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07 abril 2015

‘Eichmann en Jerusalén’ (Estudio acerca de la banalidad del mal), de Hannah Arednt

 
Es conocida la génesis de este libro (1963) como consecuencia directa de la asistencia de Hanna Arednt al juicio que se llevó a cabo durante 1961 en la ciudad de Jerusalén contra el ex teniente coronel de las SS, Adolf Eichman, criminal de guerra, cuyas actividades se desarrollaron entre 1933 y 1945 al servicio del nazismo, y que cobraron un vigor irreversible a partir del famoso mitin de Wannsee, Berlín, en enero de 1942.
 
 A lo largo del relato del desarrollo del juicio, Arednt, que no era simplemente una reportera aguda sino una filósofa de primera línea, nos adentra en las múltiples cuestiones que a su pensamiento bien entrenado se van presentando a lo largo de las interminables sesiones. Cuestiones antropológicas, políticas, éticas, psicológicas, de derecho…surgen una y otra vez dimensionando la reflexión y haciendo que cada página de este estudio adquiera una impresionante densidad de sentido. Nos deja así, un legado profundamente inquietante que debiera ser, a mi juicio, de lectura obligada para todo ser humano, sobre todo cuando parecen acercarse nuevas “épocas de oscuridad”.
 
Es posible que Arednt esperara encontrarse sentado en el banquillo de los acusados a un hombre, a lo menos, poco común, pero lo cierto es que Eichmann no le pareció el monstruo que el fiscal quiso presentar, sino uno más de entre los tantos burócratas del nazismo. Un hombre ordinario que mostró ser muy eficiente en las tareas que se le encomendaron, pero que pese a ello, nunca pudo pasar de ser un oscuro Obersturmbannführer a cargo de una subsección muy lejana de los centros de poder donde se decidía cuándo, quiénes y cómo poblaciones enteras terminarían su existencia en los campos de exterminio del este europeo; alguien que sólo cumplía órdenes. Así y todo, Arendt coincide con lo decidido por el Tribunal de Jerusalén: pena de muerte para el acusado.
 
A la pensadora judía le interesa en primer lugar, la especie de doble moral que observa en el acusado, fruto de una especie de conciencia dividida a la que Sartre hubiera llamado “Mala Fe”. Se trata de un fenómeno de defensa psicológica por el cual el ser humano no siente sus acciones como propias, puesto que no le parecen dictadas por la propia voluntad, sino forzadas por unas circunstancias frente a las que al individuo, solo le queda obedecer.
 
Eichmann es un caso modelo. Un hombre ordinario, un tanto grotesco con sus tics, su afán por agradar, su dificultad para expresarse con propiedad, sus salidas de tono, sus tópicos y sus frases hechas...Alguien casi risible que, sin embargo fue quien organizó la deportación y exterminio de las comunidades judías de Europa. Fue un funcionario ejemplar; Casi seis millones de judíos eliminados en tres años, lo ameritan. Es difícil aceptar que detrás de un hecho de estas proporciones, el responsable pueda ser un hombre como éste. Arednt lo constata y lo deja consignado.
 
Eichmann siempre se sintió inocente. No fue, la suya, una cuestión personal. No era antisemita y nunca, tal como nos cuenta Arednt, experimentó un conflicto entre su conciencia y las órdenes recibidas. Tenía claro que debía olvidar todo atisbo de conciencia individual ya que estaba viviendo una época en la que lo que en otra circunstancia se hubiera llamado crimen, aparecía legalizado por el estado del que él era ciudadano y que precisamente como ciudadano, lo obligaba a su cumplimiento. Recordemos que durante la época de Tercer Reich todas las actuaciones estatales estaban respaldadas en leyes, decretos y reglamentos, cuando no en la propia palabra del Führer, considerada ley suprema incluso por prestigiosos constitucionalistas como Theodor Maunz. Es decir, que se dio la paradoja de que actos aberrantes y constitutivos de genocidio y de violaciones a los derechos humanos básicos, formaran parte entre 1933 y 1945 del ordenamiento jurídico del Estado. Lo criminal desde el punto de vista axiológico externo se convirtió en lo legal desde el punto de vista normativo interno, dice Arednt.
 
Es esta “Obediencia debida” la que la filósofa cuestiona y niega que sea un eximente de responsabilidad penal por más que el ejercicio burocrático de estos actos aberrantes que la ley consagraba, los hiciera terriblemente banales llegando a no producir el más mínimo temblor en la mano de quienes les daban curso. En aquellos años, el mal, se volvió banal a fuerza de convertirse en mero trámite rutinario.
 
Otro atenuante que muchos de los que llevaron a cabo estas tareas aportaron en su descargo, fue la insoportable presión del sistema y sus posibles represalias ante la negativa a obedecer. Pero, investigado el asunto, se demostró que no hubo grandes costes que pagar. Aquellos que se negaron a participar en el exterminio sufrieron un cambio de destino, la imposibilidad de medrar… Nada demasiado costoso de asumir.
 
Queda claro que, de haberse negado, Eichmann, hubiera sido quizá un tipo aún más oscuro de lo que fue pero, puesto  que era un “experto” en el tema, la cifra de eliminados hubiera sido bastante menos considerable, si se hubiera negado. Aunque, visto el perfil del personaje, es inimaginable. Recordemos que el imperativo categórico que regía su conducta y del cual se sintió siempre orgulloso, hubiera podido formularse de esta manera: “Obra de tal manera que el Fürher aprobara tu conducta” (no conozco mayor aberración del espíritu del famoso “imperativo” de Kant).
 
 A lo largo del juicio de Eichmann van apareciendo diferentes personajes que generan nuevas y no gratas reflexiones. No se trata ya, en estos casos, de dirimir responsabilidades penales sino, éticas. Esta aparente coartada para mantenerse al margen que es invocada por diferentes testigos, es tratada en relación con la enormidad de la consecuencia que provocó. Llama poderosamente la atención el que el acusado insistiera una y otra vez en su descargo, en el  que, en su entorno, nadie hubiese cuestionado jamás una orden, ni siquiera aquellos que disentían públicamente del régimen y que desgraciadamente solo consagraron sus esfuerzos a conseguir excepciones( un pase para una eminencia judía, un mejor trato para alguien cercano...). Desgraciadamente, al asumir sin cuestionar “la regla”, confirmaron “su validez”.
Quizá por ello es tan importante recordar y enjuiciar el comportamiento, ya no de la Alemania nazi, sino también la de los diferentes estados europeos con respecto a la “Solución final” La autora demuestra que, en aquellas naciones en donde hubo una oposición decidida a La Deportación, los nazis carecieron de la convicción necesaria para doblegarla, y no pudieron llevarla a cabo, lo que la llevó a concluir que el ideal de “dureza” de los nazis (o la apariencia monolítica de todo régimen totalitario) no es más que un mito.
 
En muchos de los Estados sometidos por el yugo nazi (Polonia, Rumania, Ucrania, Lituania) los poderes locales se pusieron casi entusiastamente al servicio del asesinato de judíos pero, afortunadamente, hubo excepciones dignas de mención (Italia, Bulgaria y especialmente, Dinamarca).
 
La actuación de Dinamarca fue especialmente modélica; tanto, que Arednt considera que su actuación debiera ser de obligado estudio para los estudiantes de Ciencias políticas. Dinamarca fue un estado cuyo profundo sentido de la legalidad al servicio de la justicia, impidió que en su suelo, los judíos pudiesen ser perseguidos. Se negó a asumir las leyes antisemitas de los ocupantes, amenazando con hacerlas extensivas la totalidad de la ciudadanía (TODOS los ciudadanos daneses portarían la estrella judía, por ejemplo) Aplicó, además, al límite la condición de “apátridas” de los judíos no daneses a los que protegió al negar a Alemania competencia alguna sobre aquellos a los que había dejado “sin ciudadanía”. Sí, Dinamarca fue magnífica. Su comportamiento demostró que, en época crítica, la oposición, funciona muy bien, sobre todo cuando es inteligente. Demostró también que aquellos nazis que, como fuerza de ocupación, estuvieron en Dinamarca, bajo la influencia continuada de planteamientos y actitudes contrarias a las suyas, cambiaron y en muchos casos se convirtieron en entusiastas colaboradores de la política danesa. Es una lección que no debiéramos olvidar nunca.
 

 
La crítica de la filósofa va más allá. Pone la lupa en todos aquellos, que una u otra manera, contribuyeron a la Solución Final. Estados que, sabiendo lo que ocurría en Europa, se negaron a dar entrada en su territorio a los judíos que huían, al Ejército Aliado que dejó hasta el final indemnes las vías férreas por las que los vagones de deportados debían transitar y que no tuvieron que responder por ello ante tribunal alguno.
 
Pero, tal vez las páginas más inquietantes de este estudio, sean aquellas en las que Arednt cuestiona el comportamiento de las víctimas (es lo que hizo que durante muchísimo tiempo este libro no fuera publicado en Jerusalén). Lo hace con valor y honradez. Deja claro, por más que duela, la ayuda inestimable que los Consejos Judíos brindaron a Eichmann en relación con la organización de La Deportación. Su actuación ni aminoró el sufrimiento, ni evitó males mayores. Al contrario, ayudó a que la organización del exterminio fuese mucho más eficiente. Sin la ayuda de los Consejos Judíos, es seguro que hubieran sido asesinados muchos menos. Es una cuestión incómoda y que hizo diana en la mala conciencia de muchos de los supervivientes.
 
Queda como cuestión de muy difícil reflexión, esa toma de conciencia de que en esa maquinaria horrorosa de la muerte quienes participaban como policías e incluso verdugos, fueran judíos que prácticamente no se rebelaron nunca. Señalar las pocas excepciones que hubo es fundamental para contravenir esa idea determinista de que en cierto tipo de circunstancias, las víctimas, inevitablemente, colaboran. En relación con esto ni Arednt, ni nadie, creo yo, se atrevería a formular juicios morales. Queda aún como algo antropológicamente hablando, dolorosamente pendiente.
 
A menudo se suele escuchar eso de que no se puede juzgar aquello que no hemos vivido. Es más, que no podemos juzgar si tal vez, en la misma situación, nosotros no hubiéramos actuado de otra manera. Pienso que el planteamiento es equivocado. El juicio (esas afirmaciones y negaciones mediante las que nuestro razonamiento fluye) es el instrumento del pensamiento. Si no nos atrevemos a tratar de discernir acerca de la verdad o falsedad del sentido de un hecho. Si no nos atrevemos a predicar la bondad o de la maldad de lo que acontece, estamos renunciando a pensar y con ello, dando carta libre al horror. 
 
Es importante señalar también que, si el criterio ético lo establece solamente nuestra conciencia a menudo entrampada por la mala fe, seremos capaces de realizar las mayores atrocidades con la conciencia limpia. Solo una conciencia cuyo imperativo ético pudiera formularse como “No actuaré sino de acuerdo a lo que me permita vivir con dignidad, sin avergonzarme ante mí misma, sea cual sea la consecuencia” tal como dice Arednt, pudiera ser el camino que nos permita ser excepción cuando la ley, la convención social e incluso el propio instinto vital, pidan lo contrario. Esto exige tomarse en serio el “Atrévete a pensar”, viejo lema de la Ilustración todavía pendiente. Si algo queda claro tras estas páginas es que solo tendrán posibilidad de actuar decentemente, cuando las circunstancias sean extraordinarias, aquellos que estén acostumbrados a cuestionar y a cuestionarse.
 
El libro se lee con temor y temblor. Sabemos que el Holocausto pudiera muy bien volver a repetirse y que actualmente, de hecho, existen otros Holocaustos. Arendt argumenta al respecto que todo paso que, para bien o para mal, da la Humanidad en su historia, está condenado a ser el umbral del siguiente hito en su camino hacia su salvación o destrucción, según el caso. También esas contadas excepciones que brillan fulgurantes en medio de estas “noches oscuras”, son de un incalculable valor ejemplarizante y por supuesto, también pueden volver a repetirse. Otro imperativo ético bien pudiera ser el relato continuado de todo lo que constituyó una actuación honorable de la que la humanidad pueda sentirse orgullosa. Hay que repetir una y otra vez, para que no se olvide, que el ser humano también puede actuar de otra manera.
 
Es de agradecer vivamente este insobornable ejercicio de pensamiento. Sólo el juicio, por más doloroso que sea, puede permitirnos hasta cierto punto entender y entender-nos. Atrevernos a ello quizá nos ayude mañana a negarnos a buscar coartadas en tiempos de oscuridad.

Hannah Arendt y la banalidad del mal (documental completo)

 

 

15 marzo 2015

El sueño bolivariano redivivo: las reelecciones presidenciales en perspectiva histórica

Anónimo, Manifestación del Centro Democrático Anti-reeleccionista, Ciudad de México, mayo de 1910. Impresión contemporánea (a partir de placa seca de gelatina). © 5662 CONACULTA. INAH. SINAFO. FN. MÉXICO. Fondo Archivo Casasola, Pachuca, Hidalgo
 
'El presidente de la república viene a ser en nuestra Constitución, como el Sol, que, firme en su centro, da vida al universo. Esta suprema autoridad debe ser perpetua; porque en los sistemas sin jerarquías se necesita más que en otros un punto fijo alrededor del cual giren los magistrados y los ciudadanos: los hombres y las cosas'.
Simón Bolívar, Discurso introductorio a la Constitución de Bolivia, 1826.

La cita del Libertador es oportuna para reflexionar en perspectiva histórica sobre un debate muy actual. Como sabemos, la reelección indefinida de un jefe de Gobierno es relativamente común en los países con sistemas parlamentarios pero no lo es en los países republicanos con tradición presidencialista. En Hispanoamérica –principal laboratorio de experimentación republicana durante el siglo XIX– predominó desde los orígenes la tendencia  a establecer límites (con distintas variantes) a la reelección de los poderes ejecutivos. Esta tendencia, que se mantuvo a lo largo del siglo XX, hoy parece retroceder si observamos las propuestas de reformas constitucionales destinadas a implantar la reelección de los presidentes. 
 

 
El caso más resonante ha sido la reforma impulsada por Hugo Chávez en Venezuela que –cumpliendo el sueño bolivariano– instauró la reelección indefinida del Poder Ejecutivo. En Ecuador, la Constitución de 2008 promovida por Rafael Correa estableció la reelección presidencial inmediata por una sola vez y actualmente se está discutiendo la posibilidad de reformarla para permitir la reelección indefinida. En Colombia, el intento del expresidente Álvaro Uribe de obtener una segunda reelección inmediata fue frustrada por la Corte Constitucional al declararla inconstitucional en 2010. En Argentina, con la reforma de 1994 aprobada bajo la presidencia de Carlos Menem, se consagró el principio de reelección presidencial por un solo mandato consecutivo (establecido en la reforma de 1949 impulsada por Juan Domingo Perón pero abolida luego de su caída) y el debate regresó durante la actual gestión de Cristina Fernández de Kirchner. En este caso, la posibilidad de instituir la reelección indefinida alentada por algunos sectores del oficialismo parece haber quedado clausurada luego de los resultados electorales de octubre de 2013. 
 
Las intermitencias de estos debates son directamente dependientes de las cambiantes situaciones que depara la aritmética electoral como de las diversas características que presentan los sistemas de partidos. Asociados a la emergencia de los neopopulismos en algunos países de la región, estos debates exhiben un argumento central a la hora de avalar las reformas indicadas: si la democracia se funda en el principio de la soberanía popular, y ésta se expresa a través del voto, es antidemocrático no admitir la cláusula de la reelección indefinida si las mayorías sufragan a favor de ella. La adhesión o rechazo hacia este argumento y las posibilidades de éxito que pueda tener en cada caso es objeto de análisis de los cientistas políticos. Pero la densidad histórica que encierra el problema invita a los historiadores a regresar al pasado para reflexionar, una vez más, sobre la siempre complicada relación entre legitimidad electoral y límites al poder. Un asunto que ha merecido la atención de los más célebres filósofos políticos, intelectuales y especialistas desde el temprano siglo XIX y que sólo retomaré aquí en algunos aspectos de manera (peligrosamente) estilizada. 
 
Si miramos en perspectiva histórica cada una de las premisas que componen el argumento que avala la reelección indefinida de la autoridad política, Bernard Manin –entre otros– nos viene a recordar (en Los principios del gobierno representativo, 1998) lo siguiente: 
 
1.     Que hasta fines del siglo XVIII los sistemas electivos fueron considerados métodos aristocráticos e incluso oligárquicos de selección de la autoridad. Desde la democracia griega, pasando por la república romana y las antiguas repúblicas italianas, en las que se practicaban diferentes sistemas electorales, se consideró que la elección reducía el círculo de los ciudadanos potenciales a ocupar un cargo porque sólo serían electos aquellos que gozaran de mayor prestigio y recursos materiales para imponer sus candidaturas. 
 
2.     Que el modo de atenuar esa tendencia a crear gobiernos aristocráticos u oligárquicos a los que conducía la posibilidad de elegir y reelegir indefinidamente a los personajes más populares era combinar el sistema electivo con el mecanismo de sorteo. Este último era considerado el procedimiento democrático e igualitario por antonomasia porque estaba destinado a garantizar el principio de rotación en el cargo; es decir, el principio  que estimulaba la alternancia entre mando y obediencia.
 
3.     Que esta forma de concebir la democracia es muy diferente de la que se impuso gradualmente después de las revoluciones de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX. La selección por sorteo era considerada un procedimiento particularmente igualitario, pero no se pensaba en la igualdad de oportunidades, ni en la igualdad de resultados, sino en la igualdad de probabilidades de obtener un cargo. 
 
4.     Que con las revoluciones atlánticas se abandonó el mecanismo de sorteo y se adoptó el sistema electivo como único procedimiento de expresión de la voluntad popular. La secularización del poder político  impuso las nuevas bases de legitimación fundadas en el consentimiento de aquellos sobre los que se ejerce la autoridad.
 
Ahora bien, el advenimiento de una era signada por el triunfo de la soberanía popular estuvo también marcado por las prevenciones ante la amenaza latente de ejercicio despótico del poder. Tales prevenciones se tradujeron constitucionalmente en el novedoso principio de división de poderes y en la instauración de un mecanismo capaz de garantizar la alternancia y la rotación en los cargos como lo había hecho en las repúblicas clásicas el sistema de sorteo. En los sistemas republicanos modernos, este mecanismo estuvo especialmente pensado para esa nueva criatura política que acababa de inventarse: la de un poder ejecutivo unipersonal elegido por el voto popular en reemplazo de la figura del monarca fundada en el principio hereditario del linaje dinástico.
 
Adam Przeworski, al reflexionar sobre el tema (en Qué esperar de la democracia. Límites y posibilidades del autogobierno, 2010), subraya que la predominancia de mandatos cortos y de restricciones a la reelección en las primeras constituciones republicanas ya no perseguía el principio (aristotélico) de dar a todos una oportunidad de gobernar, sino el de evitar que los elegidos se eternicen en el cargo. El autor destaca además que, en Hispanoamérica, el Sol al que aspiraba Bolívar promoviendo presidencias vitalicias despertó entre sus habitantes un temor que sólo se atenuaría a fines del siglo XX. Las fórmulas prescriptitas y operativas inventadas y redefinidas a lo largo de estos dos siglos para diputar el nudo gordiano de nuestras repúblicas –tal es el control de la sucesión presidencial– revelan, por un lado, la variedad de sistemas y de prácticas desarrollados desde México (el caso sin duda más 'original') hasta la Argentina, y por el otro, la novedad de esta tendencia reeleccionista. Aún cuando la misma se presenta sólo en unos pocos casos bajo el reclamo maximalista de ser indefinida, es cierto también que desde la última década del siglo pasado se sancionaron reformas para establecer un segundo mandato consecutivo en varios países.
 
El temor exhibido en el pasado hacia la figura del presidente y su potencial vocación de perpetuarse en el poder parece diluirse en algunas de nuestras sociedades a favor de una legitimidad basada excluidamente en las urnas. En este caso, el sempiterno solapamiento entre procedimientos técnicos y principios sustantivos de legitimidad asume nuevas valencias. Si bien en los orígenes de la ficción fundadora del régimen representativo la regla de la mayoría se desplazó y confundió con el principio abstracto de la soberanía popular –en sintonía con el ideal de unanimidad que dominó la política durante gran parte del siglo XIX– había allí otra regla que no se vio erosionada (o contaminada) por la primera: a saber, la restricción de los mandatos. La novedad del momento es que la actualización de aquel desplazamiento que identificó la mayoría (de sufragios) con el todo (la voluntad general) hoy se lleva puesto el límite (y no sólo temporal) al ejercicio de la máxima autoridad. Un resultado que Guillermo O’Donnell denominó 'democracias delegativas'.
 
¿Se trata pues de un fenómeno exclusivamente latinoamericano? Sin duda que para muchos es difícil vencer la tentación de regresar sobre las clásicas versiones que vieron a la cultura política latinoamericana como una suerte de anomalía signada por el caudillismo, el personalismo, el populismo y tantos otros 'ismos' que se podrían agregar. Sin embargo es preciso explorar otras vías de análisis que ubiquen el fenómeno en un horizonte más amplio y complejo. En este sentido, cuando Pierre Rosanvallon reflexiona en torno a las disputas por la reelección de los poderes ejecutivos, concentrándose básicamente en el caso estadounidense, afirma que el tema no ha merecido suficiente atención en el campo académico a pesar de exhibir una transformación fundamental de las democracias actuales. Su abordaje del problema difiere, sin duda, de las situaciones aquí presentadas y se inscribe en la premisa que atraviesa su libro titulado La contrademocracia. La política en la era de la desconfianza (2007): el advenimiento de una democracia de la desconfianza frente a la democracia de la legitimidad electoral deriva en lo que el autor denomina 'democracia de control'. Aunque a primera vista esta premisa parece invertirse en Latinoamérica (al menos en el tema puntual que nos convoca) al observarse la creciente exacerbación de una legitimidad electoral que ya no reconoce la inicial desconfianza de nuestros antepasados ante el ejercicio continuado del poder, la pista de Rosanvallon puede resultar fértil. Bucear en las modulaciones que fue adoptando la desconfianza en el arco temporal que recorre los dos últimos siglos es un desafío abierto. Entre las democracias delegativas y las democracias de control se cuelan, sin duda, transformaciones en las culturas políticas que es preciso comprender.
 

27 enero 2015

John Dos Passos. ‘Viajes de entreguerras’


 

John Dos Passos
Viajes de entreguerras
Traducción de Juan Gabriel Vázquez
Península. Barcelona, 2005
 
John Dos Passos (1896-1970) es conocido sobre todo por novelas como Manhattan Transfer (1925) y las que integran la trilogía USA: El paralelo 42 (1930), 1919 (1932) y El gran dinero (1936), escritos políticamente comprometidos que dibujan un retrato caleidoscópico de una sociedad mecanizada y profundamente dividida entre un pequeño grupo de privilegiados y la masa alejada del poder. Sus novelas posteriores, peor recibidas por la crítica, evidencian un viraje hacia posturas cada vez más conservadoras, así como la pérdida del espíritu mordaz que caracterizaba a las primeras. Merecen destacarse también entre sus obras las que recogen sus experiencias de viajero infatigable. Entre estas se encuentra Journeys between wars (1938), donde presentó una selección de textos ya publicados, ligeramente revisados para la ocasión, junto con otros nuevos. Este es el libro cuya versión española acaba de editar Península con el título de Viajes de entreguerras. Se trata de un volumen misceláneo, brillante y, además, de un extraordinario interés histórico, pues describe lugares y momentos críticos de aquel mundo convulso. Un interés añadido es que proporciona algunas claves del giro ideológico de Dos Passos, producido justamente en esos años.
 
Tras una breve introducción, abren el volumen seis fragmentos, seleccionados por el autor, de los que componían su primer libro de viajes, Rocinante vuelve al camino (1922). En ellos, a través de descripciones de lugares y gentes de Castilla, muestra su admiración por una vida apegada al pasado y carente de artificio, que veía como contrapunto de la Norteamérica que conocía. Jorge Manrique y Don Quijote son referencias obligadas en unas páginas que muestran también la inquietud por un futuro vislumbrado en que aquel mundo iba a colisionar, inevitablemente, con la vorágine capitalista que se desarrollaba en su entorno.
 
 Los textos que aparecen a continuación corresponden al libro Orient Express, publicado en 1927 y basado en un viaje de 1921 en el que fueron visitados los Balcanes, Turquía, el Cáucaso y Oriente Medio. Encontramos aquí algunos momentos de un interés histórico extraordinario y de gran brillantez, como la descripción fotográfica de un Estambul controlado por los aliados en plena guerra de liberación del territorio turco, cuando el futuro de la ciudad era un enigma. Son memorables también las instantáneas del Cáucaso unos años después de la revolución rusa. En Irán el relato adquiere un tono desenfadado y humorístico, y el interés decae después en el interminable trayecto entre Bagdad y Damasco. Sus experiencias en la primera de estas ciudades le llevan a un lúcido análisis del triste destino colonial al que se enfrentaban aquellas tierras recién liberadas del dominio turco. Es este un tema, como puede verse, de extrema actualidad.
 
Los capítulos que siguen, agrupados bajo el epígrafe Visado Ruso , están entresacados del libro En todos los países (1934), y narran experiencias en una visita a Rusia en 1928, que suponía un intento de tomar el pulso a la Rusia revolucionaria. Hay aquí descripciones de Leningrado, el Cáucaso de nuevo y Moscú, e interés sobre todo en un contacto directo con la gente. Las conversaciones hacen aflorar la esperanza de personas noblemente empeñadas en la construcción de un mundo distinto, oscurecida sin embargo por presentimientos del terror estalinista.
 
La siguiente sección del libro, Introducción a la Guerra Civil, recoge algunos fragmentos viejos sobre España y América, y otros inéditos en libro sobre la Guerra Civil española. Las visitas a México y Guatemala en los años 20 dejan entrever episodios de la eterna lucha del campesino por conquistar la tierra que trabaja a terratenientes e internacionales fruteras. Se presenta también una biografía apasionada del gran Emiliano Zapata.
 
La parte dedicada a la Guerra Civil comienza con un recorrido agudo y rápido por la historia de España, que culmina con una emocionada bienvenida a la II República, “la República de los Hombres Honestos”. Hay presentimientos aciagos, sin embargo, en el relato de los sucesos de Casas Viejas y en la crónica de un mitin socialista en Santander ante la hostilidad de la burguesía local: “Eran muchos socialistas; les tomó un buen rato pasar con sus banderas y sus niños y sus lazos rojos y sus cestas de comida. El odio silencioso de la gente sentada en los cafés fue algo embarazoso. Los socialistas pasaban en fila, inocentes como un rebaño de ovejas en el país de los lobos.”
 

21 enero 2015

El Banco Central Europeo y la financiación de los Estados

Henry Ford, el fundador de la conocida automovilística, comentó una vez: “es bueno que la gente no conozca cómo funciona nuestro sistema bancario y monetario, porque si lo hiciese, creo que habría una revolución antes de mañana por la mañana”. Sin ser tan extremos en las conclusiones que Ford vaticinaba, es cierto que el desconocimiento de cómo funciona, al menos en términos básicos, el sistema bancario y monetario —financiero en definitiva— actual es absoluto. Poco interés de buena parte de la población y conveniencia de quien maneja este entramado por ocultarlo o distorsionar el discurso es lo que motiva en gran medida esta situación. Sin embargo, la simpleza del mecanismo que permite que el dinero circule por la economía y acabe en nuestros bolsillos es absoluta. Nunca algo tan sencillo pareció tan complicado. Por ello, a lo largo de estas líneas intentaremos explicar, aplicado al caso de la Eurozona, cómo funciona todo el entramado monetario y financiero que rodea a la creación de dinero y qué camino sigue hasta llegar a la economía real.

Dinero físico y dinero virtual

Antes de entrar a hablar en detalle del funcionamiento financiero europeo, conviene aclarar previamente ciertas cosas: la primera, que el valor del dinero como tal reside en la confianza que los usuarios de ese dinero le dan al mismo. Si mañana todo el mundo se levantase con la absoluta e inamovible creencia de que el Euro no tiene ningún valor y que la mejor manera de realizar nuestros intercambios es usando gallinas, los euros perderían todo su valor y pasarían a ser unos curiosos objetos con un número por delante y una cara o un monumento por detrás. El valor del dinero existe en tanto en cuanto la sociedad que la utiliza cree firmemente en que ese es el único elemento legal y válido para hacer intercambios y transacciones económicas —dinero fiduciario que se llama—. Tiene un porqué detrás. Esa confianza y la exclusividad como herramienta viene dada por el poder del Estado, que avala tal objeto como portador de valor gracias a su monopolio de la violencia legítima y su capacidad política, económica y militar para mantener ese estatus. Así, en lugares donde el Estado es inexistente, caso de los llamados “estados fallidos”, no es extraño que el dinero que circule sea el emitido por la facción o grupo que controle el lugar. El más fuerte impone su ley, incluyendo la monetaria.
 
Lo segundo que debemos considerar es el hecho de que en el mundo actual el dinero que se mueve es eminentemente virtual y apenas está respaldado por dinero físico —monedas y billetes—. En 2013, por el mundo había dinero circulando por valor de unos 55 billones de dólares —dividido en distintas monedas—, de los cuales unos 5,2 billones eran monedas y billetes. Esto quiere decir que aunque las cifras puedan bailar ligeramente —dinero negro, por ejemplo—, en el mundo hay 10,5 dólares virtuales por cada dólar físico. Además, hay que considerar que esto es una media de todo el mundo. En zonas con una economía más básica y menos dependiente del sistema bancario —el Sur global—, la proporción es más baja, mientras que en las regiones más “financiarizadas” del planeta, la relación supera con creces la proporción de diez a uno. 
 
Al comprar un artículo por internet o al hacer una transferencia nadie duda de que el dinero ha ido de unas manos a otras, y nadie ha tocado una sola moneda. Las transacciones económicas actuales son, cada vez más, movimientos de números entre cuentas bancarias. Simples anotaciones; sumas y restas. El dinero físico se utiliza casi exclusivamente para operaciones cotidianas, y aun así hay elementos como las tarjetas de crédito, dinero plástico que se vale del dinero virtual, que compiten como método de pago. Sin embargo, la percepción generalizada es la de que el dinero físico es mayoritario y casi el intermediario natural en una operación, cuando en absoluto es así y de hecho, cada vez tiene una presencia más marginal a nivel global.

10 diciembre 2014

Neoliberalismo, Globalización y Antiglobalización



El cuerpo doctrinario conocido como liberalismo surge en el siglo XVIII, de la mano de su teórico más importante, Adam Smith. Surge como un cuestionamiento de las restricciones feudales al comercio y la producción, crítica económica al patrimonialismo y a las barreras para la libertad de intercambio de trabajo por salarios, impulsó la transformación de la producción simple en acumulación y lo amplia a capital. En el combate de las limitaciones que el feudalismo imponía al desarrollo de las fuerzas productivas, el liberalismo cumplió funciones revolucionarias en un sentido amplio, si bien con consecuencias nefastas para las explotaciones agrícolas de auto-consumo, a las que expulsó de los campos para convertirlas en proletarios y de las masas de las colonias y semicolonias que contribuyeron con su sudor y sangre a la acumulación originaria o primitiva del capital.

Adam Smith

El liberalismo fue la ideología dominante en los países de desarrollo industrial temprano, con Inglaterra como ejemplo clásico de imperio dominante liberal; sin embargo, fue resistido por las naciones de despegue industrial tardío, como EE.UU., Alemania, Japón, que impulsaron políticas proteccionistas y de impulsó al consumo y mercados internos, desarrollando y ampliando la industrialización y la masificación del mercado interno por medio del trabajo asalariado. Más adelante, en la década de los 60 y los 70 en países de Asia seguirán el mismo camino.

La resistencia al auge del Keynesianismo se organiza en torno a las instituciones educativas como: la Universidad de Chicago, el London School of Economics y el Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales de Ginebra. Dada la entrada del capitalismo en su “edad de oro” los argumentos por la implantación de un capitalismo duro y libre de reglas, no encuentran un eco muy amplio, sus argumentos acerca de los valores positivos de la desigualdad social y el desempleo estructural, sonaban solamente en círculos reaccionarios muy limitados. Otras influencias derivan de la admiración por el Maltusianismo y el social darwinismo, ambos del siglo XIX.

En un clásico del pensamiento neoliberal, “el camino de la servidumbre” de Von Hayek define: “es la sumisión del hombre a las fuerzas impersonales del mercado la que, en el pasado, me hizo posible el desarrollo de una civilización, que sin ello no habría podido desarrollarse; es mediante esta sumisión como participamos cotidianamente en la construcción de algo más grande de lo que todos nosotros podemos comprender plenamente”.

Los ejes del pensamiento neoliberal, como vemos se expresan en la sumisión “a las fuerzas impersonales del mercado”, considerando toda lucha como una rebelión contra “un sistema de coordinación neutro, impersonal, benéfico universalmente y que traduce un conjunto de mecanismo que funcionan espontáneamente”. No existe racionalidad posible frente a algo más grande de lo que todos podemos comprender plenamente, o más bien, permite cualquier irracionalidad e inhumanidad como producto.

Características principales del neoliberalismo

   En lo económico:


·    Libertad absoluta de mercados: limitando la reglamentación e intervención estatal al mínimo, desregulando los mercados en especial el financiero, e impulsando el abandono de criterios de sustentabilidad ecológica a favor de criterios de rentabilidad.

·      Privatización o liquidación de los servicios y monopolios estatales.

·  Intervención sobre las variables macroeconómicas para evitar déficits  presupuestarios y comerciales, reducción de inversiones sociales.

·   Contención de los salarios en busca de un competitividad internacional y aumentar la tasa de ganancia del capital.

·     Contrarreforma fiscal, aumentando los impuestos indirectos, principalmente sobre el consumo (IVA) y disminuyendo los directos sobre los ingresos altos; promoción de políticas fiscales atractivas para el capital financiero internacional especulativo.

·      Promoción del comercio orientado hacia las exportaciones.

   En lo ideológico:

·    Mercantilización de derecho y conquistas de los trabajadores; conversión de los mismos en bienes y servicios a ser adquiridos en el mercado. La salud, la educación, y el seguro social, dejan de ser derechos indiscutibles de la dimensión humana y se convierten en mercancías, al margen de las funciones estatales.

·   Identificación de lo estatal con todo lo malo, corrupto e ineficiente y al  mercado con lo eficiente y bueno.

·   Imposición de un sentido común neoliberal, con gran penetración en las masas, apuntalada por la liquidación de todo pensamiento alternativo en los grandes medios de comunicación y por una paralela de la contracultura revolucionaria.

·    Al mismo tiempo, potenció en el seno de las organizaciones populares y de izquierda a la corriente posibilista, que no encuentra alternativa alguna y se convierte en portavoz del pragmatismo derrotista que no vislumbra nada fuera de la atenuación de los rasgos externos de la política neoliberal.

·  Desarrolla una esfera del consumo virtual, a través de la televisión fundamentalmente, donde su carácter simbólico no disminuye su capacidad de legitimar al neoliberalismo como sistema de vida y reproducción de las relaciones sociales.

·     Caracterización como utópica de toda opción de organización social diferente y alternativa.

   Efectos del liberalismo en las sociedades:

·     Los individuos se manejan competitivamente en la búsqueda de maximizar su producto. Sin embargo, la realidad social, económica y política muestra que los que confluyen en el mercado, se agrupan en torno a intereses de clase y que la opción por las políticas refleja correlaciones de fuerzas entre la clases y fracciones de éstas. Son los capitalistas organizados en corporaciones e instituciones internacionales los que mandan sobre el mercado.

·     La intervención estatal ha cambiado de signo, no ha desaparecido; los estados intervienen para privatizar, antes que para nacionalizar, intervienen para socializar las deudas de los banqueros repartiendo sobre toda la población al rescate de los ahorradores defraudados. Sin ningún pudor, intervienen para entregar los fondos del IPS a la patronal industrial, a tasas por debajo de la media del mercado y sin garantías reales que garanticen su devolución. 

·   Actúan contra las huelgas y tomas de tierra, interviniendo a favor de la patronal o los latifundistas, consistiendo la actuación de grupos parapoliciales y paramilitares contra los luchadores populares y sus organizaciones.

·      La desregulación se traslado de protagonistas. De regular para la sociedad, se regula para los sectores afines empresariales y contra los trabajadores y campesinos. Se limita el consumo local para priorizar el despegue de los sectores agroexportadoras. La regulación del FMI, Banco Mundial y otras dependencias del imperialismo acrecientan su control sobre el espacio local.

·    La privatización no liquida los monopolios, solo los cambios de signo; de público a privado, frecuentemente, en procesos viciados con características de corrupción y arreglos para privatizar a favor de los amigos.

·      Cambios violentos en la restructuración de la clase trabajadora, dislocando a la misma en fracciones y segmentos polarizados.

·  Merecen una especial mención especial los jóvenes y las mujeres que constituyen los sectores más golpeados por el martillo neoliberal, y con índices de desempleo muy duros.

La globalización


El proceso de la globalización no es nuevo en los análisis marxistas. Ya en los principios de su actividad, Marx y Engels señalaban el carácter eminentemente internacional del proceso de formación y reproducción de capital. En palabras del Manifiesto Comunista: “espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a los productos, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar todas las partes, establecerse en toas partes, crear vínculos en todas partes”.
“Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas y están destruyéndose continuamente. Son suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean materia prima indígena, sino materia original venida de las más lejanas regiones del mundo, y cuyos productos no solo se consumen en le propio país, sino en todas las partes del globo”.
“… Se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones. Y esto se refiere tanto a la producción material, como a la intelectual… en una palabra: se forja un mundo a su imagen y semejanza”.
Las consecuencias de la globalización, entendida como un proceso que profundiza las fases anteriores del desarrollo capitalista y que, adicionalmente, deslocaliza y simplifica los procesos productivos, no son otras que aquellas que ya Marx veía como consecuencia de la Ley General de Acumulación Capitalista. Por otra parte, la concentración y centralización del capital. Y por último, la proliferación de quienes viven en la más abyecta miseria material y espiritual, lo único que a nivel planetario y con descomunal deterioro del ecosistema.

Karl Marx
Karl Marx
Al revisar la historia de la humanidad, se ve que la ampliación de los mercados, ya sea por el pillaje abierto o disfrazado de apertura mercantil, se inicia vigorosamente con el desembarco de las potencias europeas en América. Se toma un gran empuje con la revolución industrial y los avances tecnológicos debidos a la invención del motor de vapor, que impulsaría el auge de los ferrocarriles y los grandes cargueros movidos por éste. Asociado al fenomenal impulso de los medios de transporte, se produce un auge sin precedentes del comercio entre las nacientes naciones imperialistas.

La siguiente fase fue impulsada por el motor de combustión interna, que provoco el auge del automóvil y la definitiva globalización de la revolución de los transportes de masas. Este proceso de internacionalización sufrió un estancamiento prolongado con la crisis de los años 30 y fue retomada con menos fuerza después de la II Guerra Mundial.

Ahora bien, para captar mejor el fenómeno, es preciso profundizar un poco más en las fases de desarrollo del capital. Como ya se señalo, en la segunda fase se internacionalizó el capital comercial. En la tercera, a la que Lenin llamó imperialismo o fase superior a la internacionalización del capital comercial se sumo la del capital financiero, comprendido por Lenin como la fusión de los capitales bancario e industrial. Esta fusión se manifestó en la inversión directa e indirecta, en distintos países.

La fase actual se caracteriza por la profundización de las fases anteriores y la deslocalización de los procesos productivos industriales ya fragmentados, para disminuir los costos de las materias primas y auxiliares y la mano de obra, sacrificando a su vez la menor ganancia posible vía impuestos.

Todo ello, acompañado por un proceso revolucionario colosal y veloz en la composición organizada del capital y los medios de comunicación. Es evidente que el proceso se acelera bruscamente a partir de los 80, y que la caída del bloque soviético, los avances hacia la liberalización de China, Vietnam y otros estados anteriormente no vinculados profunda y abiertamente al mercado capitalista global, ha dado un impulso fundamental a esta tendencia.

Pero en lo fundamental, el discurso de los “globalitarios” apunta a construir una suerte de realidad virtual: la absoluta inviabilidad de cualquier opción por fuera de las leyes neoliberales de la globalización en marcha. Es lo que los franceses denominan “pensamiento único” y que algunos sectores de la izquierda reformista están adoptando en forma absolutamente acrítica con respecto al proceso histórico-social real del capitalismo contemporáneo. El mito neoliberal de la globalización apunta hacia el carácter supuestamente inexorable e inescrutable de la globalización, esconde las responsabilidades concretas de los gobiernos y las clases dominantes, en los desastres sociales que sus políticas producen y se convierte en medio de justificación ante las masas.

Características de la globalización


Los elementos fundamentales se caracterizan y diferencia a esta situación, de la mera aceleración de la internacionalización y marcan el surgimiento de un nuevo modo de restructuración de la economía mundial son los siguientes:

·  Expansión capitalista a escala realmente planetaria, cubriendo efectivamente, de una manera u otra, todas las formaciones sociales. Globalización tanto de la esfera de la producción como de la comercialización, yendo mas allá, “de la simple yuxtaposición de mercados nacionales, a la unificación efectiva del mercado mundial, y éste como horizonte natural, de las grandes transnacionales”. (Husson 1994)

·  Constitución de bloques regionales supranacionales en niveles desconocidos hasta ahora, donde veremos que el movimiento transversal de la comunicación, es acompañado, de reestructuraciones verticales de las economías regionales en torno a tres polos: EE.UU., Europa y Japón.

·      Surgimiento de compañías totalmente mundializadas, que actúan a partir de una base planetaria de desarrollo, producción y distribución de sus productos y servicios. (Petrella 1989)

·      Crecimiento de los procesos de mundialización sin una simultánea aparición de organismos supranacionales de regulación. El refuerzo de instituciones supranaciones se ve rebasado por lo hechos. El FMI, el Banco Mundial, la OMC y estructuras menos formalizadas cumplen funciones crecientes de ordenamiento de los procesos globales, como demuestran sus actuaciones frente a la crisis de la bolsa de octubre del 87, la guerra del golfo, las crisis mexicanas del 82 y la del 95. Esta coordinación de esfuerzos del imperialismo, no elimina las contradicciones internas, por lo que es difícil coincidir con las tesis del Ultraimperialismo, que pretende que las potencias imperialistas están regidas por un solo centro decisorio. En ese marco se inscriben las pensiones entre MERCOSUR y NAFTA.

·      Los flujos financieros se desplazan con absoluta libertad y facilidad. Este mercado mundial de capital-dinero se ha constituido a través del proceso de internacionalización progresiva del capital, y ha tenido un salto cualitativo excepcional con el proceso de globalización. Su característica principal se da en el hecho de que una masa creciente de rentas fructifica, independientemente de la utilización de un factor productivo directo, sea en forma de capital productivo, trabajo o tierra.

·      Revolución tecnológica e informática.

·      El carácter predominante de la cultura de la imagen por encima de la palabra escrita, que marca una revolución en sí misma, controlada por un sector monopolístico muy concentrado, es impulsado a su vez por el carácter inmaterial que va adquiriendo la producción de mercancías, donde los costos de investigación de mercados, diseño, desarrollo de producto y marketing son una parte cada vez más dominante de los costos de las mercancías.

Estas son algunas de las características de esta nueva fase del capitalismo, contrario sensu de las opiniones de sus apologistas. La misma no implica el fin de la historia, ni mucho menos de la lucha de clases; marca una inflexión en el desarrollo del capital, que se debe encarar con herramientas apropiadas para darle una respuesta con contenido transformador, que aprovechando el desarrollo de las fuerzas productivas que la misma libera, ponga limites a su carácter de clase.

La globalización se interrelaciona con el neoliberalismo y ambas forman parte de una contraofensiva del capital a nivel global, intenta construir una nueva relación entre el capital y el trabajo en todos los terrenos, social, político y económico.

Antiglobalización

El movimiento antiglobalización, es un amplio conjunto de movimientos sociales formado por activistas provenientes de distintas corrientes políticas, que a finales del siglo XX convergieron en la critica social al denominado pensamiento único y a la globalización. Acusan a este proceso de que, mientras beneficia a las multinacionales y a los países más ricos, acentúa la precarización del trabajo, consolida un modelo de desarrollo económico injusto e insostenible, y socava la capacidad democrática de los estados, entre otros aspectos negativos. Generalmente, los activistas y simpatizantes mantienen una ideología izquierdista, contraria al liberalismo económico (economía de mercado y comercio libre). Existe cierta controversia sobre el término que define este movimiento. Sus partidarios prefieren el término “altermundismo” o “alterglobalización” para evitar definirse por opción y porque el termino “antiglobalización” daría una imagen imprecisa y negativa. El nombre altermundismo viene precisamente del lema “Otro mundo es posible”, nacido en el Foro Social Mundial, que cada año reúne a movimientos sociales de izquierda política internacional.

Características del movimiento antiglobalización

En el contexto de la crisis del “socialismo real”, el movimiento altermundista es un movimiento contestatario de carácter mundial y constituye una respuesta de la izquierda a la fata de representación y a la globalización neoliberal. Si bien el movimiento antiglobalización ha sido perpetrado por elementos contrarios a la revolución y está yendo hacia el reformismo, no es menos cierto que ha logrado éxitos, como las cumbres sin acuerdos, la no implementación del ALCA, etc. Pero es necesario, como inclusive se ha llegado a reconocer en los Manifiestos del Movimiento de Resistencia Global, que la lucha sistemática a través de un trabajo continuado y a largo plazo, con abandono de las dinámicas tradicionales de acción que lo han caracterizado hasta ahora.

Este movimiento contempla en su programa puntos muy interesantes, como poner fin al terrorismo del Estado, el retiro de las tropas de ocupación de Irak, la solución pacífica al conflicto Palestino-Israelí, reducción de los gastos militares, la prohibición de las armas de destrucción masiva, el cumplimiento por su parte de los Estados Unidos y sus aliados de la Carta de las Naciones Unidas.

También hay consenso en cuanto a la exigencia de la supremacía de los Derechos Humanos por encima de los Tratados Comerciales, el reclamo de los Derechos de las Comunidades a la tierra, el agua, los bosques y la cultura. A lo que se agrega la condonación de la deuda externa de los países más pobres, la puesta en vigor de la Tasa Tobin, la reforma del FMI, el Banco Mundial y la OMC y su accesibilidad a los países en vías de desarrollo. Incluyen además, el cumplimiento por todos los países del Protocolo de Kyoto sobre el calentamiento global y el control de los productos transgénicos, el derecho a la información así como la protección de las culturas de las naciones y pueblos contra la cultura extranjerizante, globalizada, y la lucha contra la feminización de la explotación. Entre otros, son lo temas que contempla en sus debates el movimiento antiglobalizante.

Comercio entre los grandes países emergentes

El fenómeno de la globalización es producto del proceso del desarrollo histórico del capitalismo y constituir una fase peculiar de éste, la lucha contra este fenómeno exige el movimiento antiglobalización una dinámica que combine la movilización de masas, los medios técnicos y las experiencias concretas con un proyecto de transformación general sistemática. Aunque es desconocido hasta donde llega la importancia de este movimiento en las luchas sociales, por una nueva globalización, hasta hoy muestra constancia y una gran solidaridad. A esto se suma que importantes movimientos de izquierda de muchos países del mundo van encontrando en el movimiento una organicidad y una estrategia de trabajo encaminada a la integración de fuerzas y la posibilidad de construir un camino alternativo a la globalización en neoliberal. Lo que constituye a pesar de sus limitaciones y debilidades, una perspectiva loable del movimiento antiglobalización, que va camino a convertirse en un nuevo actor mundial dentro de las relaciones internacionales con el que habrá que contar en un futuro no muy lejano.

12 enero 2012

Peligrosa escalada en un posible conflicto militar en Oriente Próximo



Otro exsubdirector del Mosad sugiere la implicación israelí en el atentado de Irán: "La guerra secreta entre Irán y otros países, como Israel, Estados Unidos y Arabia Saudí, está en marcha prácticamente desde la revolución de 1979", dice Ilan Mizrahi. El espionaje israelí calcula que a Irán no le interesa un conflicto abierto en torno a los movimientos petroleros.

Mostafa Ahmadi Roshan
Debajo, su coche tras el atentado
El Gobierno iraní acusó este miércoles a Israel y EE UU del "ataque terrorista" en el que murió uno de sus científicos nucleares. Al parecer, el pasajero de una moto adosó una bomba lapa contra el vehículo en el que viajaba Mostafa Ahmadi Roshan, quien según los medios locales trabajaba en la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz. Se trata del cuarto especialista vinculado al controvertido programa atómico de Irán asesinado en circunstancias similares. El incidente adquiere mayor gravedad a la luz de la creciente tensión entre Teherán y Washington, y da argumentos a quienes dentro del régimen islámico quieren responder a la provocación.

"Esta acción terrorista cometida por los agentes de la opresión y del régimen sionista intenta impedir que nuestros científicos sirvan a su país", declaró el vicepresidente Mohammad Reza Rahimí, en referencia a EE UU e Israel, cuyos nombres los portavoces oficiales evitan pronunciar. Rahimí también señaló que el atentado solo aumenta su determinación "para avanzar por el camino del progreso científico".

En la misma dirección, Ilan Mizrahi, exdirector del Consejo Nacional de Seguridad israelí y exsubdirector del Mosad, no se ha esforzado en negar la implicación de los servicios secretos de Israel en el asesinato del científico iraní Mustafá Ahmadi Roshan. Pero sí ha subrayado que en esa "guerra secreta" hay "bastantes participantes y nadie actúa por su cuenta". Mizrahi habló de "diversos países y de grupos de la oposición iraní", aunque sin citar de forma expresa a los Muyahidines del Pueblo, posibles ejecutores de la acción.

Ephraim Halevy
No es el primer exdirector de la agencia de espionaje israelí Mossad que ha denunciado hechos como éstos. Como comentábamos en una entrada de noviembre del pasado año (La amenaza de un ataque militar israelí contra Irán), Ephraim Halevy, advirtió del peligro que supondría ataque militar contra Irán. Según Halevy, los resultados de una confrontación podrían ser devastadores para Oriente Próximo: "The State of "El Estado de Israel no debe ser destruido. Un ataque a Irán podría afectar no sólo Israel, sino toda la región durante 100 años". Halevy agregó que, "aunque debe impedirse que Irán pueda convertirse en una potencia nuclear, está lejos todavía de representar una amenaza real para la existencia de Israel". "La creciente radicalización de los ultraortodoxos (haredíes) representan un riesgo mayor que Ahmadinejad," y añadió que "su radicalismo ha ensombrecido nuestras vidas". Estos comentarios los realizó después de que se informara de que el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el Ministro de defensa Ehud Barak habían intentado convencer al gabinete para atacar militarmente Irán por su programa nuclear.


Ilan Mizrahi, exsubdirector del Mossad
Ahora, quien le sustituyó como director del Consejo Nacional de Seguridad, Ilan Mizrahi, se ha reunido con un grupo de periodistas en un hotel de Jerusalén y definido la "guerra secreta" como "algo intermedio entre la guerra y la diplomacia, algo que puede desembocar en guerra abierta pero mantiene abiertas vías de contacto más o menos encubiertas". "La guerra secreta entre Irán y otros países, como Israel, Estados Unidos y Arabia Saudí, está en marcha prácticamente desde la revolución de 1979", explica, "aunque algunos de sus episodios permanezcan ocultos".

Además del reciente asesinato de Mostafa Ahmadi Roshan, no esclarecido, al menos otros cinco científicos y militares vinculados al programa nuclear iraní han muerto en los últimos meses. Israel ya destruyó un reactor nuclear en Irak en 1981, y unas supuestas instalaciones nucleares sirias en 2007. Pero Irán es un enemigo de mayor entidad. El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, suele lanzar tremendas amenazas contra Israel; por otra parte, Irán ha demostrado históricamente no ser un país propenso a iniciar guerras. Israel, por su parte, mantiene su posición como fuerza militar hegemónica en Oriente Próximo. Y sabe que en cualquier acción contra Irán dispondría del respaldo encubierto de la mayoría de los gobiernos árabes sunníes, muy recelosos ante las ambiciones nucleares de Irán, persa y chií. Distintas filtraciones revelaron que la monarquía saudí lleva tiempo reclamando la destrucción de los reactores iraníes.

La caída a principios de diciembre de un avión sin tripulación (drone) sobre el territorio de Irán causó preocupación en Washington porque podía suponer la confirmación de que Estados Unidos estaba implicado en algún tipo de actividad militar en ese país. Era el último episodio de una serie de misteriosos sucesos, casi todos orientados contra el programa nuclear, que hacen pensar en la existencia de una operación encubierta para abortar lo que se considera una creciente amenaza de que Irán construya una bomba atómica. El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, se negó a hacer cualquier comentario sobre este caso, aduciendo que la Administración no facilita información sobre el trabajo de los servicios secretos. Pero otras fuentes oficiales que han hablado con medios de comunicación norteamericanos de forma anónima han reconocido que el drone, operado por la CIA y aparentemente destinado a fotografiar lugares estratégicos, cayó en suelo iraní debido a un fallo técnico.
Avión no tripulado 'drone'
capturado por Irán
Varios sucesos llamativos se han producido en las últimas semanas. El mes pasado, una explosión en una instalación de la Guardia Revolucionaria iraní, la fuerza que tiene el control del programa nuclear, causó la muerte de 16 personas, entre ellas el general Hassan Moqaddam, a quien se considera uno de los principales impulsores de la nuclearización de Irán. La semana pasada, otra explosión ocurrió en una planta de conversión de uranio en Isfahán, aunque las autoridades no han informado sobre las consecuencias de ese suceso. La naturaleza de estas explosiones y, sobre todo, el hecho de que en una de ellas muriera el general Moqaddam, ha hecho pensar que se trata de actos de sabotaje y no de accidentes fortuitos. En julio pasado, fue asesinado a tiros en Teherán el físico nuclear Darioush Rezaie, y en diciembre del año pasado murió en un coche bomba el científico Majid Shahriari. El mismo día de este último atentado, otro experto en física nuclear, Fereydoon Abbasi, habría resultado herido en un ataque de idénticas características.

Pese a que Irán acusó directamente de estos atentados y los del año pasado al servicio secreto israelí, Mosad, y a EE UU, las autoridades iraníes han sido por lo general prudentes a la hora de señalar responsabilidades por otras acciones, probablemente porque eso le obligaría a ejecutar acciones de represalia. En todo caso, tanto Israel como EE UU cuentan con que esas represalias pueden producirse en cualquier momento. La denuncia por parte del Gobierno norteamericano, el pasado octubre, de una presunta conspiración, urdida y financiada por Irán para asesinar al embajador de Arabia Saudí en Washington, podría haber sido un aviso a Teherán de que EE UU está alerta ante posibles amenazas de ese tipo.


Sin embargo, según el diario israelí Haaretz, las sospechas iraníes de una provocación de Israel reforzaron la percepción de que el asesinato ha sido parte de una campaña organizada y clandestina para hacer retroceder las ambiciones nucleares de Irán, que Estados Unidos y sus aliados sospechan que están encaminadas a producir armas, mientras que Irán sigue afirmando que su programa es exclusivamente para fines pacíficos. También en una columna del periódico iraní Kayhan firmada por su redactor jefe Hossein Shariatmadari se pregunta por qué Irán no tomará represalias. "Los asesinatos de funcionarios y militares israelíes son fácilmente posibles". El ataque —en el que murieron instantáneamente el científico y su conductor el miércoles— fue como mínimo el cuarto dirigido contra un miembro de confianza de la inteligencia nuclear de Irán en dos años.

El ministro israelí de Interior, Eli Yishay,
 del partido ultraortodoxo Shas
Los detalles de la implicación israelí y estadounidense en estos sucesos han ido conociéndose gracias a quienes, en el Ejército y en el Gobierno, piensan que un ataque contra Irán resultaría cuando menos temerario. Al margen de consideraciones políticas o estratégicas, los militares indican que un bombardeo podría tener resultados insatisfactorios, dado que las instalaciones nucleares iraníes son subterráneas y están muy protegidas. Según Haaretz, tanto el jefe del Ejército, general Benny Gantz, como los jefes de los tres servicios de inteligencia figuran entre quienes rechazan el bombardeo preventivo y unilateral, y reclaman el apoyo de los aliados estadounidenses y británicos. El ministro del Interior, Eli Yishai, del partido religioso ultraortodoxo Shas, también se opone al ataque. En una reunión de su partido, Yishai comentó que la posibilidad del bombardeo le mantenía "despierto por las noches" debido a la gravedad de las posibles represalias por parte de Irán, de sus aliados sirios, de la milicia chií libanesa Hezbolá y del grupo armado palestino Hamas desde Gaza. Otro de los ocho ministros que conforman el núcleo gubernamental que adopta las decisiones importantes, el centrista Dan Meridor, considera que Irán representa "un riesgo para todo el mundo" y que corresponde a Estados Unidos, no a Israel, asumir el liderazgo en cualquier acción política o militar.

El juego que se desarrolla en Oriente Próximo es complejo. Como elemento fundamental aparece la disputa por la supremacía regional, con Irán en un lado (junto a Siria, al menos de momento, el Irak chií y la milicia libanesa Hizbolá) y el eje Israel-Arabia Saudí-monarquías petroleras, respaldado por Estados Unidos, en otro. "A veces se olvida a Turquía, que aspira a la hegemonía porque tiene recursos para ello y que, en mi opinión, sigue un rumbo que conduce a la confrontación con Irán", indica Ilan Mizrahi.

Dos nuevos portaaviones estadounidenses llegan al mar Arábigo
La clave del juego en estos momentos es la aspiración iraní de poseer armas nucleares, con el fin de equilibrar unas fuerzas por el momento muy favorables a sus rivales. Las cada vez más severas sanciones impuestas a Irán para que renuncie a su programa nuclear han ampliado el juego al ámbito del petróleo: Teherán afirma que si siguen estrangulándose sus exportaciones de crudo, cerrará el estrecho de Ormuz y cortará el paso al petróleo de los saudíes y del resto de monarquías del Golfo, lo que dispararía los precios y ejercería un impacto inmediato sobre Occidente.

Mapa del Golfo Pérsico
A la derecha, el Estrecho de Ormuz

Ahora mismo, toda la atención se centra en Ormuz. En los últimos días han llegado a Israel unos 8.000 pilotos y técnicos aéreos del Ejército estadounidense para participar en lo que, en principio, deberían ser las mayores maniobras militares conjuntas realizadas entre Israel y Estados Unidos. Un número indeterminado de pilotos israelíes se ha desplazado a su vez a bases estadounidenses en Alemania. Pero Desafío Austero, como se ha llamado a la operación, "ha dejado ya de consistir en unas maniobras militares para convertirse en un despliegue", según el general Frank Gorenk. El despliegue podría servir tanto para mantener abierto Ormuz como para lanzar un ataque directo contra Irán.

Arabia Saudí no participa en Desafío Austero, pero ha recibido aviones de combate estadounidenses F-15 por valor de casi 30.000 millones de euros. Otros países próximos a Washington, como Emiratos Árabes Unidos, serán dotados también de aviones adicionales y de bombas de gran potencia, capaces de dañar las instalaciones nucleares subterráneas iraníes si se eligiera esa opción.

El Ejército de Estados Unidos afirmó ayer miércoles que un nuevo portaaviones había llegado al mar Arábigo y que otro está camino de la región, pero ha negado que estos movimientos tengan relación con las crecientes tensiones con Irán y ha tildado estas acciones de rutinarias. Estos desplazamientos se producen en un momento en que las tensiones están disparándose entre ambos países y poco después de que Irán haya amenazado con cerrar el estrecho de Ormuz en caso de que las sanciones de Washington y la Unión Europea afecten negativamente a sus exportaciones de petróleo.

El Ejército estadounidense ya ha afirmado que no permitirá el bloqueo del estrecho. Pese a todo, el Pentágono ha desmentido que exista una relación directa entre estos cruces de declaraciones y la ubicación de nuevos portaaviones en el mar Arábigo. "No quiero que nadie se lleve la impresión de que estamos enviando allí dos buques porque estamos preocupados por lo que ha pasado hoy en Irán. No es el caso", ha dicho el portavoz del Pentágono, John Kirby. Kirby ha hecho referencia así al atentado con bomba que este miércoles ha acabado con la vida de un científico nuclear en Teherán, del que la República Islámica ha acusado a Israel.

El portaviones 'USS Carl Vinson'

Fuentes del Ejército estadounidense han dicho que el USS Carl Vinson llegó el lunes al mar Arábigo para reemplazar el USS John C. Stennis, al que Irán advirtió de que no volviera al golfo Pérsico tras salir de él en diciembre. El Stennis debía regresar al puerto estadounidense de San Diego, pero el Pentágono no ha especificado la fecha en la que esto ocurrirá. Otro grupo de barcos, liderados por el portaaviones USS Abraham Lincoln, finalizó su visita a Tailandia el martes y está ahora en el océano Índico de camino a la región. Así, se incorporará al Vinson en el área de operaciones del Comando Central (CENTCOM).

"No es inusual tener dos portaaviones en el teatro del CENTCOM al mismo tiempo", ha señalado una fuente militar. Otra fuente ha recalcado que esta situación se ha dado al menos dos veces en los últimos 18 meses. "Operamos de manera rutinaria con nuestros barcos —todos nuestros barcos, todos nuestros tipos de barcos— dentro del golfo Pérsico, y esto va a continuar siendo así", ha apostillado Kirby.

El presidente de Israel, Benjamin Netanyahu
El espionaje israelí calcula que a Irán no le interesa un conflicto abierto en torno a los movimientos petroleros, porque podría desembocar en ataques contra su territorio y la correlación de fuerzas le perjudica. A los iraníes les conviene más jugar a las escaramuzas, dificultar el paso de los petroleros saudíes sin impedirlo completamente y elevar la tensión de forma controlada: las primas de las compañías de seguros sobre los fletes de petróleo y el temor en los mercados bastarían para elevar rápidamente el precio del crudo.

En el juego participa también China, la nueva gran potencia. China ha comunicado a las autoridades de Teherán que reducirá sus compras de petróleo iraní, lo que en Israel se interpreta como un doble guiño: a Estados Unidos, que intenta convencer a Pekín de que se una a las sanciones, y a Irán, para que se mueva con cautela y no emprenda acciones de consecuencias irreversibles.

Ahmadineyad: Irán no ha hecho nada que justifique la enemistad de Occidente

En su actual viaje a La Habana, el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, ha considerado que su país no ha hecho nada que justifique la enemistad de Occidente, durante una conferencia que ha ofrecido en la Universidad de La Habana, en el marco de su gira por la región. "¿Hemos agredido a alguien?, ¿Hemos querido más de lo que nos corresponde? Nunca, jamás. Solamente hemos pedido justicia", ha dicho Ahmadineyad durante su discurso, tras el cual no ha permitido preguntas.

Mahmud Ahmadineyad, Presidente de Irán

En este sentido, ha considerado que Irán está siendo castigado por los países occidentales, aunque no ha aludido al atentado con bomba que este miércoles ha acabado con la vida del científico nuclear en Teherán Mustafá Ahmadi Roshan, uno de los responsables de la planta nuclear de Natanz, la mayor del país, del que la República Islámica ha acusado a Israel. El presidente se limitó a celebrar que el sistema occidental se encuentre "en un callejón sin salida". "Gracias a Dios estamos presenciando la decadencia del capitalismo en términos económicos, políticos y culturales".

El presidente de Irán tampoco se ha referido en Cuba a las acusaciones de la comunidad internacional sobre el programa nuclear de su país. En su lugar se ha centrado en reclamar un nuevo orden mundial basado en la justicia que respete a todos los seres humanos, en el que cooperen Cuba y Venezuela. "Tenemos que estar despiertos, alertas. Si nosotros no planeamos el nuevo orden futuro del mundo serán los herederos de los dueños de esclavos y los capitalistas los que van a controlar e imponernos el nuevo sistema".