experiencias emocionales podía representar una vida llena de alicientes, cuyos recuerdos dieran sentido y razón a un vivir tranquilo y sosegado. ¿Éste era el caso de Alonso Quijano? De la propia obra se pueden colegir todos los datos necesarios para proponer la radiografía sentimental de nuestro hidalgo.

El resultado de una lectura medianamente atenta sobre el apartado de los amores de nuestro personaje es tan sorprendente como dramático. Alonso Quijano, hidalgo de cincuenta años, no ha conocido mujer. Es decir, la vida sentimental del héroe cervantino era tan vacua como su acción aventurera. Cuando decide convertirse en caballero andante y buscaba “una dama de quien enamorarse”, requisito imprescindible de su nueva condición caballeresca, tuvo un gran problema. Pero este dilema no derivaba del excesivo número de candidatas sino de la falta de las mismas. Alonso Quijano a pesar de su edad era un impenitente solterón. Si hubiera tenido alguna aventura amorosa, por pequeña que ésta fuera, la elección hubiera sido fácil o, por lo menos, dicho amor o el personaje de la aventura hubiera estado presente en el momento de la deliberación. En la triste historia del caballero no había propiamente candidatas. Tuvo que optar por una mujer que en el pasado fue moza labradora de muy buen parecer, de quien estuvo enamorado, aunque ella, como nos dice el relato, no se dio cata de ello. Por lo que parece, el amor que profesaba el personaje hacia Aldonza Lorenzo tenía un origen lejano. El propio Don Quijote nos dice que eran como mínimo doce años: “…osaré jurar con verdad que en doce años que ha que la quiero más que a la lumbre de estos ojos…” (I-XXV).
 
¿La realidad de estos amores radicaba en su ocasionalidad o en su permanencia? Es difícil poder llegar a una conclusión definitiva. Lo que se afirma en una parte se niega en otras. Creo que cada lector tiene la última palabra. ¿Fue un amor duradero en el tiempo? No lo podemos afirmar. ¿Fue un amor platónico nacido de la contemplación de la mujer o de las referencias que sobre ella llegaban a los oídos del hidalgo? Tampoco lo podemos decir. Hay razones para defender una tesis como existen pruebas suficientes para sostener el otro punto de vista. Lo único cierto es el sentimiento amoroso que experimentó el hidalgo manchego por esa moza labriega de buen ver, pero de costumbres un tanto disolutas y frívolas.
 
Se puede afirmar que hacia los cuarenta años se debió enamorar platónicamente de esa “moza de buen ver” a pesar de su fama y de su conducta. Sin embargo, a pesar del tiempo transcurrido, más de doce años, no se había atrevido en ocasión alguna a mostrar sus sentimientos a la joven. Es posible que durante ese tiempo dedicara buena parte del día a imaginar lances y situaciones con Aldonza Lorenzo. Por el conducto de la imaginación, representaría el papel de héroe triunfador que lograba alcanzar las metas que se proponía. Lo malo de la situación era que la vivencia descansaba en los espacios del ensueño y de la evocación. La imaginación suplantaba la realidad. Don quijote era muy dado al ensueño y a la fantasía. Este dato queda perfectamente explicado a partir de esa querencia natural que el hidalgo sentía por la farándula y por la ficción literaria.
 
Los amores de Alonso Quijano revelan una personalidad un tanto patológica. Si Alonso Quijano vivía ensimismado en sus amores sin dar a conocer dichos sentimientos a la persona amada era simplemente por su timidez un tanto enfermiza. Este dato implica la imposibilidad de propiciar un encuentro con la mujer amada para la comunicación de sus sentimientos. Si no se atrevía a establecer una simple relación dialogal, mucho menos se atrevería a proponer una relación más profunda con la persona de la que estaba enamorado. Alonso Quijano era un solterón irredento a causa de una timidez en grado patológico. Si esto era así, cabe concluir esta breve exposición afirmando que la vida sentimental del hidalgo manchego se caracterizaba por su pobreza absoluta y por su vacío total.
 
Por lo tanto, la vida de Alonso Quijano en ese pueblo perdido de una región olvidada sin vivencias y sin expectativas se tenía que caracterizar por una monotonía completa, por una vulgaridad total y por un tedio insufrible. En su existencia de hidalgo de aldea no había ni acción, ni amores, ni trabajo, etc. ¿Qué había entonces? Monotonía y aburrimiento. Toda su vida se tenía que reducir a un pasar en la cotidianeidad más completa sin más expectativas que el tedioso discurrir de todos los días. Desde este punto de vista, la existencia del hidalgo manchego, tanto en su pasado como en su presente, tuvo que ser dramática por la falta de expectativas y por la ausencia de recuerdos o experiencias del pasado. Alonso Quijano vivía un presente vacuo sin motivaciones en el pasado y con un futuro tan poco atractivo como desalentador era su presente y tuvo que ser su pasado. Desde este punto de vista, se puede afirmar que la personalidad humana del hidalgo manchego era tan triste como trágica.
 
Si a partir de estas breves pinceladas sobre la vida de Alonso Quijano, ofrecemos un cuadro sinóptico sobre el ser y el estar del hidalgo manchego, llegaríamos a las siguientes conclusiones.
 
  • Alonso Quijano era un hombre bueno y honrado, querido y admirado por sus coterráneos. El cariño que en todo momento mostraban hacia él tanto el cura, el barbero, el bachiller, etc., como el bueno de Sancho, así lo viene a demostrar. Las respuestas que asumen cura, barbero, bachiller, etc., frente a la supuesta locura de Don Quijote son consecuencia de la sincera amistad que profesaban al hidalgo y del fuerte cariño que sentían por él. Alonso Quijano era un hombre querido por todos sus convecinos.
 
  • Alonso Quijano era un intelectual, hombre de letras, de profundos y muchos conocimientos. Los saberes que demuestra a lo largo de toda su vida caballeresca lo certifican. Por otro lado, se puede deducir de la lectura de la obra que Alonso Quijano como hombre de letras fue un autodidacta. Nunca salió de su comarca. No asistió a universidad o centro docente señalado. ¿Qué estudios pudo realizar en la pequeña aldea de donde era natural? Muy pocos y muy rudimentarios. Sin embargo, demuestra unos conocimientos fuera de lo común. Buenos ratos de ocio, que eran muchos en su vida, como nos dice el autor de la narración, tuvo que dedicarlos a la lectura y al cultivo intelectual. A sus cincuenta años, Alonso Quijano es un hombre sabio de amplios y profundos conocimientos.
 
  • Alonso Quijano era un hombre de parco pero de buen vivir. Como se ha dicho con anterioridad, los recursos de la hacienda le daban justamente para una comida suficiente y un vestido digno. Nunca ha pasado hambre ni ha conocido el frío. Si en ningún momento de su vida de caballero andante vive angustiado por la comida es porque nunca ha tenido el más mínimo problema de alimentación. Igualmente, si nunca presenta el más mínimo deseo por los bienes materiales, especialmente los económicos, es porque nunca ha conocido el sabor de su carencia. Sus bienes podían ser escasos, pero eran suficientes para poder llevar una vida digna sin grandes alardes y gastos pero también sin fuertes necesidades. Alonso Quijano vivía feliz en una aproblemática y atractiva medianía económica.

  • Alonso Quijano era un impenitente solterón, caracterizado por su timidez patológica. Los amores platónicos con Aldonza Lorenzo son la mejor prueba de lo expuesto. A sus cincuenta años no ha conocido mujer. Toda su experiencia amatoria se reduce a un casto mirar, si esto es realidad. Ciertas insinuaciones por parte de cierta crítica muy actual sobre la posible homosexualidad de Alonso Quijano rondan la estupidez más completa y demuestran una fuerte miopía crítica. Alonso Quijano era un hombre sin experiencias amorosas debido a una especie de timidez patológica. Lo demuestra ese ir y venir a esa aldea cercana para ver en la distancia, presumiblemente sin ser visto, a la mujer de sus amores: Aldonza Lorenzo.
 
  • Alonso Quijano era una persona carente de experiencias físicas y afectivas. Con un pasado vacuo y con un presente sin alicientes presentaba un futuro sin expectativas. La monotonía y el aburrimiento eran una constante en su existencia. A sus cincuenta años, presentaba un futuro muy poco prometedor. Nuestro hidalgo manchego vivía en la decrepitud de la edad. Como hidalgo, había pasado toda su juventud y madurez en un pequeño pueblo de La Mancha, haciendo dejación de la costumbre habitual de los hidalgos: el ejército, las Américas, etc. La vida aventurera propia de los hidalgos españoles de la época fue suplantada en el caso del hidalgo manchego por una medianía vital sin alicientes ni expectativas. La mediocridad era el valor que mejor define la vida de Alonso Quijano.
 
  • Alonso Quijano era un hombre soñador e imaginativo. A falta de vivencias, lo único que tenía el buen hidalgo era su imaginación. Era una persona con fuerte tendencia hacia la fantasía. La inclinación que había sentido siempre, especialmente en sus años de mocedad, hacia el mundo de la farándula, demostraba esta tendencia hacia lo irreal y lo fantasioso. Nuevamente los amores utópicos y atípicos con Aldonza confirmaban este carácter fantasioso e imaginativo de nuestro personaje. La más que probable falta de experiencias vitales era compensada por la fuerza de la fantasía y de la imaginación.
 
  • Alonso Quijano, persona imaginativa, en medio del aburrimiento y de la inactividad, se dejaba llevar por la fantasía y por la imaginación. La edad del hidalgo, “frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años”, era problemática, ya que el hombre debió tomar conciencia de su declive físico y de su cercana decrepitud. En el caso de Alonso Quijano, finales del S. XVI, habría que hablar de un estado de clara decadencia física. En estos momentos y en estas circunstancias, Alonso Quijano daba rienda suelta a su fantasía para colmar por la vía de la ensueño y de la fantasía las carencias existenciales que presentaba. El punto de referencia lo encontraba en los libros de caballerías, donde la valentía y la fortaleza de unos jóvenes caballeros hacían posible las más extraordinarias aventuras en nombre del amor y de la justicia. Es decir, los libros de caballerías formaban un género de ficción donde el amor y las aventuras físicas eran el cuerpo de sus contenidos. Es lógico que Alonso Quijano se dejara arrastrar por este tipo de literatura de evasión, que llenaba con creces las necesidades espirituales y emocionales de su vacío corazón. La ficción le ofrecía lo que no le aportaba la realidad. Por eso, vive cada vez más ensimismado en los mundos ficticios de la literatura hasta llegar a identificar la poesía con la realidad.

 
 

26 octubre 2011

Lo que Internet oculta

La primera conversación que tuve sobre Internet fue en 1993 con Javier O., quien entonces era compañero de carrera y profesión y, como yo, novato en esta incipiente "república". Por entonces, el sistema más usado en Internet por los grupos de discusión era Usenet, que permitía (permite) intercambiar opiniones, artículos, proyectos… con otras personas interesadas en el mismo tema específico. Pero, en conjunto, esta "Red", nos decíamos, iba a ser una gran fuente y modo de distribución de la información e, incluso, un gran negocio, aunque podría crear algunos problemas. Uno de ellos era que iba a potenciar la irreflexión y la imprudencia, puesto que, siendo su distribución geográficamente difusa, podrían encontrarse gente de todo tipo que, a su vez, serían capaces de conectarse unos con otros; con lo que, más que una red lógica, nos encontraríamos en una maraña de datos en la que necesitaríamos distinguir lo fidedigno y aprovechable. Otro, que —si la red era mal empleada— podría dañar la cultura democrática por alentar la imagen intolerante de la sociedad global desde algunas oscuras cavernas. Esas preocupaciones de Javier las enunció a modo de profecía, pero también preveía otras mucho más agradables: ver cómo mucha gente publicaría en la red diversos y abundantes tipos de información —sus conocimientos, sus ideas, sus noticias, sus descubrimientos…— sabiendo que sus palabras podrían leerse desde cualquier lugar habitado de este planeta.
 

Casi veinte años después, el lenguaje de Internet ha evolucionado, pero las preocupaciones no han cambiado mucho. La principal inquietud entonces y ahora parece recaer sobre la seguridad y la privacidad; o por el uso de la tecnología digital por delincuentes, algo que se ha visto claramente confirmado. En segundo lugar, el fomento de ideologías nocivas, sigue siendo una cuestión abierta.

Según profetizó hace tiempo Nicholas Negroponte, el Daily Me podría ser el periódico más leído de los tiempos que vienen. Su traducción española sería Yo Diario o Mi periódico: se trata de una recopilación de artículos, noticias y fuentes adaptada a los deseos de cada persona. ¿Por qué comprar un periódico con noticias internacionales, crítica de libros y cotizaciones de Bolsa, si yo sólo quiero deporte? Bueno: para eso existen periódicos deportivos, ¿no? Pero el lector del periódico personalizado del futuro podría pedir --por ejemplo-- que sólo le llegaran noticias deportivas, relacionadas con los clubes de la ciudad de X., y noticias nacionales con un sesgo político de derechas. O bien, exclusivamente noticias internacionales procedentes del periódico Y o Z, ajedrez y crítica de restaurantes.
Cass R. Sunstein es profesor universitario dedicado principalmente al estudio del derecho constitucional, derecho administrativo, derecho ambiental y de economía conductual. Actualmente se desempeña como Director de la Oficina de Información y Asuntos Regulatorios (OIRA) en la administración Obama y como profesor en la cátedra Felix Frankfurter de la Facultad de Derecho de Harvard. Sunstein postula en su libro Republic.com 2.0 (Princeton University Press, 2007) que las noticias personalizadas no son buenas para la comunidad: "Sin experiencias compartidas, una sociedad heterogénea tendrá mucho más difícil resolver problemas sociales". Los progresistas sólo leen periódicos progresistas, y los conservadores sólo fuentes conservadoras, mientras que, según Sunstein "la gente debería estar expuesta a materiales que no han escogido con antelación. Los hallazgos no planeados y no anticipados son centrales para la misma democracia. Son importantes para asegurarse contra la fragmentación y el extremismo, que son frutos predecibles de cualquier situación en la que personas de mentalidades parecidas hablan sólo entre ellos".

Las fuentes de información y especialmente los buscadores nos dicen que solo están dando a la gente lo que la gente quiere. Pero podemos preguntarnos: ¿qué significa “lo que quiere?” Porque todos queremos muchas cosas diferentes. Hay un yo compulsivo, un yo de corto plazo, que hace clic en todos los artículos triviales y hay un yo de largo plazo que quiere estar informado sobre lo que pasa en el mundo, en aquello que conforma nuestra actitud como ciudadanos o en nuestros intereses materiales o intelectuales. Y ambas formas son intencionales todo el tiempo. Tenemos esas dos fuerzas internas. Y los mejores medios de comunicación ayudan al yo de largo plazo a encontrar un poco de equilibrio. Usando una alegoría para entendernos, nos dan algo así como información nutricional sobre las verduras, la carne y el postre y en consecuencia uno puede lograr una dieta; en términos de conocimiento, una información equilibrada. El yo compulsivo nos llevaría a estar rodeado de calorías vacías, de información basura.

Eli Pariser, ex director del grupo de activismo Moveon.org, en su último libro, The Filter Bubble: What the Internet is Hiding from You, Penguin Press, 2011, (La burbuja de los filtros: lo que Internet te oculta), argumenta que finalmente se está llegando a una distopía informativa. Gracias a los avances en la personalización, todos buscamos más lo que nos gusta y está de acuerdo con nuestra ideología (tómese esta palabra en su más amplio sentido), y menos de lo que desafía nuestras creencias. Yahoo! Noticias rastrea los artículos que leemos; Amazon Books registra el tipo de libros que elegimos y preferimos; y Netflix almacena las películas que seleccionamos. A medida que las empresas con presencia en Internet se esfuerzan por adaptar sus servicios (incluyendo noticias y resultados de búsqueda) a nuestros gustos personales, surge una consecuencia no deseada y peligrosa: quedar atrapados en una “burbuja de filtros” que nos obstaculiza el acceso a toda la información y que podría desafiar y restringir nuestra visión del mundo.


The Filter Bubble:
What the Internet is Hiding from You
El modelo favorito de Pariser, con el que comienza su libro, es la personalización que ahora ofrece Google para dar sus resultados de búsqueda según 57 criterios diferentes adaptados a la experiencia del usuario que guarda en sus supercookies, incluso si no se está conectado a través de una cuenta de Gmail. Si inicias sesión en Google, entonces Google obviamente tiene acceso a todo tu correo electrónico en Gmail y todos los documentos que has subido; a mucha información. Un ingeniero contó a Pariser que, incluso cuando sales, hay 57 señales que Google rastrea –“señal” es la palabra que usan para las variables que miran. Todo, desde la dirección IP de tu ordenador –que es básicamente tu dirección en Internet–, qué tipo de portátil, PC y software estás usando, incluso cosas como el tamaño de la letra o cuánto tiempo te quedas mirando un enlace concreto. Y usan eso para desarrollar un perfil tuyo, una idea de qué tipo de persona eres. Como consecuencia, usan toda esa información para confeccionar a medida el contenido que te muestran. Uno pensaría que alguien preocupado por los peligros de personalización debería prestar más atención a Facebook, pero Pariser cree que la combinación de las 57 variantes de Google incluye llegan a tomar la forma de distintos marcos ideológicos. El año pasado, dice, propuso a dos amigos que comparten puntos de vista económicos y políticos parecidos que buscasen el término “BP”. Uno encontró en los primeros resultados de la búsqueda información sobre inversiones de la empresa. El otro, noticias sobre el vertido de petróleo en el Golfo de México. Curiosamente, esta sola anécdota puede servir como paradigma a la reivindicación central de su libro.
Todos estos reparos son ecos de aquellos expresados por Nicholas Negroponte y Cass Sunstein, quienes advirtieron del uso excesivo en la Web del narcisismo diario que se alimenta, por poner un ejemplo claro, del “me gusta” en Facebook o las puntuaciones que damos en las informaciones que nos interesan. Actualmente, y en Facebook en particular, esto es un problema porque en esa red la información se trasmite presionando el botón “Me gusta”. Y el botón “Me gusta” tiene un desequilibrio muy particular. Es fácil de presionar “Me gusta” cuando el post es del tipo ‘Acabo de correr una maratón’, ‘Te recomiendo este libro’ o cualquier otro que exprese una opinión coincidente con la tuya en cuestiones sociales o políticas; pero es muy difícil presionarlo cuando la opción es ‘La guerra en Afganistán ya lleva diez años’. A nadie le gusta que dure tanto tiempo. Y si pulsamos ese botón para decir que me interesa un enlace sobre esa información, muchos podrían entender lo anterior.

Eli Pariser
En lugar del Daily Me de Negroponte, decidido por el mismo usuario, nos encontramos con una personalización prefabricada. En última instancia, esto es malo para nosotros y para la democracia. Muchos ven estas nuevas herramientas de comunicación como algo que puede socavar el discurso cívico. La “burbuja de filtros” nos empuja en la dirección opuesta. Crea la falsa impresión de que todo lo que existe corresponde a nuestras ideas egocéntricas. La pérdida de variedad en la información, de la pluralidad de ideologías en los resultados de nuestras búsquedas y de nuestras preferencias, es el pago que hacemos por conseguir un contenido más comprensivo pero también intelectualmente menos abierto. Y, a su vez, nos hace más vulnerables a la propaganda y la manipulación.

Internet se está convirtiendo cada vez más en una cámara de resonancia donde los sitios web adaptan la información a las preferencias que detectan de cada usuario. Cuando los usuarios buscan la palabra “Egipto”, algunos preferirán consultar las últimas noticias sobre la revolución y otros querrán consultar solamente los resultados relacionados con unas vacaciones en ese país. Los cincuenta principales sitios web toman un promedio de 64 bits de información personal cada vez que alguien visita su página y luego diseñan sus sitios de acuerdo a las preferencias que los usuarios manifiestan. ¿Qué efecto tendrán estos filtros online para el futuro de la pluralidad democrática en el uso de la información? Mientras estos sitios sacan provecho al adaptar sus anuncios para visitantes específicos, los usuarios pagan un alto precio por vivir en una burbuja de información fuera de su control. En lugar de poder acceder ampliamente a información variada, estamos sujetos a estrechos filtros.

Esto va en contra de lo que en un principio atrajo a tanta gente a un buscador como Google, es decir, el hecho de que los algoritmos que había desarrollado realmente permitían ofrecer la mejor información que había en la red. Si uno examina qué decían del algoritmo original de Google, verá que se referían al mismo en términos explícitamente democráticos: que la red era una manera de votar, que cada página votaba por la credibilidad de otras páginas. Y esto es un cambio con respecto a aquello. Ahora Google se está transformando en un espacio donde cada persona puede tener resultados distintos según dónde haga clic. La mayoría de la gente solo usa los tres primeros enlaces que aparecen en una búsqueda. Está pasando en los sitios más importantes y cada vez más en los sitios de noticias. Por ejemplo, en las noticias de Yahoo! se hace exactamente lo mismo: adaptan los artículos que uno ve en el sitio ‘Yahoo! Noticias’ a lo que el sitio cree que a uno le interesa. También el plan de Google News es que, una vez que perfeccionen este algoritmo personalizado, se lo ofrecerán a otros sitios web de noticias, de modo que cualquier sitio de noticias pueda usar todos esos datos para adaptarse a ti. Hay cosas realmente importantes que van a quedar fuera si esos algoritmos no son muy buenos. Y lo preocupante es que esto está ocurriendo de manera invisible. No lo vemos en funcionamiento. No podemos decir en qué se diferencia el Internet que una persona ve del Internet que ven las demás, pero cada vez hay más diferencias. Si un buscador no te muestra rápidamente el tipo de información que necesitas, realmente te la pierdes. Y esto no sólo está pasando en los buscadores, sino en toda la red.

Pero también los usuarios utilizamos lo que se llama sesgo de confirmación, que es básicamente nuestra tendencia a sentirnos bien con información que confirma lo que ya pensábamos. Y de hecho esto se puede observar en el cerebro. Hay un pequeño aumento de la dopamina cuando alguien te dice que tienes razón. Es así como vamos construyendo nuestra propia red social. Nos hacemos “amigos”, o seguidores o fans de las personas que coinciden en nuestros gustos, aficiones e ideología. Por lo tanto, si pudiéramos construir nosotros mismos un algoritmo que nos mostrara lo que cada uno quiere y si el único propósito fuera conseguir que la gente hiciera clic más veces y viera más páginas, ¿para qué mostrarle algo que les hiciera sentir incómodos, o que les indicara que no tienen razón o que hay otras cosas en el mundo además de nuestras propias y estrechas ideas? Todo esto refuerza la polarización dentro de la sociedad, en el sentido de que la gente no está en contacto ni escucha los puntos de vista de otros con la que pueden estar en desacuerdo. Basta con echar un vistazo a nuestros propios “amigos” o “seguidores” en una red social para confirmarlo.

En resumen, todo esto plantea una especie de problema mayor con respecto a lo que pensábamos de Internet. Tendemos a pensar en Internet como una especie de medio en el que cualquiera puede conectarse con cualquiera, muy democrático, libre para todos y mucho mejor que aquella vieja sociedad con guardianes que controlaban el flujo de la información. Realmente, no es así cómo están funcionando las cosas. Lo que estamos viendo es que un par de grandes compañías tienen la mayor parte del flujo de información y actúan como los nuevos guardianes. Esos algoritmos hacen lo mismo que los editores humanos, pero de forma mucho menos visible y con mucha menos responsabilidad.

Si extrapolamos esto a toda la actividad de los medios de comunicación dedicada a ampliar los esfuerzos para personalizar la búsqueda basándose en la experiencia social en línea, ahora es posible imaginar un mundo en el que cada persona crea su propio espacio mental y aprehende del mundo exterior únicamente lo que le interesa y le es servido sin esfuerzo. Todo ese miedo teórico que surgió desde hace mucho tiempo se está convirtiendo en un problema real en nuestra sociedad. El lado oscuro de la personalización tiene especial relevancia para los que trabajan en la intersección del periodismo con la tecnología. Mientras que la Web ha proporcionado a los editores numerosas herramientas a fin de individualizar sus alternativas de comercio y de entretenimiento, no ha hecho lo mismo con las noticias per se. La inversión ahora está fluyendo y concentrándose en este tipo de filtro de personalización de los contenidos. Pero hay que decir que los medios tradicionales de información que ahora podemos consultar a través de sus páginas web lo están haciendo mucho mejor que los buscadores. El Washington Post puso en marcha no hace mucho Trove, “un motor de información y noticias personalizadas”, el New York Times tiene News.me, un “servicio de suscripción personalizado de noticias” —como se aprecia la descripción es casi idéntica. En España, por poner un ejemplo más cercano, El País ofrece Eskup, que permite compartir información y opinión entre otros usuarios y también con los redactores. Otras aplicaciones en línea, como Paper.li crean “revistas” personalizadas basadas en tus propias publicaciones en Facebook, Twitter y otras redes. Esta forma de actuar estaría más acorde con la deseada neutralidad en la red.