12 enero 2012

Peligrosa escalada en un posible conflicto militar en Oriente Próximo



Otro exsubdirector del Mosad sugiere la implicación israelí en el atentado de Irán: "La guerra secreta entre Irán y otros países, como Israel, Estados Unidos y Arabia Saudí, está en marcha prácticamente desde la revolución de 1979", dice Ilan Mizrahi. El espionaje israelí calcula que a Irán no le interesa un conflicto abierto en torno a los movimientos petroleros.

Mostafa Ahmadi Roshan
Debajo, su coche tras el atentado
El Gobierno iraní acusó este miércoles a Israel y EE UU del "ataque terrorista" en el que murió uno de sus científicos nucleares. Al parecer, el pasajero de una moto adosó una bomba lapa contra el vehículo en el que viajaba Mostafa Ahmadi Roshan, quien según los medios locales trabajaba en la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz. Se trata del cuarto especialista vinculado al controvertido programa atómico de Irán asesinado en circunstancias similares. El incidente adquiere mayor gravedad a la luz de la creciente tensión entre Teherán y Washington, y da argumentos a quienes dentro del régimen islámico quieren responder a la provocación.

"Esta acción terrorista cometida por los agentes de la opresión y del régimen sionista intenta impedir que nuestros científicos sirvan a su país", declaró el vicepresidente Mohammad Reza Rahimí, en referencia a EE UU e Israel, cuyos nombres los portavoces oficiales evitan pronunciar. Rahimí también señaló que el atentado solo aumenta su determinación "para avanzar por el camino del progreso científico".

En la misma dirección, Ilan Mizrahi, exdirector del Consejo Nacional de Seguridad israelí y exsubdirector del Mosad, no se ha esforzado en negar la implicación de los servicios secretos de Israel en el asesinato del científico iraní Mustafá Ahmadi Roshan. Pero sí ha subrayado que en esa "guerra secreta" hay "bastantes participantes y nadie actúa por su cuenta". Mizrahi habló de "diversos países y de grupos de la oposición iraní", aunque sin citar de forma expresa a los Muyahidines del Pueblo, posibles ejecutores de la acción.

Ephraim Halevy
No es el primer exdirector de la agencia de espionaje israelí Mossad que ha denunciado hechos como éstos. Como comentábamos en una entrada de noviembre del pasado año (La amenaza de un ataque militar israelí contra Irán), Ephraim Halevy, advirtió del peligro que supondría ataque militar contra Irán. Según Halevy, los resultados de una confrontación podrían ser devastadores para Oriente Próximo: "The State of "El Estado de Israel no debe ser destruido. Un ataque a Irán podría afectar no sólo Israel, sino toda la región durante 100 años". Halevy agregó que, "aunque debe impedirse que Irán pueda convertirse en una potencia nuclear, está lejos todavía de representar una amenaza real para la existencia de Israel". "La creciente radicalización de los ultraortodoxos (haredíes) representan un riesgo mayor que Ahmadinejad," y añadió que "su radicalismo ha ensombrecido nuestras vidas". Estos comentarios los realizó después de que se informara de que el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el Ministro de defensa Ehud Barak habían intentado convencer al gabinete para atacar militarmente Irán por su programa nuclear.


Ilan Mizrahi, exsubdirector del Mossad
Ahora, quien le sustituyó como director del Consejo Nacional de Seguridad, Ilan Mizrahi, se ha reunido con un grupo de periodistas en un hotel de Jerusalén y definido la "guerra secreta" como "algo intermedio entre la guerra y la diplomacia, algo que puede desembocar en guerra abierta pero mantiene abiertas vías de contacto más o menos encubiertas". "La guerra secreta entre Irán y otros países, como Israel, Estados Unidos y Arabia Saudí, está en marcha prácticamente desde la revolución de 1979", explica, "aunque algunos de sus episodios permanezcan ocultos".

Además del reciente asesinato de Mostafa Ahmadi Roshan, no esclarecido, al menos otros cinco científicos y militares vinculados al programa nuclear iraní han muerto en los últimos meses. Israel ya destruyó un reactor nuclear en Irak en 1981, y unas supuestas instalaciones nucleares sirias en 2007. Pero Irán es un enemigo de mayor entidad. El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, suele lanzar tremendas amenazas contra Israel; por otra parte, Irán ha demostrado históricamente no ser un país propenso a iniciar guerras. Israel, por su parte, mantiene su posición como fuerza militar hegemónica en Oriente Próximo. Y sabe que en cualquier acción contra Irán dispondría del respaldo encubierto de la mayoría de los gobiernos árabes sunníes, muy recelosos ante las ambiciones nucleares de Irán, persa y chií. Distintas filtraciones revelaron que la monarquía saudí lleva tiempo reclamando la destrucción de los reactores iraníes.

La caída a principios de diciembre de un avión sin tripulación (drone) sobre el territorio de Irán causó preocupación en Washington porque podía suponer la confirmación de que Estados Unidos estaba implicado en algún tipo de actividad militar en ese país. Era el último episodio de una serie de misteriosos sucesos, casi todos orientados contra el programa nuclear, que hacen pensar en la existencia de una operación encubierta para abortar lo que se considera una creciente amenaza de que Irán construya una bomba atómica. El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, se negó a hacer cualquier comentario sobre este caso, aduciendo que la Administración no facilita información sobre el trabajo de los servicios secretos. Pero otras fuentes oficiales que han hablado con medios de comunicación norteamericanos de forma anónima han reconocido que el drone, operado por la CIA y aparentemente destinado a fotografiar lugares estratégicos, cayó en suelo iraní debido a un fallo técnico.
Avión no tripulado 'drone'
capturado por Irán
Varios sucesos llamativos se han producido en las últimas semanas. El mes pasado, una explosión en una instalación de la Guardia Revolucionaria iraní, la fuerza que tiene el control del programa nuclear, causó la muerte de 16 personas, entre ellas el general Hassan Moqaddam, a quien se considera uno de los principales impulsores de la nuclearización de Irán. La semana pasada, otra explosión ocurrió en una planta de conversión de uranio en Isfahán, aunque las autoridades no han informado sobre las consecuencias de ese suceso. La naturaleza de estas explosiones y, sobre todo, el hecho de que en una de ellas muriera el general Moqaddam, ha hecho pensar que se trata de actos de sabotaje y no de accidentes fortuitos. En julio pasado, fue asesinado a tiros en Teherán el físico nuclear Darioush Rezaie, y en diciembre del año pasado murió en un coche bomba el científico Majid Shahriari. El mismo día de este último atentado, otro experto en física nuclear, Fereydoon Abbasi, habría resultado herido en un ataque de idénticas características.

Pese a que Irán acusó directamente de estos atentados y los del año pasado al servicio secreto israelí, Mosad, y a EE UU, las autoridades iraníes han sido por lo general prudentes a la hora de señalar responsabilidades por otras acciones, probablemente porque eso le obligaría a ejecutar acciones de represalia. En todo caso, tanto Israel como EE UU cuentan con que esas represalias pueden producirse en cualquier momento. La denuncia por parte del Gobierno norteamericano, el pasado octubre, de una presunta conspiración, urdida y financiada por Irán para asesinar al embajador de Arabia Saudí en Washington, podría haber sido un aviso a Teherán de que EE UU está alerta ante posibles amenazas de ese tipo.


Sin embargo, según el diario israelí Haaretz, las sospechas iraníes de una provocación de Israel reforzaron la percepción de que el asesinato ha sido parte de una campaña organizada y clandestina para hacer retroceder las ambiciones nucleares de Irán, que Estados Unidos y sus aliados sospechan que están encaminadas a producir armas, mientras que Irán sigue afirmando que su programa es exclusivamente para fines pacíficos. También en una columna del periódico iraní Kayhan firmada por su redactor jefe Hossein Shariatmadari se pregunta por qué Irán no tomará represalias. "Los asesinatos de funcionarios y militares israelíes son fácilmente posibles". El ataque —en el que murieron instantáneamente el científico y su conductor el miércoles— fue como mínimo el cuarto dirigido contra un miembro de confianza de la inteligencia nuclear de Irán en dos años.

El ministro israelí de Interior, Eli Yishay,
 del partido ultraortodoxo Shas
Los detalles de la implicación israelí y estadounidense en estos sucesos han ido conociéndose gracias a quienes, en el Ejército y en el Gobierno, piensan que un ataque contra Irán resultaría cuando menos temerario. Al margen de consideraciones políticas o estratégicas, los militares indican que un bombardeo podría tener resultados insatisfactorios, dado que las instalaciones nucleares iraníes son subterráneas y están muy protegidas. Según Haaretz, tanto el jefe del Ejército, general Benny Gantz, como los jefes de los tres servicios de inteligencia figuran entre quienes rechazan el bombardeo preventivo y unilateral, y reclaman el apoyo de los aliados estadounidenses y británicos. El ministro del Interior, Eli Yishai, del partido religioso ultraortodoxo Shas, también se opone al ataque. En una reunión de su partido, Yishai comentó que la posibilidad del bombardeo le mantenía "despierto por las noches" debido a la gravedad de las posibles represalias por parte de Irán, de sus aliados sirios, de la milicia chií libanesa Hezbolá y del grupo armado palestino Hamas desde Gaza. Otro de los ocho ministros que conforman el núcleo gubernamental que adopta las decisiones importantes, el centrista Dan Meridor, considera que Irán representa "un riesgo para todo el mundo" y que corresponde a Estados Unidos, no a Israel, asumir el liderazgo en cualquier acción política o militar.

El juego que se desarrolla en Oriente Próximo es complejo. Como elemento fundamental aparece la disputa por la supremacía regional, con Irán en un lado (junto a Siria, al menos de momento, el Irak chií y la milicia libanesa Hizbolá) y el eje Israel-Arabia Saudí-monarquías petroleras, respaldado por Estados Unidos, en otro. "A veces se olvida a Turquía, que aspira a la hegemonía porque tiene recursos para ello y que, en mi opinión, sigue un rumbo que conduce a la confrontación con Irán", indica Ilan Mizrahi.

Dos nuevos portaaviones estadounidenses llegan al mar Arábigo
La clave del juego en estos momentos es la aspiración iraní de poseer armas nucleares, con el fin de equilibrar unas fuerzas por el momento muy favorables a sus rivales. Las cada vez más severas sanciones impuestas a Irán para que renuncie a su programa nuclear han ampliado el juego al ámbito del petróleo: Teherán afirma que si siguen estrangulándose sus exportaciones de crudo, cerrará el estrecho de Ormuz y cortará el paso al petróleo de los saudíes y del resto de monarquías del Golfo, lo que dispararía los precios y ejercería un impacto inmediato sobre Occidente.

Mapa del Golfo Pérsico
A la derecha, el Estrecho de Ormuz

Ahora mismo, toda la atención se centra en Ormuz. En los últimos días han llegado a Israel unos 8.000 pilotos y técnicos aéreos del Ejército estadounidense para participar en lo que, en principio, deberían ser las mayores maniobras militares conjuntas realizadas entre Israel y Estados Unidos. Un número indeterminado de pilotos israelíes se ha desplazado a su vez a bases estadounidenses en Alemania. Pero Desafío Austero, como se ha llamado a la operación, "ha dejado ya de consistir en unas maniobras militares para convertirse en un despliegue", según el general Frank Gorenk. El despliegue podría servir tanto para mantener abierto Ormuz como para lanzar un ataque directo contra Irán.

Arabia Saudí no participa en Desafío Austero, pero ha recibido aviones de combate estadounidenses F-15 por valor de casi 30.000 millones de euros. Otros países próximos a Washington, como Emiratos Árabes Unidos, serán dotados también de aviones adicionales y de bombas de gran potencia, capaces de dañar las instalaciones nucleares subterráneas iraníes si se eligiera esa opción.

El Ejército de Estados Unidos afirmó ayer miércoles que un nuevo portaaviones había llegado al mar Arábigo y que otro está camino de la región, pero ha negado que estos movimientos tengan relación con las crecientes tensiones con Irán y ha tildado estas acciones de rutinarias. Estos desplazamientos se producen en un momento en que las tensiones están disparándose entre ambos países y poco después de que Irán haya amenazado con cerrar el estrecho de Ormuz en caso de que las sanciones de Washington y la Unión Europea afecten negativamente a sus exportaciones de petróleo.

El Ejército estadounidense ya ha afirmado que no permitirá el bloqueo del estrecho. Pese a todo, el Pentágono ha desmentido que exista una relación directa entre estos cruces de declaraciones y la ubicación de nuevos portaaviones en el mar Arábigo. "No quiero que nadie se lleve la impresión de que estamos enviando allí dos buques porque estamos preocupados por lo que ha pasado hoy en Irán. No es el caso", ha dicho el portavoz del Pentágono, John Kirby. Kirby ha hecho referencia así al atentado con bomba que este miércoles ha acabado con la vida de un científico nuclear en Teherán, del que la República Islámica ha acusado a Israel.

El portaviones 'USS Carl Vinson'

Fuentes del Ejército estadounidense han dicho que el USS Carl Vinson llegó el lunes al mar Arábigo para reemplazar el USS John C. Stennis, al que Irán advirtió de que no volviera al golfo Pérsico tras salir de él en diciembre. El Stennis debía regresar al puerto estadounidense de San Diego, pero el Pentágono no ha especificado la fecha en la que esto ocurrirá. Otro grupo de barcos, liderados por el portaaviones USS Abraham Lincoln, finalizó su visita a Tailandia el martes y está ahora en el océano Índico de camino a la región. Así, se incorporará al Vinson en el área de operaciones del Comando Central (CENTCOM).

"No es inusual tener dos portaaviones en el teatro del CENTCOM al mismo tiempo", ha señalado una fuente militar. Otra fuente ha recalcado que esta situación se ha dado al menos dos veces en los últimos 18 meses. "Operamos de manera rutinaria con nuestros barcos —todos nuestros barcos, todos nuestros tipos de barcos— dentro del golfo Pérsico, y esto va a continuar siendo así", ha apostillado Kirby.

El presidente de Israel, Benjamin Netanyahu
El espionaje israelí calcula que a Irán no le interesa un conflicto abierto en torno a los movimientos petroleros, porque podría desembocar en ataques contra su territorio y la correlación de fuerzas le perjudica. A los iraníes les conviene más jugar a las escaramuzas, dificultar el paso de los petroleros saudíes sin impedirlo completamente y elevar la tensión de forma controlada: las primas de las compañías de seguros sobre los fletes de petróleo y el temor en los mercados bastarían para elevar rápidamente el precio del crudo.

En el juego participa también China, la nueva gran potencia. China ha comunicado a las autoridades de Teherán que reducirá sus compras de petróleo iraní, lo que en Israel se interpreta como un doble guiño: a Estados Unidos, que intenta convencer a Pekín de que se una a las sanciones, y a Irán, para que se mueva con cautela y no emprenda acciones de consecuencias irreversibles.

Ahmadineyad: Irán no ha hecho nada que justifique la enemistad de Occidente

En su actual viaje a La Habana, el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, ha considerado que su país no ha hecho nada que justifique la enemistad de Occidente, durante una conferencia que ha ofrecido en la Universidad de La Habana, en el marco de su gira por la región. "¿Hemos agredido a alguien?, ¿Hemos querido más de lo que nos corresponde? Nunca, jamás. Solamente hemos pedido justicia", ha dicho Ahmadineyad durante su discurso, tras el cual no ha permitido preguntas.

Mahmud Ahmadineyad, Presidente de Irán

En este sentido, ha considerado que Irán está siendo castigado por los países occidentales, aunque no ha aludido al atentado con bomba que este miércoles ha acabado con la vida del científico nuclear en Teherán Mustafá Ahmadi Roshan, uno de los responsables de la planta nuclear de Natanz, la mayor del país, del que la República Islámica ha acusado a Israel. El presidente se limitó a celebrar que el sistema occidental se encuentre "en un callejón sin salida". "Gracias a Dios estamos presenciando la decadencia del capitalismo en términos económicos, políticos y culturales".

El presidente de Irán tampoco se ha referido en Cuba a las acusaciones de la comunidad internacional sobre el programa nuclear de su país. En su lugar se ha centrado en reclamar un nuevo orden mundial basado en la justicia que respete a todos los seres humanos, en el que cooperen Cuba y Venezuela. "Tenemos que estar despiertos, alertas. Si nosotros no planeamos el nuevo orden futuro del mundo serán los herederos de los dueños de esclavos y los capitalistas los que van a controlar e imponernos el nuevo sistema".


03 enero 2012

Scott Fitzgerald o cómo vivir de la literatura en tiempos de crisis

    

Los ensayos autobiográficos de Francis Scott Fitzgerald, titulados Mi ciudad perdida y en los que refleja sus esfuerzos por vivir de la literatura en los años posteriores a la mayor crisis del siglo XX, el crac del 29, han sido traducidos por primera vez al español.

Esta traducción de sus ensayos, publicada por el sello malagueño Zut, cumple además “un deseo que Scott Fitzgerald nunca pudo realizar en vida”, el de verlos reunidos en un volumen, ha asegurado Yolanda Morató, profesora de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla, y autora de otras traducciones premiadas de Wyndham Lewis.

“En cartas a su editor Max Perkins, Fitzgerald intentó convencerlo, sin éxito, para que publicase este conjunto de ensayos; y siguiendo este deseo la edición ha respetado el orden de los artículos escogidos por el autor, la mayoría inéditos en español, tal como lo indicó el propio Fitzgerald en una carta en 1936”, ha explicado la traductora. Estos textos se publicaron originariamente en New Yorker, Saturday Evening Post, Cosmopolitan, Esquire y Bookman, y sus editores en español han querido incluir un anexo con la procedencia de cada uno de estos dieciocho ensayos, así como la cantidad que el autor cobró por cada uno de ellos.

Morató ha considerado que estos datos son importantes porque “los ensayos más extensos tratan sobre la escritura de relatos de ficción y no ficción como único medio de subsistencia económica en el periodo que transcurre entre dos de sus grandes novelas, A este lado del paraíso y El gran Gatsby, entre 1920 y 1925, cuando quería abrirse camino en los círculos literarios”. Estos escritos reflejan igualmente la relación de “amor-odio” de Fitzgerald con el dinero, y en ellos “el mundo de los ricos es como un zoológico que el escritor visita de vez en cuando; un lugar por el que siente tanta atracción como repugnancia”, según Morató, quien ha destacado también la semejanza de aquella crisis con la actual.

Mi ciudad perdida, según su traductora, “cuenta en detalle el proceso de decadencia de la ciudad de Nueva York, que ha vivido (en los años 20 del pasado siglo) por encima de sus posibilidades, y cómo afecta a todos aquellos que han vivido entre las fiestas y el derroche”. Fitzgerald era muy consciente de que “en la vida moderna la gran mayoría ya no depende de los valores que heredaron de los mayores sino del precio de los valores en el sistema bancario”, ha ironizado Morató.

Estos artículos tienen además la cualidad de “ir tramando una red de hilos que tejen una suerte de autobiografía del escritor”, por lo que su traductora ha considerado que son “mucho más que una recopilación de ensayos circunstanciales”. Son, ha dicho, “una especie de festín de “una de las inteligencias más despiertas y sensatas de una época que tuvo mucho de insensata, como la nuestra.”

Morató ha añadido que este conjunto de ensayos supera esa idea de Fitzgerald como el cronista de la “Era del Jazz” porque “muestran una dimensión mucho más personal del autor”, así como “su desconfianza en el sistema familiar estadounidense, sus problemas con el dinero y el impacto de las prohibiciones en la juventud” de su generación. También constatan “la conciencia de pertenecer a una nueva generación de escritores” y transmiten “la sensación de fracaso del escritor al haber asistido a un espectáculo cuyo final dejó muy pronto de estar al alcance de su mano.”

La generación de Fitzgerald “se caracteriza por ser un puente entre unas décadas que supusieron un enorme cambio para el siglo XX” ya que “del Romanticismo del siglo XIX que habían heredado de sus padres pasaron a verse inmersos en una guerra que habían heredado de Europa, y más tarde a un caos económico con el que dejarían su particular herencia”.

Publicación relacionada: Ahedonio, el aburrido

26 diciembre 2011

Siria, el zarpazo de un tigre herido

Artículo de Simon Sebag Montefiori, historiador británico, en El País, 25 de diciembre de 2011

Las revoluciones, esas misteriosas convulsiones de luchas callejeras e intrigas a base de secretos susurrados, las fluctuaciones de las insondables mareas del poder, se desarrollan por fases, y los levantamientos de los dos países árabes más importantes, Egipto y Siria, se encuentran ahora al borde de un nuevo momento trascendental. En las revoluciones, la primera fase es la del aumento de las protestas populares; la segunda fase es la represión despótica para aplastarlas, y la tercera es la de la supervivencia y el impulso creciente de la revuelta, hasta desembocar en la caída del tirano si pierde el apoyo de su Ejército o su corte.
La primera etapa es la más apasionante para la prensa occidental y la más emocionante para los jóvenes participantes, un material digno de Los Miserables y otras obras parecidas, pero suele ser la menos importante. Las revoluciones no terminan casi nunca como parecen empezar, y las consecuencias siempre son totalmente distintas de las intenciones de los revolucionarios. Tardan años, a veces decenios, en aparecer, no meses; y lo que importa es quién controla a quién al final. La esperanza es que sea el pueblo el que de verdad acabe por controlar el Estado.

(...)

El propio El Asad ha puesto el dedo en la llaga: aunque se presenta como un caballero árabe dispuesto a morir en la refriega, quizá entiende también que estas dictaduras dinásticas de Oriente Próximo son esencialmente monárquicas. Es difícil ver de qué forma podría retroceder; su poder, férreo y manchado de sangre, solo puede morir con el rey. Churchill tenía razón al decir que “los dictadores cabalgan sobre tigres de los que no se atreven a bajar”.
El tigre sirio está tocado, pero no hay nada más peligroso que un tigre herido.



24 diciembre 2011

Casa L: Antonio Gala y la muerte

Del blog Casa L: Antonio Gala y la muerte:

Acabo de oír la entrevista que Montserrat Domínguez le ha hecho a Antonio Gala en la SER.

Me ha impresionado y me ha emocionado oir a un ser humano hablar con tanta naturalidad de la muerte. Me ha parecido una actitud tan humana, tan poco afectada, tan poco desvirtuada por las religiones y por las imaginaciones ultramundanas, que, junto a la pena, ha hecho que surja en mí un foco de paz, de sosiego...

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10 diciembre 2011

La Unión Europea avanza

La cumbre europea ha comenzado al fin un gran proyecto de unión económica que complete la unión monetaria


Ha muerto una Europa y otra ha empezado a nacer. La cumbre de Bruselas ha alumbrado por fin un gran proyecto (aunque aún incompleto) de unión económica que complete la unión monetaria iniciada con la creación del euro en 1999. Era una asignatura pendiente clave. Iba en ella la supervivencia de la moneda única, seguramente del mercado interior y quizá de la propia Unión. Para garantizarla, la cumbre ha tenido que prescindir de lastre, de quienes se negaban a dar el paso. Al final, sólo Reino Unido, por intereses nacionalistas o fundamentalistas; es decir, por miedo al ala más conservadora del partido en el gobierno, ha quedado fuera. Otros, tras un primer rechazo, como Hungría, han aceptado. acepta someter el acuerdo a su Parlamento. Suecia, la República Checa y el resto de países de la UE que no están en el euro harán lo mismo.
Contrariamente a lo que pueda parecer, no surge una UE más fracturada, porque las fracturas ya estaban, pero siempre se aplazaba su sutura. No nace una Unión con menos miembros, porque los 27 seguirán siendo los 27. Pero habrá dentro de ellos una eurozona ampliada más articulada, una Unión premium, con voluntad expresa de emprender no sólo su “integración presupuestaria”, sino también de trazar una “política económica común”. Palabras mayores. Se inaugura así la doble velocidad formal (aunque de hecho la libertad de circulación de Schengen y el propio euro ya venían a constituir dobles círculos) que permitirá cancelar el chantaje del veto de un solo socio, y por tanto la parálisis del conjunto, posibilitadas por la persistencia del voto por unanimidad. Como por ejemplo, ante la necesidad de avanzar hacia una unión económica que comportará una más honda regulación financiera y bancaria común, una convergencia impositiva (al menos en Sociedades y con la Tasa Tobin) y la desaparición de estatutos privilegiados de algunos.
Jacques Delors, presidente de la
Comisión Europea entre 1985 y 1995.
Hay que celebrar esa doble velocidad, porque la velocidad única que teníamos no era velocidad, era ir siempre al ritmo lento del socio más perezoso o egoísta. Era, cada vez más, la parálisis. Ahora habrá un “grupo de vanguardia” (como evocaba Jacques Delors), nutridísimo, quizá de 25 socios. Un “núcleo duro”, como por vez primera propusieron, en septiembre de 1994, los demócrata-cristianos alemanes Karl Lammers y Wolfgang Schauble en un sonado documento que consagró la idea de la doble velocidad. Esperaban entonces que eso no implicara “el abandono de la esperanza de que Gran Bretaña asumirá su papel en el corazón de Europa ya sí en su núcleo”, vana esperanza.
Esas formulaciones abrieron paso en el Tratado a las “cooperaciones reforzadas” y a las “cooperaciones estructuradas”, como la prevista para la eurozona en el artículo 136. Y eso no debe resultar necesariamente en una “Europa a la carta”, más desordenada, con capas impermeables de miembros siempre condenados a no promocionar de categoría. Para evitarlo conviene recordar que esas cooperaciones exigen, según el vigente tratado, que se respete y no se fragmente el acervo jurídico comunitario; que no se diluya el peso de las instituciones comunes; que se trate de asociaciones más estrechas pero siempre abiertas a la incorporación de los restantes socios.
En azul, los países
 componentes de la EFTA
La vía abierta ayer, por mayoría cualificadísima, al nuevo Tratado, certifica la segunda muerte de la EFTA, que parecía haberse infiltrado en, e infectado a, la Unión. La EFTA era la Asociación de Libre Comercio que promovió en 1959 Reino Unido para competir contra la Comunidad Económica Europea creada por el Tratado de Roma en 1957. La alternativa de una zona de mero librecambio sin articulaciones económicas superiores murió por inanición, al ingresar algunos de sus socios más relevantes (Austria, Finlandia, Suecia) en la UE en la ampliación “nórdica” de 1995. Quedó en un Espacio Económico Europeo que ha ido sirviendo como sala de espera y aprendizaje para los candidatos aún no preparados para el ingreso. Pero si la EFTA-institución quedó arrumbada, no así su filosofía, que Londres desarrollaba apoyando con gran ímpetu cualquier ampliación, porque así era más fácil diluir la articulación o cohesión interna del club, y ejerciendo todo tipo de —siempre sofisticado— filibusterismo institucional.
En realidad, todas las ampliaciones (al Oeste, al Sur, al Norte y al Este) fueron precedidas o inmediatamente seguidas de una profundización, a través de una reforma del Tratado, para que no chirriasen las costuras de una asociación inicialmente pensada para seis socios, hoy casi quintuplicada. El problema es que, como ha demostrado la poca vivacidad de los avances europeos desde la vigencia del último gran texto, el de Lisboa, éste estaba incompleto (sobre todo en lo económico, con cambios menores desde Maastricht) y era poco funcional para permitir decisiones ágiles de 27 Estados miembros.
Con la de ahora, las grandes mutaciones en la unificación económica se han producido cada veinte años. En 1970, con el Informe Werner que abrió paso a una coordinación monetaria que culminó en el Sistema Monetario Europeo (la segunda serpiente) de1979; en 1991, con el Tratado de Maastricht que diseñó la moneda única, creada en 1999. En 2011, cuando lo que se prometía como una unión fiscal limitada a vigilar la disciplina presupuestaria, ha puesto las bases de un compromiso más amplio de integración económica.

El presidente de la Comisión Europea,
José Manuel Barroso, con el
primer ministro británico David Cameron
Con el paradigma anterior, consistente en mantener a todos en el mismo barco a cualquier precio, ganaba el chantaje. Con Margaret Thatcher y John Major, pero también con Toni Blair y Gordon Brown, aunque en menor medida porque era algo más proeuropeos, en caso de conflicto el problema lo tenía Europa. Ahora el problema lo tiene Reino Unido. Si hay niebla en el canal de la Mancha, son las islas las que marginadas, contra el famoso titular de The Times, “Europa está aislada”, de la época imperial. Y si perdemos un poco de Gran Bretaña, ganamos a cambio un mucho de Polonia, la revelación europeísta de la temporada.
Con la experiencia de más de medio siglo, la nueva planta de la Unión debe plantearse la eliminación casi completa del requisito de unanimidad. No ya por furor europeísta, sino por pragmatismo. Desde que se liberalizaron los movimientos de capitales en los años ochenta y se generó la globalización, mercados y agentes financieros toman sus decisiones casi al nanosegundo. Mientras que Gobiernos e instituciones se arrastran durante meses para conseguir redactar un reglamento que, una vez impreso, requiere al instante ser modificado. Las decisiones por mayoría cualificada deben ser la norma, también por ser más rápidas. Es la única manera de adaptarse a la velocidad de los mercados e intentar encauzarlos. La vía para superar dualidad de velocidades que debe preocuparnos: la del dinero y la de la democracia.
El resultado de la cumbre es más Europa y un avance del federalismo y la cesión de soberanía al centro. Con todas sus consecuencias: se fija una regla fiscal en todas las constituciones para no superar el 0,5% estructural. En España eso ya está prácticamente hecho. Además, se avanza por el camino de las sanciones automáticas en el caso de los incumplidores, y cada país tendrá que informar de las emisiones de deuda (aunque no queda claro si habrá limitaciones para emitir).

ESPAÑA


José Luis Rodríguez Zapatero y Herman Van Rompuy, anteayer en Bruselas
Rodríguez Zapatero reconoció que el estímulo más urgente que necesita la economía española es que se rebajen los altos costes que paga por financiar su deuda y que vuelva a fluir el crédito a familias y empresas. Para lograrlo, sería fundamental el respaldo del Banco Central Europeo (BCE) y, aunque no ha querido apartarse de la ortodoxa declaración de fe en su independencia, ha pedido que tenga una “posición equilibrada”. Es decir, que como la Reserva Federal o el Banco de Inglaterra, no solo se ocupe de vigilar la inflación, sino que actúe como prestamista de último recurso. “No tengo ninguna duda de que [el BCE] sabe que tiene que contribuir a la estabilidad de la zona euro, aunque se guíe por sus propias evaluaciones y análisis.”

Rajoy y Sarkozy se reúnen antes
de la reunión de líderes del PPE
Zapatero ha jugado en Bruselas el doble papel de presidente saliente y comisionado del entrante, con el que se ha mantenido en permanente contacto. Le llamó el jueves por la noche nada más aterrizar y volvió a hacerlo el viernes. Las noticias no eran buenas: no había podido cumplir el encargo de Rajoy de garantizar para España el derecho de veto en el futuro fondo de rescate permanente, como tienen Alemania, Francia o Italia. Para ello habría sido necesario que la minoría de bloqueo se redujera del 15% al 10% de los votos, ya que la participación española es del 11,9%. Pero Zapatero ha tropezado con el argumento de que, si se ha abolido la unanimidad, es para evitar la parálisis del fondo y de que el 85% de mayoría es el mismo porcentaje vigente en el Fondo Monetario Internacional (FMI). “Se lo he explicado [a Rajoy] y lo ha entendido perfectamente.”

03 diciembre 2011

Antonio Machado, el admirable desconfiado

«La inseguridad, la incertidumbre, la desconfianza, son acaso nuestras únicas verdades... La inseguridad es nuestra madre; nuestra musa es la desconfianza. Si damos en poetas es porque, convencidos de esto, pensamos que hay algo que va con nosotros digno de cantarse. O si os place, mejor, porque sabemos qué males queremos espantar con nuestros cantos.» (Juan de Mairena, XLIV). Habla Machado, por boca de Juan de Mairena. (¿Hasta qué punto es Mairena intérprete de lo que piensa Machado? ¿No es posible que, después de creado el personaje, éste se haya independizado, insubordinado, y haya dicho o escrito cosas con las que Machado no estaba del todo de acuerdo? Mairena es más bien un aspecto, una faceta de Machado: el Machado audaz, escéptico, irónico, más andaluz y más alegre que el «otro» Machado.) Cuando Mairena se torna serio, melancólico, no podemos ya dudar de que coincide, totalmente, con Machado: de que escribe (o habla) desde el centro mismo de Machado.
A veces resulta muy difícil convencerse de que Mairena dice las verdades —todas las verdades— de Machado. El tono semidisparatado, semisentencioso del maestro apócrifo nos hace creer que no estamos en presencia del Machado serio. («El ademán garboso nos ha perdido. Yo os aconsejo que habléis siempre con las manos en los bolsillos,» dice Mairena.) (J. M. XXIX.) Machado respetaba mucho la filosofía, muy poco a los filósofos. «Los grandes filósofos son los bufones de la divinidad» (J. M. II) ¿es elogio o burla? Quizá porque respetaba la filosofía, y aborrecía de la «pose» y del dogmatismo, protegía cada incursión suya por los campos filosóficos tras una doble máscara: la de su alter ego, Martín o Mairena, y además les obligaba, sobre todo al último, a contradecirse, a desdecirse, a contar anécdotas y bromas, a pedirnos que no les hiciéramos caso: «No toméis demasiado en serio —¡cuántas veces os lo he de repetir!— nada de lo que os diga. Desconfiad sobre todo del tono dogmático de mis palabras. Porque el tono dogmático suele ocultar la debilidad de nuestras convicciones.» (J. M. XLVIII.) En su libro sobre Machado nos cuenta Serrano Plaja: «quiero recordar aquí que otro día en que fui a verle con Emilio Prados, hablando de temas literarios, fue la conversación hasta dar en la palabra «filosofía». A este respecto, Machado declaró “que de esas cosas no podía escribir en serio”.» (Pág. 29.) Creía, en efecto, que sin un minimum de precaución y de ironía todo filosofar se convertía en una actividad superflua. Se acercaba a sus temas en forma parcial, fragmentaria, dando grandes rodeos, interrumpiéndose para volver a empezar. Pero seguía acercándose.
  Porque los temas filosóficos que le interesaban la radical soledad del hombre, el impulso hacia la comunión, o, como dice Abel Martín, «la incurable «otredad» que padece lo “uno”» (J. M. II), la nada, la muerte, la dignidad del hombre y el impulso ético, eran continuación en buena parte de su visión poética del mundo. Con menos consuelo afectivo, con menos salvación estética que en algunos poemas: la inteligencia escueta frente a lo inevitable («por que el hombre ama la verdad hasta tal punto, que acepta anticipadamente la más amarga de todas,» J. M. I) pero sin renunciar al diálogo, a la comunión con los demás: «El que no habla a un hombre, no habla al hombre; el que no habla al hombre, no habla a nadie.» (J. M. XLIX.) A diferencia de Unamuno, empeñado en hablar con Dios o consigo mismo, o de Juan Ramón Jiménez, que dialogaba a veces con los árboles (en sus Romances de Coral Gables), o sentía diluir su dolor por los espacios cósmicos, Machado siempre se entregó, o quiso entregarse, solamente a los hombres:

Poned atención:
un corazón solitario
no es un corazón.
(Nuevas canciones, LXVI.)
  Y también:

No es el yo fundamental
eso que busca el poeta,
sino el tú esencial.
  (Nuevas canciones, XXXVI.)

A Machado le sobraban razones para creer en el diálogo. No en vano se había enamorado dos veces; no en vano había sido dos veces correspondido. Y le sobraban también razones para creer en la inestabilidad del diálogo, en su carácter precario. Por ello se nos aparece como un «entusiasta precavido», como un optimista escéptico, que avanza con pies de plomo y tropieza a pesar de ello:
 
Hora de mi corazón:
la hora de una esperanza
y una desesperación.
  (Nuevas canciones, LII)  

Machado no se contentaba con dudar; dudaba, además, sobre la conveniencia de seguir dudando. No se fiaba ni de la duda. Esta desconfianza —que no impedía, por otra —166— parte, al llegar el momento oportuno y necesario, los arranques más nobles, más viriles, de uno de los hombres más auténticos y generosos de su tiempo, de un hombre íntegro y valiente tras su máscara de timidez— era en él cosa ya vieja. Le venía de la infancia. Pone en boca de Juan de Mairena una anécdota de infancia que —por figurar también en Los complementarios referida al propio Machado— tiene todo el sabor de la experiencia auténtica, vivida, en apariencia insignificante pero que deja en el niño una huella imborrable. El niño va por la calle con su madre, que le ha comprado un pedazo de caña de azúcar. Ve pasar a otro niño, con otra caña de azúcar en la mano. Le parece que la suya, la que él lleva en su mano, es la mayor, y así se lo dice a su madre. Pero ésta —personificación de la objetividad— le corrige: la del otro niño es, en verdad, más larga. ¿Dónde tenía los ojos, que no lo vio? Y esto es lo que Juan de Mairena se sigue preguntando. Es la primera lección de filosofía; se encuentra en cualquier manual: la diferencia —necesaria pero difícil— entre apariencia y realidad. La necesidad de desconfiar de las apariencias. Y se trata en este caso de una realidad penosa, molesta, antipática: el otro niño lleva una caña de azúcar más grande que la suya. Machado no olvidará jamás esta lección.
Quizá la angustia que siente el poeta, de la que nos habla constantemente, está hecha de pequeñas decepciones como la que acabamos de citar. Quizá estas decepciones no son sino el punto de partida, para intuir la verdad que Camus habría de definir, en nuestro tiempo, con muy pocas palabras: «los hombres se mueren, y no son felices». El caso es que la soledad y la angustia revolotean como insectos, como presencias sombrías y viscosas, alrededor del niño, del poeta, del filósofo.
 
Muda en el techo, quieta ¿dormida?
la gruesa gota de angustia está,
y en la mañana verdiflorida
de un sueño niño, volando va...
  (J. M., XXXI.)

Según Mairena, «el mundo del poeta es casi siempre materia de inquietud». Y Abel Martín dictamina: «A todo despertar se adelanta una mosquita negra cuyo zumbido no todos son capaces de oír distintamente, pero que todos de algún modo perciben.» ¿Todos? Quizá. Pero para algunos —para el Don Nadie, por ejemplo; para el hombre im personal, inauténtico, de que nos habla Heidegger— las voces llegan envueltas en una baraúnda tal, en un rumor tan confuso de agitaciones, de slogans, de anuncios, de proyectos falsos, que de veras es como si no llegaran a parte alguna. Después de cierto tiempo, las drogas adormecedoras que todos o casi todos se toman —nos tomamos— para acallar la inquietud interna surten efecto; no hay necesidad de aumentar la dosis, salvo en casos excepcionales; el individuo queda destruido por dentro, deja de oír el zumbido de la angustia, deja de oír casi todo lo que no sean las voces inauténticas de lo que «se dice».

Ese desconfiado prodigioso que fue Machado desconfió, por lo pronto —e instintivamente, como hombre bien nacido que era, como aristócrata del espíritu— de las voces hueras de Don Nadie. Pero desconfió también —y esto es lo que queremos subrayar ahora— de las voces de la soledad y la angustia. Mejor dicho; no las rechazó, las aceptó, pero sin dejar de luchar contra ellas. O, quizá, mejor al lado de ellas, pero para trascenderlas. Para encontrar otra cosa: un diálogo, una comunión, un tú esencial. Su existencialismo está más cerca, en el fondo, de Berdiaev, Marcel o sobre todo Buber que de Heidegger. O quizá es como si Heidegger aspirara a negarse, a trascenderse, sin conseguirlo del todo. Recayendo, con frecuencia, en la misma serena amargura. Sin aspavientos, sin gestos trágicos a lo Unamuno. Y sin dejar de forcejear, de dialogar, ni un momento con el ángel de la soledad y de la angustia.
 
«El sentimiento —dice en Los Complementarios, 1917— no es una creación del sujeto individual, una elaboración cordial del yo con materiales del mundo externo. Hay siempre en él una colaboración del tú, es decir, de otros sujetos. No se puede llegar a esta simple fórmula: mi corazón, enfrente del paisaje, produce el sentimiento, y, una vez producido, por medio del lenguaje lo comunico a mi prójimo. Mi corazón, enfrente del paisaje, apenas sería capaz de sentir el terror cósmico, porque aun este sentimiento elemental necesita, para producirse, la congoja de otros corazones enteleridos en medio de la naturaleza no comprendida. Mi sentimiento ante el mundo exterior, que aquí llamo paisaje, no surge sin una atmósfera cordial. Mi sentimiento no es, en suma, exclusivamente mío, sino más bien nuestro. Sin salir de mí mismo, noto que en mi sentir vibran otros sentires y que mi corazón canta siempre en coro, aunque su voz sea para mí la mejor timbrada. Que lo sea también para los demás, éste es el problema de la expresión lírica.» En esta larga cita se encuentra admirablemente expresada la actitud de Machado frente a la poesía, frente a la inspiración, frente a las raíces de esta inspiración: el tú, el nosotros, el diálogo, la comunidad, incluso cuando está hablándonos de su soledad, de su abandono, de su angustia.

Mas busca era tu espejo al otro,
al otro que va contigo

y también:

Todo narcisismo
es un vicio feo,
y ya viejo vicio.
  (Proverbios y cantares, IV, III.)
 
Sí: soledad, angustia, preocupación, zumban constantemente; y constantemente también, sin espantarlas jamás definitivamente, sigue el poeta su camino, buscando al otro. Esto es fundamental. Y explica, además, el renovado interés de los poetas de hoy por Machado y su obra. Más que nunca los poetas de las últimas generaciones han abandonado —como señala Castellet— la ruta de Juan Ramón Jiménez, incluso la de Unamuno —que sí influyó inmediatamente después de la guerra civil— para seguir a Machado, todos ellos fieles partidarios y escuderos del poeta que «buen caballero era», como dijera Alberti de Garcilaso. «Del yo —señala Emilio Alarcos Llorach— van cayendo en el nosotros. Como «social», tal poesía que no canta un yo sino pretende cantar un nosotros, que no busca resonancia en otro yo sino en otro nosotros, ha de tocar los temas que nos interesan en cuanto humanidad y no que me interesan en cuanto persona única.» «Una vez más es el hombre lo que interesa —escribe Blas de Otero en 1959—, pero no ya el hombre considerado como individuo aislado, sino como miembro de una colectividad inserta en una situación histórica determinada.» Machado es precursor de la poesía de hoy por partida doble. Por haberse interesado —apasionado será más exacto— por los temas «comprometidos»— ya desde el principio, en sus conocidos poemas «regeneracionistas» tan típicos del 98; y después, naturalmente, y con mayor vehemencia, durante la guerra civil. Y por haberse acercado al «tú» esencial —y haberlo hecho existencialmente— en forma que más allá de la desconfianza, de la soledad, de la incertidumbre, se estableciera un contacto —no por implícito menos profundo— entre el poeta y el pueblo. Pueblo no entendido como «grupo», como «masa». No hay nada menos «masa» que el pueblo tal como lo concibió Machado. «Por muchas vueltas que le doy —decía Mairena— «no hallo manera de sumar individuos» (J. M. I.) Y ello en respuesta al que afirmaba que la sociedad era una mera suma de individuos. El pueblo, para Machado, no era masa, sino comunidad depositaria de una sabiduría muy antigua. De él podía y debía aprender el poeta.
 
No sería justo afirmar que la raíz de la poesía de Machado se encuentra en la desconfianza del poeta ante la vida, la felicidad, el progreso, etc. Es cierto que Machado se nos aparece, en sus poemas primeros, como un hombre que no tuvo infancia, que se sintió solo, melancólico, profundamente serio y triste, casi desde el primer momento. Pero también es cierto que Machado tenía fe en el hombre, en el futuro del hombre. Por lo menos a ratos. Que creía en el diálogo, en la posibilidad de amar y ser amado. (También a ratos.) Y que en su franciscanismo laico no estuvo lejos de creer, en algún momento, si bien con «fe dudosa», con fe escéptica, resignada, senequista, en alguna deidad más o menos vagamente panteísta. Lo que queremos decir con nuestra insistencia en el tema de la desconfianza es simplemente que Machado seguía buscando, no se resignaba. Ni a una «solución» o falta de solución en el terreno de la religión o de la metafísica, ni a una sola postura, una sola tendencia, en el terreno de la poesía. Exploración de la soledad —por las largas galerías del alma— y de la angustia; exploración del paisaje que se hace eco de la soledad o permite distraernos de ella por un instante; exploración de los temas históricos, nacionales, colectivos; exploración del amor y de la identificación con una comunidad, son aspectos de una misma inquietud, de un mismo afán de no ceder a la desesperación.
 
Es tentador aceptar, aunque solo sea en forma preliminar, a beneficio de inventario, la tesis de Segundo Serrano Poncela relativa a la evolución de Machado y de sus «dobles»: «Abel Martín, profesor de Juan de Mairena, y éste profesor de Antonio Machado, se corresponden con la órbita cíclica del pensamiento machadiano del siguiente modo: Martín o el pensamiento metafísico, Mairena o el pensamiento crítico, y Machado el poeta. Cronológicamente, resultaría a su vez lo siguiente: Machado poeta crea como justificante teórico a Abel Martín metafísico, y éste, a su vez, segrega a Juan de Mairena, retórico y moralista. Conforme transcurren los años, el poeta se oscurece y reduce el agua del hontanar lírico, el filósofo se trasplanta al moralista y éste concluye, tras de haberse incorporado la sustancia de los dos anteriores, por ocupar todo el territorio real-ideal del primitivo Machado, al extremo de que durante los últimos tiempos de su vida el poeta sólo escribe, opina y hasta publica con el seudónimo que le presta su homónimo espiritual Juan de Mairena.» (Antonio Machado. Su mundo y su obra. Pág. 209). Juan de Mairena vendría a ser una «ficción de segundo grado», un personaje de «nivola» que acaba por influir poderosamente en su creador. Y la evolución se explicaría —en parte, y sólo en parte— por un afán de trascender la angustia que la poesía revelaba, sublimaba, pero no acababa de destruir del todo. En lugar de soledad y belleza nos encontramos con la ironía, el humor y el escepticismo de Juan de Mairena —que son también, en alto grado, formas de dominar la angustia, de canalizarla hacia terrenos menos peligrosos, de dudar de ella, ya transformada en objeto de especulación intelectual, con lo cual cae bajo el filo del escepticismo, de los sofismas, de todas las aceradas armas de disquisición con que cuenta Juan de Mairena. Y la lucha continúa. La idea de la «otredad», la «esencial heterogeneidad del ser», es, quizá, el gran puente que nos permite pasar de la poesía a la metafísica, de la soledad sentida, vivida, frente a las galerías internas o frente a un paisaje que también, con frecuencia, es fuente de tristeza:
 
Por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos,
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo.
  (Campos de Castilla, XXV.)

A la luminosidad, la frescura airosa de las anécdotas mairenianas. ¿Pueden llegar a entenderse el corazón y la cabeza? La angustia y la muerte rondan al poeta desde el principio. Machado se defiende, pero no tratando de olvidarlas, pues eso sería como tratar de salirse de su autenticidad, de su vida, de su tiempo, convertirse en Don Nadie, en un Don Guido cualquiera, en «ese hombre del casino provinciano», «fruta vana / de aquella España que pasó y no ha sido», en un hombre falso y vacío por haberse vuelto de espaldas al tiempo y a la angustia, por haber negado la presencia de la temporalidad y de la muerte: «Ese hombre no es de ayer ni es de mañana, / sino de nunca...) («Del pasado efímero», Campos de Castilla.)
 
Pero Machado sabe que los españoles (los auténticos, no los hombres del casino provinciano, los Don Guido, los Don Nadie) se parecen un poco a Heidegger, sin darse cuenta de ello, naturalmente; y sabe también que con el sentimiento de la muerte, con la presencia de la angustia, no hay más remedio que contar si se quiere llegar a ser hombre de veras. Pero que cada uno tiene derecho a hacerlo a su manera, con tal que sea auténtica y sincera. Las sombras que lo rodean exigen el diálogo. Pero el hombre tiene derecho a buscarse aliados. Así surgen los dos fantasmas amigos, los dos cordiales compañeros en su viaje por el tiempo, las dos sombras transparentes, serias o risueñas, sesudas o disparatadas: el filósofo Abel Martín y el moralista Juan de Mairena. Lo acompañan por las largas galerías en sombra, atraviesan con él los destartalados salones «de sal-si-puedes». ¿Que sus opiniones suenan a veces en forma algo disparatada? Mejor: así habrá diálogo entre Machado y los dos amigos imaginarios que él ha engendrado. Y el diálogo es para Machado fuente de esperanza, consuelo inagotable:
 
Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—
  («Retrato», C. de C.)

De ahí la paradoja: Machado, el gran solitario, el hombre «desconfiado», el enemigo de las tertulias, resulta a la postre uno de los españoles de su tiempo que más y mejor lograron la comunicación humana. Que menos solo estuvo. Que conoció el amor, la amistad, el auténtico diálogo. Que desde el fondo de su soledad supo suscitar un movimiento de simpatía, de admiración y de amor que ha seguido dilatándose hacia adelante: los jóvenes poetas españoles, los poetas de hoy —y de mañana— le han vuelto la espalda a Juan Ramón Jiménez, desconfían algo de Unamuno, pero sienten por Machado una admiración y un amor sin límites. Seamos sinceros: si pudiéramos convocar una «junta de sombras», si pudiéramos hallarnos en presencia de los hombres del 98, iríamos a contemplar, a admirar, el rostro exaltado de Juan Ramón; escucharíamos un buen rato a Unamuno; pero para dialogar —para tener una conversación profunda, auténtica, cordial— nos acercaríamos todos a Machado.